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Lunes, 26 febrero 2018

La democracia presenta un gran problema. La visceralidad (Fermín Gassol Peco)

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Un pasito “palante” María, un pasito “patrás”. Tal es el movimiento que practica buena parte de la ciudadanía a la hora de calificar las distintas ideologías políticas. “Un baile muy  fácil y primario” que causa furor sobre todo entre aquellos que tienen un comportamiento político fuertemente visceral.

 


La visceralidad es un sentimiento muy profundo e incontrolado que mueve tanto al pensamiento como a las acciones de la persona. Se trata pues de una fuerza emotiva que desborda tanto al entendimiento como a la razón. De ahí que las personas muy viscerales sean seres movidos principalmente por su ímpetu,  físico o mental.
Supongamos que en la noticia dada sobre un caso de corrupción ocurrido en un determinado y anónimo Ayuntamiento, el dato de la filiación política del concejal o alcalde que ha cometido el delito permanece en blanco.

 

El visceral mantendrá en suspenso su opinión final sobre el asunto hasta saber este dato…y su reacción será muy distinta según que el culpable sea uno de los suyos o de los otros. Censurará y deseará lo peor o callará y buscará mentalmente otros casos parecidos que se hayan dado en el “campo contrario” para, si no justificarlo mentalmente, sí condescender más fácilmente, o las dos cosas. Cierto que el ejemplo es una caricatura…es decir algo exagerado pero de eso se trata precisamente, para que el ejemplo quede fuertemente dibujado.

 


Las personas viscerales las encontramos en todos sitios, en los compañeros del trabajo, en las tertulias de los bares, pero sobre todo en el anonimato de los foros en internet. Causa sonrojo, perplejidad y preocupación lo que se puede llegar a justificar o reprobar amparado tras el muro del ordenador. Desde luego que de imparcialidad, objetividad y democracia…nada.

 


Creo sinceramente que el mayor enemigo que existe para impedir el avance en la conquista de una mayor calidad democrática se encuentra entre nosotros y responde precisamente al calificativo de visceralidad. Esa fuerza ciega que predispone a rechazar cualquier iniciativa o comportamiento si quien lo hace es alguien de los otros, para justificar a “los veinte minutos” o a doscientos metros el mismo hecho si quien ahora lo realiza es alguno de los míos.  

 


La visceralidad no entiende de razones ni objetividades, antes bien es una postura primaria y mediatizada que predispone de antemano y que por ende es fácilmente aprovechable por los políticos para contentar de una manera populista a sus irreflexivos incondicionales.  

 


 Si nuestra calidad democrática dependiera de estos ciudadanos tan viscerales….creo que, pues eso, por lo escrito, comprenderán ustedes de inmediato lo que pienso.

 

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