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Jueves, 25 enero 2018

DE CHARCOS Y BALDOSAS DEMASIADO FLOJAS (Por Fermín Gassol)

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

La movilidad es el signo, el santo y seña de nuestro tiempo. Hoy todos nos movemos mucho y hacemos que casi todo se pueda mover. La vida es como una batidora existencial en movimiento y así debe ser porque quietecitos, quietecitos vamos a pasar mogollón de tiempo.

 

Movilidad geográfica en las empresas para que los trabajadores no se apoltronen, teléfonos móviles para estar localizados hasta en las “chimbambas”, ordenadores portátiles para seguir trabajando desde la ducha, pronto los harán, tabiques móviles, radares móviles, casas móviles, hospitales móviles, oficinas móviles, talleres móviles, ideas muy móviles, matrimonios móviles, voluntades más móviles todavía y…baldosas móviles.

 

Seguro que de todos los elementos anteriormente descritos les puede resultar chocante el de la baldosa móvil; bien pues les prometo que las he visto, las he visto y me han regado hace un momento. Comprendo que con aquello de la movilidad, versatilidad y multifuncionalidad las cosas no deben aferrarse demasiado a un determinado espacio y cometido. Colocar baldosas con poca adherencia tiene la gran y útil ventaja de que puedan ser sustituidas por otras en caso de rotura o por mor de necesitarlas en otra obra más urgente, resultaría muy práctico y económico.

 

El problema se plantea cuando las nubes lloran en serio. Es posible que los operarios al colocarlas no recordaran ya que la lluvia aún existe y claro, vas por la acera hablando tranquilamente y ¡zas! un puñetero chorrito vertical te sube por la entrepierna dejando el zapato y sobre todo el pantalón en un estado sospechoso de incontinencia urinaria muy enojoso de explicar cuando te cruzas o te paras con alguien y lo primero que mira como quien no quiere la cosa es el “goteo” que llevas puesto. Y para las pocas mujeres que aún utilizan faldas para vestir en invierno no les quiero ni contar el desagradable e innecesario riego por aspersión que reciben sus jardines más íntimos. Aunque, justo es reconocerlo, resulte un improvisado, divertido y gratuito jueguecito para los niños.

 

Sin embargo todo esto resulta algo festivo si lo comparamos con el peligro que conlleva una metedura de tacón entre dos baldosas inseguras de sí mismas. Hace poco puede comprobarlo cuando una señora metió su fino tacón derecho entre dos baldosas que se encontraban bailando y estuvo a punto de celebrar las Navidades y Año Nuevo en el “hotel” que se encuentra más allá del polígono Larache. Y es que eso de bailar con tacones sobre una baldosa queda para el famoso tango “la baldosa floja”, pero bailarines de tangos y milongas por aquí, con los dedos de una mano y mal contados; todo lo contrario que los charcos que inundan nuestras calles en “cuantico” que caen dos gotas.

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