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Domingo, 4 marzo 2018

La izquierda española es proclive al victimismo (Por Fermín Gassol)

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 1 Comentario

Este artículo es duro por la situación económica actual pero pretendo que sea objetivo y justo. Duro porque en estos temas resulta muy difícil separar el hueso de la carne; justo y objetivo porque intenta precisamente eso, desvelar a los que en nombre de un equivocado sentido de la democracia y ninguna solidaridad, quieren vivir de lo regalado o del esfuerzo ajeno.

 

La primera premisa que quiero exponer es la siguiente: “Hace cincuenta años la izquierda española defendía con razón injustas situaciones político sociales; hoy las sigue denunciando pero con mucha menos credibilidad y legitimidad porque también ella ha sido responsable de que existan actualmente”. No se trata de analizar la cuota de responsabilidad que tiene contraída en los años que estuvo en el poder, que eso llevaría otras y muy discutibles líneas, pero lo que sí resulta evidente es que esa virginidad que en el pasado podía esgrimir, hoy la ha perdido porque esta situación de crisis tuvo su origen en el desmadrado endeudamiento consentido por un gobierno socialista y unas comunidades autónomas regidas por la derecha, y también en todas las gobernadas desde hace muchos años por la izquierda. De modo que nadie está ya libre de culpa en este maremágnum en el que se ha despilfarrado y trincado a manos llenas. Aparecer ahora como unas inocentes víctimas de la situación resulta algo indecoroso.

 

 La segunda premisa es: “El discurso y las maneras que utiliza con frecuencia la izquierda han quedado hoy obsoletas”. ¿En qué me baso para afirmar esto? ¿Qué es lo que ha cambiado? Pues han cambiado de manera radical las estructuras y las posibilidades sociales. La insalvable diferencia que antes existía entre una clase dirigente, potentada económicamente y una clase trabajadora que dependía vitalmente de ella, ha quedado hace tiempo difuminada con el nacimiento de una extensa clase denominada media, o mejor, distinta, en cuanto contiene otros tintes que la definen y la hacen ajena a esta simple y arcaica línea bipolar; un estrato social moderno donde existen empresarios emprendedores hechos a sí mismos, y trabajadores con un perfil actualizado, un aceptable poder adquisitivo, acostumbrados a vivir desde el esfuerzo y en un número muy superior al que hoy pretende representar algún sector de la izquierda. Un colectivo social que ha posibilitado la superación de esa situación que la izquierda defendía hace medio siglo y que alimentaba su razón de ser.

 

La pregunta puede ser: ¿No tiene entonces hoy razón de ser la izquierda? Pues veamos. Si hablamos de la que se sigue comportando como la de hace cincuenta años desde luego que no. Y en esas sigue estando parte de ella.

 

Pues bien, en buena parte de la izquierda, sigue subyaciendo ese error consistente en pensar que ella es quien representa de una manera, químicamente pura, los ideales democráticos. Cuando gobierna, presuponiendo como legítimamente válido todo lo que realiza; cuando queda relegada por las urnas a la oposición, apareciendo como víctima de lo que otro gobierno igualmente democrático realiza. De manera que en el subconsciente de muchos votantes de izquierdas siempre queda una legitimación alternativa y posterior a las urnas cuando éstas no les han otorgado la responsabilidad de ejercer el poder, amenazando y recurriendo a las huelgas o a la calle. La razón de este desahogado comportamiento creo, se basa en el convencimiento que tienen de ser los que mejor representan al pueblo.

 

Pues bien, como decía más arriba, hace medio siglo esta afirmación podría ser verdad, que el pueblo estaba muy definido, demasiado definido e indefenso; pero hoy, ¿Acaso existe alguien que pueda atreverse a trazar una línea divisoria que excluya a los que no son parte del pueblo? ¿Acaso son “el pueblo” aquellos que votan a la izquierda y solamente ellos? Recordemos a tenor de esto el famoso cordón sanitario y otras lindezas de algún gobernante socialista en un intento de descalificar a la derecha como opción democrática.

 

Y es que una buena parte de la izquierda española, sindicatos incluidos, vive anclada en un interesado pasado, ignorando que la estructura social ha cambiado por completo y que hoy, el hijo de un peón tiene las mismas posibilidades que el de un médico, antes bien, estos mismos ya saben lo que es eso. Que aquí hoy todos vivimos del esfuerzo personal, que se acabaron los trabajos encontrados sin salir del domicilio y que mañana, aquel que no sea un emprendedor, no busque y no conciba el trabajo como algo dinámico, lo va a pasar tremendamente mal, gobierne quien gobierne.

 

Y es aquí donde precisamente la izquierda paternalista y los sindicatos, amigos del subsidio, del todo gratis y de una anticuada estructura de la sociedad, tienen mucho que decir y que cambiar. Hoy ya no se puede, en base a un falsa interpretación del concepto sagrado de que todos tenemos los mismos derechos, ir despreciando trabajos en sectores como la agricultura, la hostelería u otros, que se de lo que hablo, y seguir viviendo con lo regalado, aprovechando todos los servicios a los que insisto, indudablemente todos tenemos derecho, pero que pagan con sus impuestos aquellos que más trabajan. Que una cosa es no encontrar trabajo y otra muy distinta no salir a buscarlo. Duras palabras, pero ya está bien de vivir del “que vengan a buscarme que ya veré yo si me conviene” en aras de un trasnochado y para nada solidario comportamiento con los que de verdad no tienen otra opción que estar pasándolo verdaderamente mal.

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1 Comentario
Vaya tela
Fecha: Domingo, 4 marzo 2018 a las 16:53
Entonces en 50 años no han hecho nada bueno la izquierda. Manda carallo.

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