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Lunes, 19 marzo 2018

EL HOMBRE EN EL MUNDO ACTUAL (Vicente Langreo)

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Hay evidencias connaturalizadas que dejan al hombre insensible y sin esperar cambios esenciales, así el realismo actual que se impone, neutraliza ideales humanos, personales, sociales, políticos y religiosos, siempre necesarios y coherentes con el fin del hombre. La Iglesia con experiencia histórica, cultural, humana y espiritual, tiene encomendada  la gran  misión de estudiar los signos de los tiempos, proclamar a Cristo,  ofertar su verdad y defender al hombre, con  el conocimiento de la salvación, siendo a la vez la conciencia crítica de todas las culturas. Y por eso es oportuno recordar la lectura de la Exposición preliminar de la Constitución de la Iglesia en el mundo actual, GS “Gaudium et Spes” según el Vaticano II (1963) La humanidad está viviendo cambios nuevos y profundos hoy, entre las esperanzas del dinamismo creador de la inteligencia y de la técnica, junto a los temores de su propia obra, mientras persisten  el hambre y la miseria. La ciencia y la técnica modifican la cultura y dañan la tierra con cambios profundos. Los conocimientos biológicos, psicológicos y sociales, permiten al hombre conocerse mejor, influyendo con las técnicas y atención a la previsión demográfica. La propia  historia evoluciona con rapidez y apenas  puede seguir su evolución.

 


Existen múltiples cambios morales y religiosos, en las estructuras recibidas, que afectan en particular a los jóvenes, cuya impaciencia los lleva a rebelase y a participar rápidamente en la vida social, perturbando los comportamientos, las formas de pensar y apreciar valores y formas tradicionales. Estas condiciones influyentes también en la vida religiosa, llevan  a la indiferencia y al rechazo hasta la negación de Dios -que hoy no es un hecho raro - al verlo más como una exigencia del progreso científico que impregna la literatura y la vida toda  Hay como un humanismo nuevo en la filosofía y en el arte, en la interpretación de las ciencias, de la historia y de las leyes civiles, que en muchos causan perturbaciones Los desequilibrios del mundo moderno, implican hoy una mutación rápida y desordenada entre la conciencia teórica y práctica, que no logra la eficacia y las exigencias de la conciencia  moral, la especialización  profesional y visón de las cosas, haciendo que aparezcan discrepancias, demográficas, económicas, sociales, raciales e internacionales, por las ambiciones económicas y políticas Esto alimenta la desconfianza y las hostilidades, de las que el hombre es causa y víctima.

 


Las aspiraciones  más  universales de la humanidad  Se aprecia la convicción de que el género humano puede y debe perfeccionar la creación, estableciendo un orden político, económico y social - más al servicio del hombre y de cada grupo -y afirmando  el cultivo de su propia dignidad, ante las diferencias en la riqueza y pobreza de las naciones y entre el hombre y la mujer. En esto el mundo moderno es poderoso y débil, con libertad y esclavitud, entre fraternidad y odios amenazantes. Los desequilibrios que fatigan al mundo, hunden sus  raíces y limitaciones en el corazón humano, sintiendo a la vez deseos  y  llamadas a una  vida  superior, frente a tantas  discordias originadas por lo material, y que oprimidos por la miseria, claman por una liberación plena y verdadera.

 


Al fin llegan los interrogantes  más  profundos- ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal y de muerte, que persiste a pesar tantos esfuerzos? ¿Qué valor tienen las victorias logradas con tan alto precio?¿Qué puede aportar el hombre a la sociedad, qué puede esperar de ella? ¿Qué hay después de esta vida temporal? Y esta  es la respuesta. La Iglesia cree la Iglesia que Cristo muerto y resucitado, nos da su luz y su fuerza por el Espíritu, mostrando ayer hoy  y siempre, que” El misterio del hombre se desvela a la luz del Verbo Encarnado”(GS 22)  Ahí la vocación y dignidad  nuestra.

 

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