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Martes, 20 marzo 2018

La lengua, peligroso bisturí (Fermín Gassol Peco)

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Si comenzara este escrito diciéndoles que en un determinado lugar del planeta las autoridades exigen a sus habitantes como condiciones previas para poder trabajar en él ser vegetarianos y muy simpáticos o en su defecto estar operado de anginas, ustedes no se lo creerían ¿verdad? Bien, bien, pues nada en este mundo es imposible y a las pruebas me remito.

 

Hay noticias que aun leyéndolas en diferentes medios, horas y posturas, sumergen a los lectores en un estado de crisis o trastorno mental transitorio más o menos duradero. Y la pregunta salta por sí misma:¿Cómo es posible que una noticia pueda dar lugar a la alteración de nuestro sistema nervioso? al fin y al cabo deberíamos estar acostumbrados a encajar todo lo imaginable pues un día sí y otro también nos desayunamos con noticias que resultan desde curiosas, raras y paradójicas, hasta otras difícilmente creíbles, irritantes, muy fuertes o directamente demenciales. Y a pesar de ello no nos sucede nada porque la mente como el “gran chicle” que es se estira y encoje, se amolda a las más diversas e inverosímiles situaciones y sorpresas; es la coraza, la costra que nos dan los años.

 

 Pero ante lo que la mente es reacia y no puede ni debe claudicar es ante las noticias estúpidas e irracionales, pues contra lo absurdo la mente sufre un profundo desajuste haciendo imposible la posibilidad de encajarlas.

 

  ¿Y de dónde pueden venir semejantes noticias? ¿Qué informaciones pueden resultar tan desatinadas, producto de la hilaridad o visceralidad? Pues del único ámbito de donde pueden nacer, de la política y en este caso y más en concreto de la política desarrollada sobre sanidad en las islas Baleares donde se exige a los médicos el conocimiento de la lengua catalana para poder ejercer la profesión en aquella preciosa Comunidad. 

 

La lengua, es verdad, siempre ha sido un elemento muy discriminatorio. Cuan afilado bisturí, ha discriminado al necio del sabio, al insensato del prudente, al charlatán del orador, al mentiroso del veraz, al arribista y sectario del político con mayúsculas. 

 

La lengua, último eslabón del engranaje de lo que la inteligencia elabora, se convierte en juez, testigo y a veces como en este caso prueba de cargo de lo que algunas mentes encierran, sectarismo y nebulosa o quizá ni eso.

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