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Viernes, 29 diciembre 2017

¿Causantes de las revoluciones socio-políticas? (Por Vicente Langreo)

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

 Difícil  saberlo, la tierra está llena de vida y con cambios acelerados o lentos, en tierra, mar y aire, “Agua estancada no mueve molino” La Historia es muy larga; pero la parte que más nos debe servir, son los dos milenios de cultura cristiana; que tras la caída del imperio Romano, tuvo que buscar otra forma vida que hiciera presentes los derechos humanos  con la Muerte y Resurrección de Cristo. Así en la Edad Media cuando España aspiró a ser cabeza de la Cristiandad Europea, ya se defendieron los fundamentales derechos  de las personas: la vida, la libertad y la propiedad; y ésta podía originarse por herencia, por trabajo y por negocios. La sociedad se dividía entre el Rey y su Corte, La Nobleza con sus títulos y propiedades, El Clero y el Pueblo Llano, que debían contribuir a las empresas y guerras que acometieran los reyes. San Pablo enseña que quién no trabaje que no coma, se condenaba la ociosidad; recomendaba la limosna y la comunión de bienes. El Evangelio alaba las obras de misericordia,  corporales y espirituales; y que ejercitar la caridad es la mejor forme de amar. En España y en Europa hay  millones de pobres y sin trabajo, Lo difícil hoy es encontrar un trabajo estable, cuando el sector primario la agricultura y la pesca se han mecanizado y sometidos a una globalización comercial. El éxodo rural es imparable y el libre comercio reduce fronteras y el trabajo se trasforma y exige más investigación y especialización La política tiene que fomentar el bien común y ordenar las inversiones y los trabajos para el bien de las personas, de familia y de la sociedad. La persistencia de los males rompe por lo más débil: la falta de armonización y conciliación familiar, reduce la natalidad, aumenta la soledad.

 

En este cambio de ciclo, donde la mecanización  agraria, industrial y de servicios ha eliminado tantos puestos de trabajo, han surgido nuevas profesiones y demandas, en función de nuevas necesidades humanas, La educación y la sanidad., han creado nuevos trabajos; y al aumentar la complejidad de la administración, de la información y del turismo, han surgido nuevas formas laborales..Cuando los hombres pisaron la luna el 1969, estaba iniciándose la robótica que eliminaba obreros en las cadenas de montaje. De momento no hubo crisis  como en los siglos XVIII-XIX cuando con las máquinas de vapor se aplicaron a los telares. Y además al aumentar las comunicaciones, otros países con salarios más bajos se abrieron camino. La economía y las multinacionales se ha vuelto nómada y acude con inversiones donde encuentra mayores ganancias. Hasta el s XIV la Iglesia no veía moralmente lícito cobrar interés por el dinero prestado; pero luego se vio que como esencial y factor de producción, debía  ganar y salvarse de los riesgos. El capital debe  ser invertido para producir, pero el mayor mal de nuestro tiempo es dedicarlo a la acumulación y a la especulación, considerado el valor supremo capaz de suplantar a Dios, mientras  empresas y sindicatos revindican sus derechos piden  un salario mínimo para todos, que llevaría la ociosidad. Aquella comunidad de bienes de los primeros cristianos ha quedado  reducida a las órdenes religiosas.

 

Todos somos responsables, cuando no rendimos en nuestro trabajo y alardeamos derrochando y olvidando la hipoteca social que grava a la propiedad. Narcotizados por  un consumismo del más y mejor, se ha perdido el valor de la ejemplaridad moral de nuestras tradiciones y principios. El oscurecerse en Occidente la idea de Dios, ha sido un mal inmenso y su abandono ha dado lugar a exaltar la injusticia, la inmoralidad, la corrupción y la mentira, en tiempos de contrastes y desorientaciones..Nuestras raíces colectivas están vigentes, no han desaparecido. No es verdad la arrogancia  de la mentira que considera la libertad de las sociedades, como logros frente al cristianismo y como arrancados a Dios. Al contrario, el ocio y la liberación laboral crecientes  con valores cristianos, puede incitarnos a esperar la Tierra y Cielos nuevos, a humanizarnos y  promover el bien común familiar, nacional y mundial

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