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Sábado, 30 diciembre 2017

La dignidad del hombre y de la mujer (Por Vicente Langreo)

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

 Es una verdad que por su trascendencia, debe ser recordada ante las corrientes culturales de moda, que no atienden a sus  consecuencias en las personas, en las familias y para el bien común de la sociedad. La llamada violencia de género, con las agresiones, homicidios, secuestros y violaciones, son una seria amenaza para la paz y para el bien común. El Presidente de la Asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española,  ha querido ofrecer la doctrina, la sabiduría y experiencia  de la Iglesia (Madrid, 20-11- 2017) Hoy llaman la atención realidades hirientes, como la vergonzosa violencia  contra la mujer y la llamada ideología de género, incompatibles con la Revelación y contra la enseñanza eclesial, que ahora se quiere introducir por la educación  Pero la ciencia no aclara el origen ni el destino del hombre; lo hacen la Biblia y la Encarnación de Cristo, y XX siglos que develan el misterio. Abundan las rupturas  matrimoniales, la violencia verbal y física, que amenazan  la dignidad personal y rompen la unión conyugal La  llamada ideología de género, el poder la persona configurarse a su antojo, pretende borrar diferencias naturales del hombre y la mujer sin tener en cuenta la  antropología  fisiológica y psicológicamente, propia de seres para el encuentro y la entrega, el servicio de la procreación y la educación de los hijos. Las leyes morales no pueden burlarse impunemente, las  físicas se superan, pero persisten y  no desaparecen.

 

La igual dignidad del hombre y la mujer, lleva a rechazar la discriminación y el igualitarismo en las leyes como un bien común. Biológicamente hay que distinguir sexo y generación, distintos, relacionados y sujetos a la reciprocidad y responsabilidad moral. La revolución científica y tecnológica, inducen a la manipulación del acto generativo, independiente de la sexualidad; pero somos criaturas, no omnipotentes  y con pretensión de sustituir a Dios. Nuestra dignidad es ser “creados a imagen de Dios” y capaces de conocer, amar a Dios y cuidar la creación. Lo creado nos precede y debe ser respetado, recibido como don, que al tiempo estamos llamados a custodiar nuestra humanidad. La relación con Dios fundamenta nuestra dignidad inseparable y diferente como hombre y mujer, ordenados a complementación y sin discriminación. La sexualidad masculina y femenina, tienen como fin la donación íntima para trasmitir la vida; que no es algo secundario, comprende las dimensiones corporal y espiritual, tiende a la plenitud mutua y al servicio de la vida. No es acertado que la  mujer que concibe y alumbra hijos, sea subordinada a la superioridad  del varón. Esto debe tenerlo en cuenta la educación. La igualdad en la dignidad personal no excluye las diferencias legítimas  y vitales, como la paternidad  y la maternidad.  Hombre y  mujer se necesitan y sin  diferencias arbitrarias.

 

En Europa hay “una especie  de déficit de memoria” según san Juan Pablo II” Después de la caída del muro de Berlín, en la II Asamblea Episcopal (23-X-1999)  ya a la COMECE, llamó a ejercitar la memoria, invitando a repensar a Europa recordando. la contribución cristiana al futuro del proyecto europeo  Europa es más que un espacio geográfico y económico. Benedicto XVI lo recordó el 2010 al consagrar en Barcelona  la Basílica y lo reiteró en Santiago  de Compostela. “Es una tragedia que en Europa, ante todo desde el s,XIX, ¿Cómo es posible que se afirme el antagonismo del hombre y Dios, enemigo de su libertad, con la metáfora de la luz y la oscuridad ¿Cómo es tan común  el silencio sobre la realidad primera y esencial de la vida  humana,  Con ocasión de la entrega del Premio Carlomagno (6-V-2016)  el Papa Francisco dijo en su discurso: “En el origen de la civilización europea se encuentra el cristianismo, con la herencias de Atenas asimiladas por la Iglesia, afirmaciones que son imprescindibles” “La familia es uno de los ladrillos de Europa. Su Constitución debe ser actualizada y asumir los cambios oportunos, cuidando la pastoral educativa y el anuncio de la Palabra de Dios

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