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Martes, 6 marzo 2018

El peso insoportable del vacío (Por Fermín Gassol)

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Afirmaba León Daudet: “Es curioso que la vida cuanto más vacía es, más pesa”. No creo estar equivocado si digo que al realizar esta afirmación el controvertido escritor francés no trataba de definir un teorema físico. El vacío al que se refiere consiste más bien en esa sensación que todo ser humano experimenta cuando su vida trascurre ayuna de contenidos, principios, valores, creencias, motores existenciales, en definitiva, de razones para vivir. 

 

¿Quién de nosotros no ha tenido o tiene etapas de su vida en las que cada día que amanece se convierte en un etéreo nubarrón que impide orientarnos, saber dónde estamos, ver lo que la mañana ofrece de novedoso? 

 

Existen dos momentos donde ese vacío parece querer “llenar de nada” nuestras vidas: La adolescencia y los años de la jubilación. Durante la adolescencia ese vacío pareciera querer ser ocupado con fuertes dudas, incertidumbres, indeterminaciones hacia el futuro, mientras que en la jubilación ese vacío pretendiera ser colmado aliviando el cansancio con una pasiva y tediosa relajación, permaneciendo poco expectante hacia lo que la vida todavía nos puede deparar.

 

Llenar la vida no radica en colmarla de continuos momentos felices, no; llenar la vida consiste en saber encajarla y moldearla con la policromía que los distintos y muy diversos momentos que ella nos ofrece, nos sorprende y hasta nos obliga a aceptar. La vida no tiene dibujada una forma prevista en el futuro sino que es el presente quien la va conformando, dirigiendo, satisfaciendo o defraudando. Llenar la vida no significa tener la permanente sensación de felicidad sensorial. Llenar la vida es saber y querer llenar la inteligencia y el corazón de realidades, de promesas, de sueños y de futuro. 

 

Pesan mucho los vacíos provocados por la indiferencia intelectual y la inactividad física, el sedentarismo y la indeterminación vital. Pesan los vacíos provocados por la ramplonería existencial, el tedio y la vulgaridad emocional. Llenan, alivian, aligeran y tonifican la existencia las ocupaciones, las vocaciones, los cariños y entretenimientos. Llenan la vida los compromisos y esfuerzos, las ilusiones y esperanzas, las tristezas y desalientos…todo aquello que hace de nuestra vida un vibrante y maravilloso motor existencial en movimiento.

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