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Domingo, 23 julio 2017

La Acción Catolica Española en 1967

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Hace 50 años que la Acción Católica Española vivió una crisis tras el Concilio y cuando el régimen político español se debilitaba. Surgieron tensiones en la Iglesia, porque el laicado  reclamaba en ella una mayor autonomía y otro estilo de gobierno. Desde la libertad religiosa y en relación con el orden temporal, los seglares se sentían incómodos con los obispos y con el régimen; y a ello se sumaron las tensiones entre Iglesia y Estado en torno a la transición política. En  los dirigentes de la A. C. Española influía la A. C. francesa. La Santa Sede no quería la ruptura del Episcopado con el gobierno - independencia si pero sin rupturas ni violencias - y. Pablo VI insistía  en que los seglares trabajaran unidos con los pastores, a quienes corresponde  dirigir la Iglesia, Y así aconsejó al episcopado español  1) Salvar la Acción Católica en línea con el Concilio 2) Permanecer unidos en la Conferencia Episcopal. 3) Informar a la Santa Sede, pues  llegan otras informaciones. 4)  E informen al cardenal Cardijn, fundador de la JOC. 5) Mantengan relación con el Consilium de Laicis. 6) Y envíen al Consejo Mundial  de Apostolado  Seglar a representes muy seguros y de buen criterio.

 

La “crisis” de la A, C. Española. Tuvo lugar desde el 1966 al 1968, tiempo de aplicación del Concilio, coincidiendo con la última década del Régimen político, que luego será modélico pasando a una democracia monárquica, donde en la Iglesia la obediencia a la jerarquía era imprescindible, y todo se debía armonizar desde una mayor autonomía del laicado derivada del Concilio, que pedía a la jerarquía ser tenida en cuenta en el gobierno pastoral. Pero tras las Jornadas Nacionales de la ACE de Junio del 1966, las Conclusiones en las que participaron dirigentes, consiliarios diocesanos y nacionales, no fueron aprobadas  por la Comisión Episcopal de Apostolado Social, se prohibió aplicarlas y se decidió: 1) Desautorizar las conclusiones de la Asamblea Nacional del 1966. 2) Prohibir las reuniones de los distintos movimiento.3) Sustituir a cinco consiliarios nacionales de más relieve. Pero esto desconcertó a los sacerdotes y seglares y aumentó la tensión ante las VIII Jornadas de ACE del 1967, Hubo rebeldía de los movimientos especializados reclamando su autonomía, en una línea progresista y próxima al pensamiento marxista, donde la AC especializada daba prioridad frente a la AC general y los seglares tenían demasiada autonomía de decisión.

 

Había dos ideas encontradas  sobre el laicado en la Iglesia – Tras la crisis, los movimientos obreros no aceptaban los Estatutos de AC General ni a la Junta Nacional, en tensión con la CEAS (Conferencia Episcopal de Apostolado Social) y la HOAC y la JOC iban por libres. Hubo concesiones pero la crisis siguió El cardenal Tarancón sintetizó la crisis y dijo que  el papel del laicado en la Iglesia era el de la AC era uno de los más difíciles de enjuiciar y resolver. Había una línea abierta  llena de posibilidades según unos, el papa tenía confianza en ciertos obispos, y por otro lado D. Casimiro Morcillo, presidente de la CEAS, frenaba totalmente. Y aquello fue una lástima; pero también es verdad que en los movimientos había una desviación filo marxista en algunos dirigentes; pero se trataba de un número reducido de católicos y esto motivó que se preguntara a la Congregación para la Doctrina de la Fe, sobre el dialogo con los marxistas en un país católico. En la Ecclesiam suam se admitía el diálogo. Y en España el Comité Ejecutivo del PCE llegó a admitir que eran marxistas y filomarxistas que salieron del armario cuando el Régimen se acabó, tenían como objetivo aniquilar a la Iglesia, como ha demostrado la historia del siglo  XX. Algunos se cobijaron en la Iglesia utilizándola como ariete para penetrar en la sociedad, invocando los derechos humanos, que el Régimen violaba y la Iglesia proclamaba; luego se volvieron en contra y ganaron a cuantos pudieron; pero a algunos obispos  no se dejaron engañar.

 

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