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Martes, 20 febrero 2018

Falacia, posverdad e indiferencia (Fermín Gassol Peco)

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“La perfección del engaño solo se logra cuando uno cree en su propia mentira”. Ricardo Zuna

 

La frase del autor boliviano bien puede resumir la mayor peligrosidad de una falacia: llegar a creérsela. Pues bien, no creo exagerar si digo que en nuestra sociedad están tomando carta de naturaleza con demasiada fuerza las falacias.

 

Afirmaciones que se venden como verdades que no lo son y que tienen el veneno del interés de quien las dice intentando sembrarlas en la ignorancia de aquellos que las reciben. Las falacias siempre tienen un trasfondo de ocultamiento más o menos parcial de la verdad, eso es obvio, pero son muy distintos los motivos que las animan.

 

En general las falacias no tienen la intención de engañar expresamente sino de suavizar o “exclusivizar” una parte de la verdad en beneficio propio. Nos encontramos así ante unas verdades aparentes, lanzadas de unos hacia otros que son sus receptores. Si grave es inducir a las personas al error, mucho peor es, que quien lo intenta acabe creyéndose su propia falacia. Es entonces cuando se elimina el punto de retorno y la sociedad queda abandonada al abismo ya que el portador de “la lámpara de la verdad” la acaba apagando.


Hoy está instalada en nuestra sociedad la falacia como algo demasiado corriente. Por mor de hacerse el simpático o resultar más “comercial” o tener más aceptación en aquello que se ofrece, la falacia está presente con mayor o menor consecuencia; aparece con bastante asiduidad en la publicidad por ejemplo o en el terreno de la sociopolítica. Las interpretaciones torticeras de las cosas con el afán de congratularse de manera más fácil con las voluntades y votantes van abocando a nuestra sociedad a una deformación y un alejamiento de las verdades científicas, académicas, éticas y culturales.

 


Normalmente la falacia suele ser dulce y fácilmente comprensible, pero nunca pretende responder al problema planteado; lo que consigue la falacia es posponerlo o aumentarlo a largo plazo. 


Existen muchos tipos de falacias pero hay una que está de moda desde hace unos años y con la que podemos encontrarnos a cada paso en las declaraciones de políticos: es la “posverdad”, concepto que encierra la distorsión deliberada de la realidad. La posverdad es una falacia radical que encierra una visión subjetiva con el la única intención de dar satisfacción a lo emotivo, a lo instintivo, a lo que me es grato…pero para beneficio propio. La posverdad es una completa indecencia moral y política que busca instalar la absoluta subjetividad para socavar los cimientos más profundos de las verdades evidentes, inamovibles en las personas y en la sociedad. La falacia, la posverdad son los pilares de la indiferencia.


 Como en las preguntas realizadas a los testigos en los juicios, muchos somos los que queremos saber siempre y de una puñetera vez la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad de todo aquello que sucede políticamente hablando; lo demás, las falacias, posverdades, las faltas de respeto al pueblo-ciudadano-consumidor-elector, como que no nos interesan para nada.

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