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Lunes, 12 febrero 2018

El corazón y la política

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El escritor y dramaturgo madrileño Enrique Jardiel Poncela resultó ser un fino observador del alma hispana; con su frase “cuando tiene que decidir el corazón es mejor que decida la cabeza.” bien pudo hacer referencia a nuestra apasionada visceralidad a la hora de hablar, decidir, justificar o reprobar pensamientos o conductas obedeciendo de manera primordial, primaria y recurrente a los impulsivos dictados de ese noble pero ciego músculo vital  que es el corazón. 

 

La frase citada es de la primera mitad del siglo XX, (nació en Madrid,1901, ciudad en la que falleció,1952, censurado y en la más absoluta pobreza y abandono), pero creo que tiene plena vigencia, y es que sigue llamando poderosamente la atención la acentuada subjetividad que mantenemos buena parte de los españoles a la hora de analizar distintos hechos acaecidos de manera cotidiana del cariz que propongamos, pero ante todo y sobre todo lo relacionado con el mundo de la política. 

 

En general somos personas poco proclives a analizar y discernir las ideas y programas electorales, eso sí, cuando tenemos la suerte de que existan y nos los expliquen de manera objetiva y elaborada sin posturas preconcebidas, cosa que aún está por ver.

 

Y así llegamos a las elecciones, en las próximas ni te cuento, votando con el criterio afectivo de hacerlo más en “contra de los otros” que a “favor de los míos” sobre todo cuando no existen elementos positivos y razonados para inclinarse por una u otra opción. 

 

  Llevados de una irredenta visceralidad, sintonizamos cada mañana con la emisora o compramos los periódicos que nos dicen lo que de antemano queremos oír o leer. Para nada ayudan además a este afán las penosas declaraciones que día tras día nos vomitan los políticos de turno, donde lo único que largan al hablar es la descalificación del contrario, culpándolo de todos los males y censurando comportamientos que ellos mismos mantienen no muy lejos en el espacio o en el tiempo. 

 

Con un comportamiento así de primitivo y ancestral, nunca avanzaremos en nuestra calidad democrática ni progresaremos en ”nuestro” conocimiento de las cosas al despreciar el mundo que nos es emocionalmente ajeno, no estando interesados en el porqué del comportamiento de quienes defienden otras posturas. 

 

Evidente que no somos ni es aconsejable ser puro intelecto, pero en la vida las decisiones más importantes hay que tomarlas tras haber analizado entre las posibles la más conveniente, no arrastrados por el precipitado e irreflexivo golpe del corazón. Me podrán rebatir ustedes estas reflexiones con la frase de Pascal: “el corazón tiene razones que la propia razón desconoce”. Y yo les respondo, es cierto sí,  pero Pascal era físico, matemático, filósofo, teólogo, un genio que podía tener el privilegio de pensar y ver con el  corazón… y además era francés.

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