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Jueves, 21 diciembre 2017
Obituario

Inesperado y repentino fallecimiento de Valentín Molina (Salvador Jiménez)

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OPINIÓN | Salvador Jiménez Ramírez 1 Comentario

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Valentín Molina fue alumbrado a este mundo, en los años sesenta, en la que antes fuera la aldea de Ruidera, en un entorno natural con tonalidad de mar y en el seno de una modesta y honrada familia, de homilías y resonancias de ayes de necesidad. Entraría en esta dimensión con entrañables caricias y homilías de contento, y no como ha muerto, en soledad, el día diez de diciembre, sin abrazos de contacto y humanidad, con sus brazos y manos abrazándose su pecho, en actitud de recogimiento, asiendo su vida para que no se le fuera, no se sabe si clamando ayuda, tratando de pronunciar palabras, que nadie sabe, por su aislamiento y soltería, si ha articulado antes de expirar; dando con su cuerpo en tierra, entablando sobrehumana batalla con sus muchos misterios, dolores y derrotas.

 


En el ámbito ruidereño se puso a caminar, sobreviviendo con estrecheces evangélicas, en unos tiempos embozados de carencias, legados grises y tiranías. Su vivir se va proyectando con absoluta fidelidad a la familia y al medio social, y ya, en su mocedad, se conforma con no pocos legados de escasa fortuna e imposiciones de sumisión, que le aperciben del prestigio falso y de la pompa de ciertas realidades.
   

 

La universidad de Valentín fue la de un trabajador multioficios, con una gran resiliencia, hábil, eficiente y responsable, (creyéndose, a veces, el mejor en toda aquella faena donde ponía mano y herramienta) muy servicial, que no servil… Pero con el devenir de los años, como otros muchos obreros diligentes que, para poco ha contado y cuentan, en esta embotada sociedad, en los años noventa, junto con otros cinco lugareños estructuran una cooperativa que, hasta el año dos mil diez, se encargará (previa adjudicación de los trabajos por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha) de la vigilancia, (reforzando y apoyando las funciones de los agentes medioambientales), información y cuidado del Parque Natural. En su cometido de guardería Valentín nunca escurrió el bulto, dando la cara por más peliaguda que fuera la situación; por lo que en alguna circunstancia sería blanco de intento de atropello en la zona del Pantano de Peñarroya.  Se sentía extraordinariamente útil y hasta singularmente valioso, cuando acompañaba al doctor don Miguel Álvarez Cobelas, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, del Centro de Ciencias Ambientales y a don Santos Cirujano Bracamonte, con todo el equipo, en las investigaciones de Ecología Acuática y Sociedad de Las Lagunas de Ruidera. En la actividad de vigilancia en Parque Natural, conoció a una joven valenciana con la que anhelaba pasar los postreros días de su vida y que frecuentemente mentaba, con insomnios de despierto y también con pulsiones de un corazón que se iba estancando.
   

 

Cuando el año dos mil diez, su pequeña empresa deja de ser contratada por la Junta de Comunidades, su estado anímico se distorsiona y entra en depresión; sobreviviendo con sus exiguos ahorros y escasas ayudas de ciudadano en paro de larga duración, mientras cuida a sus padres muy enfermos .A pesar de sus limitaciones culturales, nos acompaña a varios eventos literarios en los que conoce a Mariano Velasco, presentando sus libros, a Juan Antonio González, profesor titular de Geografía Física de la Universidad Autónoma de Madrid, a Juan Carlos Marín Magaz, licenciado en Historia Moderna, a José Díaz Pintado y a otros más… Y por último a Pablo Ortiz Perona, director de la Revista “Pasos”, al cual admiraba, por los aportes que hacía a la cultura del pueblo de Tomelloso, publicando, prácticamente solo, la revista, a pesar de sus limitaciones físicas, dado su elevado grado de invalidez. Conocedor del entorno natural de Las Lagunas, pidió trabajo con persistencia a la dirección del Parque Natural, aunque hubiera tenido que “pinchar” basura en el paraje lagunar, que él tanto contemplaba y defendía,  pero jamás obtuvo respuesta positiva, por lo que se sentía relegado y despreciado. Los percances sufridos en el recorrido y repechos sorteados en la trayectoria de su vida, alcanzan demasiado relieve.

 

Con su nostalgia, desesperación y engañosa esperanza, llama demasiadas veces a la puerta que cierra su mundo y los resuellos de su desasosiego y marginación, son distraídos, a veces, con “pasajes” epicúreos. Hace unas fechas lo habían contratado en “el paro”, como él decía… En cierto modo parecía haber esquivado varias de las tormentas sufridas, despertando de estados obsesivos que trastornaban su salud y estado anímico… Es probable que, su manera de “marcharse”, haya sido para que no sufra merma la hazaña que emprendió desde su infancia y no se ignoren los comportamientos despreciables contra su ser. Su mayor tesoro fue su laboriosidad, solidaridad, defensa del medio ambiente, humildad y también sus pequeñas tozudeces y fantasías…    

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1 Comentario
Mariano Velasco
Fecha: Viernes, 22 diciembre 2017 a las 10:02
Descanse en paz Valentín Molina, hombre al que conocí en su esforzada labor por el cuidado del entorno de Ruidera. Intimamos. Tuve la fortuna de que me acompañara en algunas presentaciones literarias; le gustaba comentarme esos textos sobre Ruidera que algún día escribí. Ha muerto en terrible soledad, y no se lo merecía. Ahora, lamentablemente,solo nos queda desearle un buen trayecto en la eternidad. Adiós, amigo Valentín, que los dioses te sean propicios.

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