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Lunes, 19 febrero 2018

Lecturas que no debemos olvidar (Por Vicente Langreo)

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

Son las referidas a la defensa de la vida humana, cuando urgencias y demandas presentes, como el trabajo, la economía y el bienestar, ocupan la atención de los medios y silencian carencias y males, sutilmente connaturalizados, mientras se habla y escribe de escándalos y corrupciones, en torno al ídolo-dinero, que realmente arrastra al mundo. Algunas veces se habla del invierno demográfico, del riesgo de las pensiones y de más de 100.000 abortos anuales en España, asumidos y protegidos con naturalidad, por las leyes y prácticas y mientras sigue la marcha del consumo, se silencia la responsabilidad de conciencia, justificada por indiferencia de nuestra sociedad, alienada por la marcha alegre del mundo. Pero más que un atropello visto desde la Religión, es una cuestión antropológica que afecta al ser humano, especialmente a la mujer y a la sociedad, ya que por ser un mal exige los remedios oportunos.

 


Hay palabras y escritos que no pasan frente a realidades graves que permanecen.
Fueron enérgicas las palabras de San Juan Pablo II, como hombre más que como Papa, defendiendo la persona humana, concebida y aún no nacida, por violar muy gravemente el orden moral: “Nunca se puede  legitimar la muerte de un inocente.”. Se dañaría el fundamento de la sociedad, y no tendría sentido hablar de la dignidad del hombre ni se llegarían a facilitar medios y servicios, para destruir esas vidas humanas e indefensas. Además este no es problema cristiano, aceptable por los no creyentes; la dignidad del hombre, se funda en razones antropológicas, aunque los cristianos encuentran además otras razones; es un crimen y un pecado. Pero en el mundo de hoy esto se queda en un segundo lugar y se atiene a lo válido para  todos, sea de cualquier religión o de ninguna “Pienso, escribía Julián Marías en 1982, que la aceptación social del aborto, es sin excepción lo más grave que ha ocurrido en el siglo XX.”

 

“ Vivo angustiado hace varios años- dice el mismo autor – al saber que todos los días se matan, fría y metódicamente, a miles de niños aún no nacidos, impidiéndoles llegar a ver la luz, y expulsados del seno materno –la más íntima y profunda casa del hombre- y se los tira a morir. Me angustiaría todavía más el ver a tantas  personas, que hace pocos años se horrorizaban, no por el hecho, sino por ser llamadas “reaccionarios” por no admitir algo que es un  pecado tan grave y ahora lo asumen. Les importa poco que esto sea una regresión y volver la barbarie prehistórica, riesgo y uso aceptado en lo niños más que en las niñas. Se suaviza el aborto llamado “interrupción del embarazo” cuando la pena de muerte hiere la sensibilidad. Otra hipocresía refinada, es autorizarlo a los tres o seis meses. Es  simplemente matar a  una persona sin  justificación.

 

Un libro admirable publicado en París, recoge páginas elocuentes del profesor de Genética, Jérome Lejeume, explicando la unicidad  del ser humano desde su concepción (al menos 25 minutos después) llamándolo homicidio, como sería matar a una persona  anestesiada. Para mí la cosa es clara - dice Julián Marías – quienes no lo comprenden, es que han sido despojados de una antigua evidencia, por algo abstracto que bloquea su inteligencia. Sin apelar a la fe, en cristiano y otras creencias, hay algo siempre válido:  toda persona, no es algo, es alguien, irreductible a todo y a todos desde la concepción y además no termina con la muerte. Hay también otras razones para defender la vida. El trabajo absorbente dificulta la natalidad, los grandes Imperios de la Historia cayeron por caída de natalidad y otras causas. La natalidad aumenta los trabajos, los consumidores y productores; y lo más importante: todo ser humano concebido o nacido, es eterno. Las malas costumbres corrompen a las personas y sociedades. Pero no hay obra creada ni fabricada  en la tierra que sea para la eternidad. Lo es solamente el hombre aunque haya existido como semilla que nace de alguien y destinado a glorificar a Dios  para siempre.

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