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Sábado, 30 septiembre 2017

Pasar del bienestar al malestar social

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Es el drama de nuestra sociedad. Con el progreso, aumentan los males y bienes, prescindiendo de la verdadera filosofía- como búsqueda de sabiduría – y se ha dado más libertad a las perversiones y a los vicios.

 

El bienestar ha sido posible por el trabajo y la experiencia, con la  ciencia y la tecnología. Y aunque han aparecido otras  profesiones, y se ha alargado la vida, el ocio y el consumismo crecen más. Está confirmándose como verdadera la afirmación: que la “ociosidad es madre de todos los vicios.”La ambición y las pasiones humanas aspiran a triunfar en todas las direcciones, atropellando la verdad, el bien, la justicia y el sentido común; pero “temer a Dios, es principio de la sabiduría.” Las comunicaciones nos han despertado tanto los deseos, que vivimos en insatisfacción permanente, Y en este clima la virtud parece no tener lugar. No se valora el patrimonio cultural de occidente, nutrido de la racionalidad y de la Teología cristina: fe, esperanza, caridad: robustecidas con la prudencia, justicia, fortaleza, templanza/ moderación y la humildad. Irresponsablemente se han desatado las ambiciones y exigencias de todos los deseos tomados por derechos. El libertinaje con el egoísmo individualista y social, promueve un cierto oleaje de de malestar, dificultando vivir en paz y familiarmente. Y así España con la más alta cota de bienestar en su historia, acomplejada, debilita su unidad con discordias, olvida  su grandeza y ejemplaridad en el mundo.

 

La humanidad ha pasado por múltiples experiencias y grandes dificultades, que hoy además se acumulan aceleradamente. El s.XX ha sido el más trágico y sangriento, a  consecuencia del olvido y del rechazo de Dios. La Ilustración exaltó y hasta endiosó la Razón, ignorando, hasta prescindir y negar la realidad fundamento. Pero la  razón no puede sola controlar el desarrollo científico, ni la globalización expansivas y someter las comunicaciones La ONU ha perdido  eficiencia a la hora de  encauzar a los gobiernos  e implantar los Derechos Humanos, cuando .pervertida y exaltada la razón, la política,  como búsqueda del bien común, está  asediada por los  populismos y por los demagogos que pescan en aguas revueltas, pero no defienden al hombre, gritando lo contrario. La ética personal  y la sociopolítica, necesitan un eje de Verdad y Bien – Dios que nos trasciende y nos habita – que no puede ser suplantado por la tecnología, la organización ni los poderes económicos y mediáticos. La democratización tan invocada hoy necesita una objetividad de valores, captados por la razón, que toma“carnalidad y humanización” por la compasión y la misericordia. Esta es la oferta del Dios Encarnado, Cristo, quien con su abajamiento (inmenso mal) comunica el mayor bien que es la salvación, según teólogos. El hombre no puede engrandecerse por si mismo. No valen sus inventos ni sus organizaciones nos salvan. Valen para que el mundo camine y descubra el plan de Dios, como seguro camino del amor  que nos lleva a Él haciendo el bien.

 

Cuando la razón asume el hecho de la Encarnación, la compasión y misericordia de Dios, acepta lo humano y lo sana, gracias a la ejemplaridad, modelo, ley y promesa  que es Cristo, y así nace la posibilidad de valorar el ser hombre de otra manera, no solo como productor, consumidor y votante, sino como vocación y  capacidad de dignificar lo humano, como agente de la sociedad nueva. No será deslumbrante, pero conseguimos comunicar la verdad, la justicia y amor, con prudencia, valor, fortaleza y control de si mismo, creciendo la solidaridad, la humanización y los valores, se puede descubrir la razón  que circula iluminando la dignidad de la persona humana, frente a las sin razones de la engañosa vaciedad de las pasiones mundanas En esta sociedad, donde más que los  bienes suenan los males, éstos pueden ser reconocidos, como parte de cruz con la que completamos la pasión de Cristo y hasta podemos  ser verdaderos corredentores. Es un gran misterio. “La salvación de unos depende de otros”.

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