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Domingo, 5 noviembre 2017

Representar a Cristo con fidelidad

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Y sin concesiones mundanas. Es la misión del sacerdocio y de los ministros de la Iglesia, que es oportuno recordar a los seminaristas menores y mayores, al iniciar un  nuevo curso académico. Jesucristo es revelador del amor de Dios y el animador que inspira nuestra vida e instaura la comunicación filial, haciendo que la vida temporal  sea una  peregrinación hacia el Padre, confiada y obediente. Pues siendo nuestro hermano resucitando triunfó sobre la muerte y nos llevará a su  plenitud. Desde hace veinte siglos las generaciones pueden tener esperanza de victoria sobre el pecado y la muerte, por esa  luz que muchos hombres buscan y no encuentran, y que nosotros sus testigos gozosos debemos proclamar. A la luz de esta realidad, la más importante de la vida cristiana, damos un paso más. Todos somos llamados a una vida sacerdotal, posible como pueblo cristiano, gracias a la realidad de Cristo Cabeza del cuerpo de la Iglesia que somos nosotros, abarcando las dimensiones y las necesidades del hombre y de su vocación trascendente Lo que es propio del Señor por su naturaleza divina, se extiende a la vida  del hombre, mediante un servicio  ministerial. La Sagrada Escritura enseña que Cristo es  Sumo Sacerdote, Maestro,  Rey  y Pastor de la Iglesia, y lo hace por sus ministros. 


Y lo primero de todo concienciarse de  la dimensión  sacerdotal de Jesucristo: su vivir, morir y resucitar ofrecidos al Padre, y eficaz para todas las generaciones. Lo más grande que existe en la Iglesia y un inmenso don de Dios. Por ello nuestra condición de hermanos, adquiere cierta paternidad. El sacerdote se ofrece como un vacío, nada dócil para que la llene ÉL. Y sabemos que en virtud de la consagración, somos servidores y ejecutores del protagonismo de Jesús, Salvador y Sumo Sacerdote, que anunciadores  suyos, no podemos suplantar su protagonismo ni avergonzarnos de que en la Iglesia, cuyo núcleo esencial la Eucaristía y la nada del ministro, el cauce para  todos.


El segundo servicio escuchar al Maestro, hacer presente la Palabra de Dios y responder a las preguntas que se hacen los hombres sobre el Señor: De sus labios  y del magisterio de Pedro: la respuesta:“Tú eres Dios, el Hijo de Dios con nosotros.” Cristo propone en la acción sacerdotal nuestra, reproducida, un Reino que trasciende todas las limitaciones humanas. La fidelidad a la Palabra anunciadora de un Reino trascendente, por el  sacerdote portavoz de la Iglesia, está garantizada  en ella por el Espíritu   Santo.


Y el tercer cometido es hacer presente a Jesús, como Sacerdote, Rey, Pastor y principio  de unidad..Una de las grandes tentaciones apostólicas, es romper o despreciar la unidad, dando por válidas enseñanzas distintas,  por  libertades y concesiones, cuando es  necesaria la unidad  en la verdad, siendo Dios la Verdad y el Amor viviente y Cristo  la medida del amor de Dios. El ministro al presentar a Cristo, puede experimentar orgullo, autosuficiencia y halagos; pero el consagrado debe vivir como hermano y testigo de una vida superior. Enseñar la verdad es la primera forma de amar y “al que me confiese  delante de  los hombres, Yo le confesaré  delante del Padre y al que no, lo negaré delate de mi Padre.  (Mt.10,32-33) 


 Los presbíteros y ministros de la Iglesia, deben trasmitir y aspirar a la unidad en Cristo.“La verdad os hará libres.”(Jn 8,32) Verdad que es la Encarnación y  Redención de Cristo. Es necesario conocerla y trasmitirla, dado que en el mundo acechan errores y contradicciones. Y al reconstruirla, según el Vaticano II, sabed que. La Iglesia camina entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios” En la ordenación de los  presbíteros, se  exhorta a “conformar  su vida con el misterio de  la Cruz. Puede haber dificultades, faltar el vino como en las bodas de Caná. La solución recurrid a María  “Haced lo que Él os diga,” como enseñaba S Antonio Mª Claret, Hoy que es su fiesta..


 (Uclés, homilía-resumen)  de D. José. Guerra  Campos, el 24-X- 1992)

 

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