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Domingo, 4 febrero 2018

Buscar una educación liberadora (Por Vicente Langreo)

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

La educación es necesaria para que las personas y  la sociedad, aprendan a sacar de si mismas las mejores  posibilidades para vivir con sentido y esperanza; pero trabajo tan importante y noble, hace olvidar a  familias y maestros, cambiando las expectativas más nobles para hijos y educadores, por los valores que imperan en la sociedad actual La educación no es burbuja ni paréntesis que aísla de las corrientes imperantes, ni de la  posibilidad de la felicidad  seductora; la educación más  que espejo sobre la realidad, deberá  ser ventana a horizontes y esperanzas nuevas, y no espejismos engañosos. La educación debe ser transformante y liberadora.

 

Y ello exige debate, apertura y reflexión
a) Despertar en los alumnos la conciencia y el compromiso sobre  el bien común, con  temas sociales y abordar el origen de las desigualdades en nuestra sociedad.

 

b) Hacer de la escuela un pacto de integración y evitar  reproducir las desigualdades y no caer en la tentación de quitarnos  de  encima a los alumnos y alumnas difíciles.

 

c) Educar para una vida plena y mayor consciencia planetaria. Esto exige  emplear valores y principios contrastados en la práctica educativa, comprometerse de verdad con los valores como la sobriedad, la humildad y las contradicciones que crean tensiones y luchas e impiden el construir  un mundo nuevo, contrariando las resistencias  dominantes.

 

      d) Afrontar una educación no es condicionada solo por criterios economices. En un mundo con los recursos económicos escasos, y amenazado también por una demografía  de  supervivencia  en muchas  instituciones, surge la tentación del mercantilismo. Y una educación trasformadora, no puede dejar que todo su trabajo esté guiado únicamente por criterios económicos. Estos instrumentos no hacen más que realzar los valores de la competitividad y del éxito personal,  que son  base de la enfermedad de nuestro sistema. c) Recuperar la estima y el valor ético del maestro. La mayoría  son educadores por una vocación de servicio a los alumnos y a  las familias, en realidad servidores para toda la sociedad. Perder esta dimensión de educadores, hace desaparecer la vocación inicial, en detrimento de los alumnos. El maestro es un elemento esencial en el sistema educativo. Y devolverle su autoridad y ser libres es básico para  que  las aulas sean unos espacios de libertad y creatividad. Hace falta autoestima y orgullo de ser maestro, para respirar, ante una libertad y afecto en recesión, d) Recuperar el placer del conocimiento por lo que significa. En  la vida no todo puede ser  sometido por el utilitarismo. La educación necesita tiempos y espacios, no condicionados ni intervenidos continuamente por factores externos. Maestros y alumnos deben disfrutar libremente al ver los resultados.

 

     f) Hay herramientas  nuevas y antiguas para estos planteamientos. Una teología y una espiritualidad, que libere las personas  como  creyentes cristianos, que brotan del mismo mensaje y de la acción  liberadora de Jesús; y que denuncie la idolatría del dinero, de los mercados y de la tecnociencia, que clame por  volver a  poner la persona y a la naturaleza  en el centro de todo. El Evangelio sigue aportando a la sociedad y a la educación, una fuente de la que se alimenta  la resistencia y la esperanza. Hace surgir lo mejor de uno mismo, curar, animar  y abrir los caminos a la libertad, a la fraternidad y a denunciar…El “maestro” Jesús, inspira la transformadora de la persona  y la sociedad.  


     g) Algunos pedagogos viendo grietas en el sistema, han abierto perspectivas. Y  las experiencias  de la pedagogía liberadora, han marcado profundamente a pueblos y a generaciones enteras, que aún  hoy son válidas. Tenemos que valorar los testimonios  personales y colectivos  que han abierto caminos de liberación y formas de huir de las tiranías, del ahogo y falta  de libertad. Maestros anónimos han abierto puertas a niños y jóvenes y en situaciones familiares difíciles. Nuestra vocación  responde a los deseos y aspiraciones  nuestras, y al sentir de todas las personas, llegar a una vida en plenitud.

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