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Miércoles, 14 febrero 2018

La Inmaculada en la historia de España (Por Vicente Langreo)

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Es una honra y una gratitud que debemos a la Iglesia, desde el comienzo de la era cristiana, cuando los primeros evangelizadores, trasmitieron la noticia del Misterio de la Encarnación de Jesús en Nazaret. Es como el contrapunto al relato del Génesis, el pecado de Adán y Eva, oficialmente borrado por Cristo, nacido de una mujer llena de gracia, María, para hacer que las hostilidades entre el  hombre y la mujer, entre el bien y el mal, sean superadas por el misterio de la Cruz, como precio de redención, desde la Concepción Inmaculada de María, cambiando así el sentido de la Historia hacia la nueva creación. Los Santos Padres tuvieron muy preste la maternidad virginal de María en el Concilio de Efeso, y la plenitud de gracia correspondiente como a Madre de Dios. El Vaticano II en LG, llama a la Madre de Dios y la Iglesia “abogada, auxiliadora, consoladora y medianera”(LG.,VIII.62) Es como el arca de la Nueva alianza que nos trajo la salvación, venciendo la soledad y dando sentido de redención al sufrimiento que parece no tenerlo. El hecho histórico del relato de la Encarnación de San Lucas, es la rotunda afirmación  de que no estamos solos huérfanos. La primera referencia de la Inmaculada procede de San Sabas en el s. V y cinco siglos más tardes se celebraba en diversas iglesias europeas, llamando a la Concepción “la Antigua”.

 

El III Concilio de Toledo el a, 589 logró unir a hispano-romanos y visigodos, superó el arrianismo, buscó la integración con el mundo germánico y después asumir el derecho, y a consecuencia de reconocer a María como Madre de Dios, hubo conciencia de la primacía de la Iglesia Toledana, en tiempos de San Leandro y San Isidoro, y desde San Ildefonso, ya  con la Inmaculada se valora la feminidad armonizando la virginidad y la maternidad, favoreciendo así el desarrollo del humanismo, convertida la comunidad cristiana en el verdadero y definitivo Israel, alimentado por la Eucaristía. No sería fácil  hacer compatibles la excepción de María con la universalidad del pecado original a  la hora de compatibilizarla con la redención universal. Al fin la redención preservativa fue la solución. Pero no es casualidad que siglos mas tarde, sería España la  monarquía en que una mujer ejerciera las funciones de reina. Y así Isabel la Católica defenderá a los indios del Nuevo Mundo como creados, libres, redimidos y llamados a la salvación. En cambio el feminismo actual  infravalora la virginidad y la maternidad. España además tiene  la Inmaculada como patrona  de su Infantería  desde  el s,XVI y  en el s,XVIII Carlos III propuso declararla patrona de España y de sus posesiones.

 


La Inmaculada invita a mirarla no como alguien sublime y celestial, o modelo “mundano” para homenajearla por importante y superior, sino que nos revela  nuestra propia identidad  cristiana. Si el Padre envió su Hijo al mundo no fue solamente para su admiración, alabanza y adoración, sino para asociarnos a Él y participar así de su vida, sentarnos a la mesa de su reino e incorporarnos a su muerte y resurrección. María de nuestra carne y de nuestro destino, nos ayuda a caminar en las dificultades inherentes a nuestra condición humana. Tras escuchar el relato del Génesis y la lucha de la mujer contra el mal, ella nos lleva hoy a la alegría y a tonar parte el afán contra el mal, cuando la maternidad, la feminidad y la virginidad están hoy discutidas e infravaloradas. En María descubrimos ahora como terminada la misma obra que Dios tiene empezada en cada uno de nosotros, en ella la acción de Dios es victoriosa llamada como gracia que estimula a la autosuperación hacia el bien. Aquella imagen de María atribuida a San Lucas, que el patriarca de Constantinopla  legó como regalo a Sevilla, se ocultó ante la invasión islámica y  apareció luego aparece Guadalupe, y de allí saltó a Méjico  donde es tan venerada.  La definición dogmática de la Inmaculada el 1854, causó gran satisfacción en  España, que tanto la defendió, y se celebra en muchas parroquias y  Seminarios con especial relevancia.

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