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Viernes, 16 febrero 2018

No estamos solos en el mundo (Por Vicente Langreo)

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

La ciencia y la vida aportan unas experiencias de siglos y de las maravillas del mundo donde vivimos, entre tantas afirmaciones contradictorias y discutibles, sobre las  dos grandes realidades que orientan y encaminan nuestras vidas: La historia espiritual del occidente cristiano ha alumbrado fuentes que dan sentido a la vida, nos permiten existir en libertad y con dignidad; y también poder encontrarnos con nosotros mismos y reconstruir la relación con el prójimo, a pesar de complejidad de las culturas y de la ultimidad que nos atrae y nos asusta. El nacimiento de Jesús es un hecho histórico trascendente, que no ha podido ser borrado tras de tantas persecuciones sangrientas, políticas e intelectuales. El mismo Dios, que nos da a su Hijo vulnerable y condicionado por nuestra libertad, con su nacimiento comparte nuestra debilidad, fundamenta la  esperanza y despeja la sombra de nuestra soledad. Muchos siguen negando a Dios, ante las sombras  y  las perturbaciones personales que sobre vienen al hombre, como si de verdad él y el mundo no estuvieran  habitados por una presencia real de Dios. Nuestro origen está en su querer. Existimos porque Dios nos ha querido en doble sentido de la palabra querer, decidir y amar. No somos huérfanos. Este es el drama del ateismo de todos los tiempos La Navidad  no es la mitología del  Sol naciente y origen de todo. Es la proclamación de la verdad histórica más importante; el Hijo de Dios se hace  hombre para que éste sea hijo de Dios por adopción. La compañía de Dios con los mortales es la respuesta del cristianismo a las preguntas fundamentales de todos los tiempos, que induce a una verdad consoladora  y al significado de la Navidad: No estamos solos aquí.

 


Según la sabiduría acumulada por la experiencia,  las personas somos distintas y necesitamos para nuestro desarrollo normal, cuatro referencias esenciales: ser acogidas con amor, introducirnos  en una cultura con usos y costumbres buenas, el aplicarnos y ejercitar un trabajo útil y ético, y tener alguna creencia religiosa; ya que la religión es como la argamasa de las culturas para poder subsistir. La religión cristiana entraña una libertad para hacer el bien, amar a Dios y al prójimo, y colaborar al bien común, pues somos seres sociales y nos necesitamos. La cultura actual tan aceleradamente extendida, rivaliza con las Escuelas y las Universidades, mediante las comunicaciones y las redes sociales. Existe el peligro de caer una cultura sin verdad, de exaltar una  tecnología sin ética y deshumanizada, devaluando al hombre y negándole la vinculación teológica como realidad fundamento. Es real el peligro de una contracultura que niega la verdad. ¿Qué importa comunicarnos simultáneamente con todos y por todas partes, si no somos capaces de promover una convivencia que acreciente los bienes y remedie los  males?. Las instituciones permanentes, las Escuelas y las Universidades, deben tener el coraje de ilustrar las inteligencias y armonizar la economía, la política y la cultura, ante las grandiosas obras tecnológicas y los degradantes retrocesos morales. Siempre es posible el cambio. “Dios saca de los males bines” y nos  llama a la conversión  y a la salvación.

 


Por encima de tantas instituciones humanas: como los imperios, las naciones, los bancos, fábricas y avances tecnológicos, está la familia como obra permanente de Dios al servicio del hombre y a plena gratuidad. Todos los avances científico-tecnológicos de la historia humana, tienen sus cometidos y no son comparables. Pero desde los orígenes del hombre y desde el nacimiento del Hijo de Dios, la Iglesia ha visto en la familia a la iglesia doméstica que ayuda al hombre, con tres funciones insustituibles: la acogida afectiva de niños, el acompañamiento durante la preadolescencia y la curación  frente a los primeros fracasos de la vida. Pablo VI señaló las tres lecciones que da la Sagrada Familia: el silencio y oración frente a vaciedad, el trabajo como fruto de la persona y la intimidad  familiar, frente a las rupturas  y violencias.

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