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Viernes, 16 marzo 2018

PENSANDO EN EL MUNDO ACTUAL (Vicente Langreo)

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Se dice que de política, de religión y de sexo hablamos y opinamos todos; pero hoy la economía pesa  y manda mucho en nuestra sociedad. También lo religioso está  en todas las culturas, y en el cristianismo hay unos principios, valores, mandamientos universales y consejos evangélicos, que parten de la ejemplaridad de Cristo y que han sido el ideal proclamado y asumido por los santos: los mandamientos referidos a Dios y al prójimo y los consejos para seguir a Cristo, buscando su imitación y testimonio. También enseña la Iglesia para todos, los peligros y tentaciones que nos seducen, como raíces del mal: la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza; pero como fuerzas para el bien, tenemos la fe, la esperanza y la caridad; y las virtudes o fuerzas morales para hacerlo: la prudencia, justicia, fortaleza, templanza y humildad. Y en la vida familiar y social debemos vivirlas, practicando las obras de  misericordia.

 


Tanto el capitalismo como el anticapitalismo, su contrario, necesitan crecimiento económico por las demandas y necesidades humanas, en aumento del consumismo  que crece. El aire espacial, el agua de continentes y de mares inmensos, fuentes de vida, sufren una contaminación progresiva y preocupante por la explotación humana. Y si hay una ética médica para el hombre, deberá haberla  también al emplear los recursos  naturales necesarios para la humanidad. Estamos en un capitalismo y anticapitalismo imparables; entre los Estados Unidos y la Unión Europea,  frente a China y Rusia; y todos tenemos el mismo desafío: por una parte erradicar la pobreza en África y en otros continentes y por otra defendernos  del hambre y de las secuelas negativas del consumo ilimitado. De hecho la economía capitalista es como un falso Dios que lo domina todo y desata los vicios, buscando el dominio universal, con la política, las comunicaciones, la tecnología y si fuera necesario con las armas. El crecimiento económico hacia un futuro mejor, se convierten en una utopía  que arrastra y enseña que: cuanto más tengamos mejor viviremos; sabremos descubrir  lo que está bien y lo que está mal, y podremos potenciar o frenar el crecimiento.

 


Pero es fundamental saber dónde están el bien, el mal y la felicidad, si en el ser o en el tener. Y esto echa por tierra la utopía del progreso ilimitado y sin ley, cuando hay una eternidad cierta y posible para  el  hombre. Las ruinas de imperios y civilizaciones  no se deben olvidar; cayeron por sus vicios, y sus riquezas se diluyeron al perderse las virtudes personales y sociales. En nuestro mundo actual tenemos y se nos ofrece, como la máxima referencia a Cristo el Hombre-Dios, que asumió la pobreza para enseñarnos, que no está la salvación en la riqueza, en la ciencia ni en la tecnología. Dios quiere el progreso y que ordene el hombre las realidades temporales según el querer de Dios. (Vatno.. II GS)  No quiere que vivamos todos la pobreza radical de los mendicantes, como S. Francisco de Asís; sino que sepamos relativizar y reducir a penúltimas todas cosas, desde el seguimiento de Cristo, haciendo posible vivir con un sentido de fe, de esperanza y amor, la historia  humana del hombre en cada  tiempo

 


El Papa en el  Perú (19-I-2018) dijo que no debemos despreciar ni descartar a nadie ni naturalizar la violencia.” Los falsos dioses, los ídolos de la avaricia, del dinero y del poder lo corrompen todo; a la persona, a las instituciones y al complejo quehacer del vivir en el mundo”´ La educación cristiana, derivada de la Ley de Cristo y de la gracia de Dios -que nos asiste en todas partes-  permite pedir y buscar los sentimientos de Cristo, como estimulo para atrabajar y producir, para cuidar la creación y construir nuestras vidas desde los valores cristianos; y compartiendo los bienes, que Dios nos permite tener, según la oración del Padre Nuestro- gran regalo de la cultura cristiana-.  Que la Madre de Dios nos ayude a valorar los bienes y a vivir la solidaridad fraternal

 

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