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Viernes, 23 febrero 2018

El blindaje de las conciencias (Por Fermín Gassol Peco)

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“El mito más odioso de nuestra civilización es pensar que una forma de contrato social puede suplir la inexorable conciencia individual de cada momento”. (Anónimo).

 

El negocio del blindaje se encuentra generalizado desde hace bastantes años aunque el grosor de la chapa varíe con la importancia de quien se encuentra en su interior. Pero lo cierto y verdad es que la costumbre de blindarse ha ido a más y hoy se blindan ya hasta  las conciencias.

 

Se empezaron por blindar los carros de combate, más tarde los coches y chalecos a prueba de balas, que el corazón es cosa seria, después cristales y puertas de edificios y viviendas y desde hace un tiempo…los contratos y las conciencias.

 


Me lo decía hace ya algunos años un amigo; nada que “estos tíos” quieren que ganando veinte mil euros al año trabaje las mismas horas que ellos ganando seiscientos mil y con un contrato blindado. Era el empleado de un banco. La cuestión de sueldos hasta entonces era un tema de índole interno. Un negocio en el que los empleados fijaban sus remuneraciones de acuerdo con el sector. Hablo de los bancos, negocio de unos accionistas. En las cajas, que por aquel entonces estaban a salvo todavía de los políticos, las exigencias con los empleados de convenio no eran tan fuertes. Hasta que llegó el día en que entraron…se pusieron las botas y todo se fue al garete.

 


Las carteras ya sabemos cómo pueden blindarse. No hay más que echar un vistazo a los ingresos de los altos ejecutivos de las empresas, sobre todo de aquellas que negocian con los dineros y a las salidas, cuando deciden salir, de algunos y no pocos políticos que van de sillón en sillón asegurándose un espléndido futuro. Desde que el dios dinero campa como único valor para una buena mayoría de la sociedad, la añoranza y el deseo es el de blindarse, cada uno hasta donde su conciencia y las circunstancias le permiten.

 


Pero ¿Cómo se pueden blindar las conciencias? Pues blindando los intereses personales. Blindando la vista y el oído, no queriendo ver ni oír nada de lo que sucede muy cerquita de nosotros. Blindando la ética hacia los demás, o haciendo como expresa de manera muy gráfica el poeta polaco Jerzy Lec, “Tenía la conciencia limpia; no la usaba nunca”.

 


Resulta sumamente curioso que una sociedad que llevaba camino de sobreponerse a abismales diferencias sociales, vuelva otra vez a establecerlas. ¿Qué hemos hecho de las revoluciones? Aquí ya nadie dice nada. Parece que hubiéramos sido anestesiados por un hedonismo e indiferencia que lo invade todo y que ante situaciones de apremio social cerremos nuestras ventanas sensoriales y nos refugiemos dentro del blindaje de nuestras conciencias. Pobre futuro, pobre sociedad la nuestra.

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