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Martes, 12 diciembre 2017

TESOROS EN VASOS DE BARRO (Vicente Langreo)

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Queridos hermanos: todos los sacerdotes tenemos grandes motivos para vivir en alegría y con gratitud, porque Dios nos ha elegido y declarado amigos suyos, nos ha confiado no solo su  palabra sino su persona, hablando y actuando por nosotros, hasta el fin de los tiempos, a pesar de nuestros fallos y vacilaciones. Esta experiencia de las cosas que el Señor hace, las tenéis vivas vosotros en el transcurso de los años.En vuestras manos hay realidades, pruebas y la desproporción entre la grandeza de la misericordia divina y la fragilidad. Todos los que participamos en este acto y yo mismo, nos asociamos a vosotros, para agradecer al  Señor, dando gracias a Dios que nos hecho instrumentos de palabra, para que llegue y se robustezca la fe, levantada de la estrechez del egoísmo y ha puesto como meta de su vida, la resurrección, Gracias Señor porque con nuestras palabras  y manos, te has hecho presente en las comunidades  confiadas a nosotros  como servidores, con tu esperanza divina y silencio salvador. Pero a veces llegan momentos de cansancio y desilusión, como a los apóstoles camino de Emaús.

 

Pero estoy seguro y así lo pido al Señor, que esta situación no se habrá dado en vosotros, porque desde el comienzo se nos dijo con claridad, cual es la misión de Cristo y de Iglesia. No se nos ha ocultado nunca el misterio de la Cruz. Y podéis evocar con agradecimiento y ternura, los años de  formación como discípulos  de  Jesús, que no os ha engañado, aunque no carecéis de dificultades y quizás disgustos, Podemos recordar los momentos de fervor juvenil después de veinticinco años de servicio; pero los  éxitos, trabajos, alegrías sufrimientos, son ofrendas al Señor, gracias para la  madurez oportuna y disposición para ser dóciles al Espíritu Santo y ser más acogedores y comprensivos, y menos esclavos de métodos y programas; pero lo que más  debe inquietarnos es pedir el auxilio del Señor, para aceptarnos y no conformarnos con la  mediocridad.

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Los discípulos de Emaús vencieron las dudas y la nostalgia, y nuevamente con adhesión vibrante y esperanzada, cuando el desconocido de nuevo se les reveló ellos cambiaron. Jesús nos acompaña, es referencia de nuestro vivir,  pero nosotros sufrimos desgastes, dificultades, cansancios e incomprensiones de nosotros mismos; y esas son las ocasiones y los momentos, para  regenerar  nuestras fuerzas y disponibilidades. Así no nos avergonzamos de ser ministros de Cristo, ni tampoco de poner la Eucaristía en el centro de  nuestra vida  sacerdotal. No caemos en tentación de sustituir la Eucaristía, el Perdón de los pecadores y la fidelidad a Palabra, por otras corrientes y modas de más o menos gusto. Queremos ser fieles a Cristo. A pesar de las agitadas experiencias de estos años, Cristo sigue siendo actualidad. El sacerdote puede sentirse desplazado y angustiado y atormentado en su identidad ante la indiferencia. Pero Cristo sigue siendo válido y nosotros sus instrumentos dóciles y humildes. Muchos contemporáneos se dejaron ilusionar por las posibilidades del progreso humano hasta desbordar a Cristo. ¿Y qué hombre no tiene un punto sensible para conectar con Aquel que reprendamos?

 

  Gracias Señor porque nos has elegido como amigos e instrumentos para servir  hasta en circunstancias adversas. Gracias porque el campo y el tiempo son propicios para Ti en tu vida histórica y el esfuerzo de sembrar. Gracias porque Tú eres quien siembra por nosotros y eres Tú el que a nosotros recoges, después de oírnos que “somos siervos inútiles” Pero Tú nos dices: sois muy grandes porque sois fieles, porque en medio de otros, incluso hermanos nuestros, que levantan la mano del arado- que ahora no juzgamos – estáis todavía en el surco y dispuestos a seguir  El Señor nos necesita,  Él no puede desplegar su plan salvador sin nuestra palabra y entrega generosa cada día

 

    (D J.Guerra Campos a  unos sacerotes en sus bodas de Plata, Cuenca, Mayo-1976)

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