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Jueves, 15 marzo 2018

VIVIR LA MEMORIA DE LA IGLESIA (Vicente Langreo)

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Cada día y en cada tiempo, la vida  llama a los quehaceres y respondemos según lo que recordamos y vivimos. La memoria guía el comportamiento Hay oportunidades y horas menguadas. Pero en la Liturgia diaria invocamos a Dios, escuchamos su palabra y nos anima recordar la ejemplaridad de los santos. El cristiano impulsa su actividad buscando el bien para sí y para los demás. Pedimos en el Padre Nuestro que se cumpla su voluntad y que nos de el pan de cada día, el perdón de nuestros pecados, no caer en la tentación y que nos libre del mal  En los trabajos domésticos, profesionales y en los negocios, buscamos los bienes materiales y culturales; pero además hay quienes tienen  una misión profesional: el oficio de evangelizar, pastorear, cuidar y llevar al pueblo de Dios a la verdad y al bien espiritual: al conocimiento de la salvación, necesario para  todos. Así en la obra de España en América, los Concilios de Méjico y Lima del  1552 al 1601, especialmente el III de Méjico y el III de Lima del 1585 presidido por santo  Toribio de Mogrovejo, burgalés, fueron quienes marcaron la legislación evangelizadora y administrativa hasta el rey Carlos III, a favor y en defensa  de los indios. 

 


El Papa en su viaje al Perú (Trujillo-20-I-2018) pronunció un discurso a los sacerdotes, consagrados/as y seminaristas, en el colegio Seminario más antiguo fundado en América  Latina:”Sin raíces no hay flores, ni frutos. Nuestras vocaciones tendrán siempre esa doble dimensión: raíces en la tierra y corazón en el cielo. Nuestra fe es memoriosa, esa dimensión deuteronómica de la vida ( ley bíblica) Ni la fe ni la Iglesia  comenzó con nuestro nacimiento, sino del pasado que encuentra la savia  irrigada en el corazón de sus discípulos durante siglos 1) La iglesia vive de la alegre conciencia de  sí una dimensión fundamental, como la que gozaron Juan Bautista y los Apóstoles, que  convivieron con Jesús y recibieron el encargo: anunciar el Evangelio y bautizar a todas las gentes. Y a los consagrados, sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas  se nos pide  no “aflojar” en la tarea “evangelizadora” Hace bien saber que no somos el Mesías.  Debemos ser humildes y “memoriosos”, no auto-referenciales ni superiores a los demás. El remedio está en hablar con Jesús y María; eso da la alegre conciencia de sí

 


. 2) La hora de la llamada de Dios, a veces la olvidamos. “Es necesario dejarse mirar por el Señor y escucharle. La oración es lo más valioso que tiene una persona consagrada: la mirada del Señor No desprecien la oración casera porque es la más fuerte. ¿Cómo enseñar a otros si los consagrados no lo hacemos? La conciencia agradecida agranda el corazón y estimula a la acción, y el pueblo valora al que lo sirve con  alegría  3)  Esa alegría  es contagiosa si es verdadera, como experimentaron  los seguidores de Jesús al ver donde vivía  No es bueno el aislamiento sacerdotal. El  Señor da la plenitud  de sus dones. Quienes ejercen la autoridad hacen  bien cuiden a sus hermanos  sin autoritarismo, manteniendo la memoria y el diálogo entre los jóvenes.

 


 S Juan de Ávila Patrono del clero  español, creó 15 Colegios sacerdotales en el s,XVI y promovió los Seminarios según el Concilio de Trento, para la  reforma de la Iglesia con un clero más culto y espiritual.. Desde el s,XIX, el Santo Cura de Ars, es patrono de los párrocos. Movilizado para la guerra en España, perdió contacto con su unidad y como prófugo y tuvo que ocultarse.  Ordenado a los 32 años, ejerció cerca de Lyón y luego párroco em Ars desde el 1818. Estudió con gran esfuerzo, pero humilde y  dócil a los dones del Espíritu, fue consciente de vivir para poner en práctica lo que Dios quería de él. Así Restauró la Iglesia de Ars, promovió la catequesis y la predicación,  asombrando a los Doctores y dedicaba muchas horas diarias a la confesión. Murió el 9 de Agosto del 1859 mostrando lo que Dios puede hacer, con un sacerdote humilde, viviendo la memoria de la Iglesia.

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