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Martes, 30 enero 2018

Ciento trece años, ahí es nada (Por Fermín Gassol)

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

 Ayer fallecía en Bienvenida, localidad de Badajoz, un ciudadano llamado Francisco Núñez Olivera a la venerable edad de ciento trece años. Si días antes le hubiéramos preguntado para qué sirve llegar a esa edad, la respuesta sin duda hubiera sido, para seguir estando vivo.  

 

Supongo que como tema de una encuesta callejera…las respuestas irían desde…”pues vaya una pregunta más absurda”, hasta la más metafísica y paradójicamente, más evidente de todas: “la edad sirve ante todo, para poder seguir viviendo”. Una de los pocos casos en que curiosamente coincide el concepto más abstracto y genérico con el más inmediato y palpable. Porque para lo que ante todo sirve la edad, es para demostrar que seguimos vivos ante la familia, los amigos, vecinos y la Seguridad Aocial.

 

Cumplir años es lo mejor que nos puede pasar sobre todo si los cumplimos estando medianamente bien y sin caer en la irresponsabilidad de exigir a la naturaleza demasiado, a partir de una cierta edad, que ya saben aquello de que “si a partir de los cuarenta no te duele nada…es que estás muerto”.

 

Cumplir años tiene algo de parecido con el acto de ingerir una comida agradable y apetitosa. Al principio, las ganas hacen que comamos de manera rápida y anhelosa. Cuando hemos saciado los primeros envites, entramos en un momento más sosegado en el que ingerimos el mismo alimento de manera más mecánica hasta que llega un momento en el que comemos con más lentitud y desgana por estar ya saciados.

 

                Con la edad sucede lo mismo. En la adolescencia, nuestro anhelo es cumplir rápidamente los años para poder llegar a ser una persona adulta; una vez que conseguimos un cierto equilibrio emocional y cierta seguridad en nosotros mismos, olvidamos que estamos cumpliendo años o al menos es algo a lo que no damos importancia, hasta que llega un momento en que la falta de ganas o de ilusiones hace que volvamos a recordar que estamos comiendo, que los estamos cumpliendo. Es el síntoma inequívoco de que hemos llegado a la vejez. Hasta entonces, a todos, “bon appétit y longue durée de vie”.

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