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Sábado, 4 noviembre 2017

Comprometidos con la verdad de Cristo

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Así deben vivir los sacerdotes formados en Seminarios, para obrar en  nombre de Cristo, ayudar a los seglares, para ser sus testigos personal, familiar, profesional y socialmente. En los sacerdotes es condición previa, revivir la gracia de Dios en ellos   desde su ordenación con fortaleza, amor y templanza. Anuncian la salvación con esperanza alegre, desde su experiencia de comunión de Dios revelado en Cristo.Hay que superar  rutinas, revitalizar ese cristianismo degradado, cultivando la fe. El sacerdote es instrumento de la maternidad de la Iglesia, no protagoniza el odio ni salida del mundo. Pero puede caer desánimos ante la autonomía actual, el utilitarismo y la secularización que rechazan  todo lo sagrado. Tras la cultura de los ss. XIX y XX con la optimista divinización del ateismo, del progreso indefinido por la tecnología. y la expansión de las  libertades; se necesita que el Mensaje sacerdotal afirme la dignidad de de la persona  humana y la alegría de la esperanza. Es bueno y sigue siendo una verdad consoladora: “El que cree en Mi hará las obras  que Yo hago, y  aún mayores  que estas”(Jn,14,12) Jesús se reservó para sí en su vida  temporal la soledad de la Cruz; pero por medio de sacerdotes se realiza la expansión de  la fe a la luz de la resurrección

 

Los consagrados deben  renovar gustosamente su comunión con Cristo y no cansarse de la verdad, núcleo de su oficio, que está y se manifiesta en Cristo: en “La Eucaristía y el perdón de los pecados, más el servicio de su Palabra” No deben añorar otras  eficacias. Si crece en el mundo la secularización, que crezca más la consagración de los sacerdotes, indispensable para la eficacia de la acción temporal de la Iglesia. No vale desdeñar aquella segregación necesaria  para estar presentes en el mundo  como “testigos dispensadores de una vida  distinta de la terrena”(PO,3)  Como los primeros discípulos, deben permanecer en la “ Escuela de Jesús” purificándose  de sus defectos, de cálculos eficaces y temporales. El Señor encauza las vidas sacerdotales hasta con imperfecciones, para sembrar esperanza de salvación en todos los hombres. Y esto exige renovar y vivir  una conversión y comunión permanentes  con Dios

Pero  la realidad del mundo es dura. Al olvido, indiferencia e ignorancia de Dios con menosprecio de lo sagrado, se suman las corrientes novedosas de: la posverdad, el  relativismo, el progreso indefinido e ilimitado, siguiendo la exaltación de ambiciones mundanas y de los deseos humanos, con la fuerza de apariencias y de la propaganda, que comunican y venden lo inexistente. Etiquetando todo de  democrático, desacreditan a la Ética, la Justicia, el amor y los compromisos humanos definitivos. Las sociedades y las empresas  se hacen ingobernables e impotentes ante la violencia y la corrupción. Y al fin con tanta globalización  y las intercomunicaciones, al fin resulta que el hombre  no sabe quién es, ni para está en el mundo. La posverdad (mentira) usa relatos emocionales y sin verificación, formando espejismos y vías inexistentes que empujan a caminar, buscando una felicidad y abundancia imposibles, usando una orquestación mediática seductora A esta sociedad angustiada e infeliz, el sacerdote debe advertir proclamar a Cristo, y afirmarle claramente, la verdad de Dios, del hombre y del mundo.

 

Libertad, ley y conciencia, apuntan a la verdad y al bien. La fe y la razón son convergentes en el bien pasando por la conciencia La. nota específica de la Moral cristiana, es aprender a vivir  conforme a nuestra dignidad y vocación en Cristo y desde su Ley descubrir el pecado como esclavitud, y liberare. Según  la encíclica “Veritatis Splendor  1) Cristo es  la  respuesta  y guía de la pregunta moral. 2) No os conforméis con la mentalidad  de este mundo 3) Y no desvirtuemos en nosotros  la Cruz de Cristo, cuya Ley se concreta en  Mandamientos y  las virtudes teologales, unidos por el amor. La verdad no tiene más que un camino. Dios Verdad  es  origen de todas las verdades.

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