Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Miércoles, 21 marzo 2018

En el día del síndrome de Down (Fermín Gassol Peco)

Marcar como favorita Enviar por email
BLOGS | ELDIAdigital 0 Comentarios

 

Noviembre  2014. Charo da a luz una niña que hoy corretea llena de vida por el parque. Junio 2014, tras una consulta en el hospital y realizarle unas pruebas…el médico de turno le dice que el feto entra dentro de los parámetros del factor de riesgo suficiente como para poder abortar si lo desea… 

 


Hoy Charo es feliz junto a su hija, mientras sigue cuidando, ocho años ya, durante unas horas cada día de una manera espléndida a mi ahijado y hermano Ignacio, síndrome de Down, el mismo “pecado” por el que unas tablas legales iban a condenar al feto de sus entrañas a no nacer. Que Dios le premie su valentía y arrojo y sirva de testimonio, que para quien escribe, vivido tan de cerca, ya lo ha sido. Yo, en nombre de mi hermano y en el mío propio, también se lo agradezco.

 


El aborto hoy parece ser, en símil gramatical, como un sustantivo vinculado de manera errónea y grave, a muchos apellidos. Término cuan personaje de importante abolengo del que se quiere participar y copiar su identidad. Lo abanderan partidos políticos en mayor o menor grado como extremo importante en sus programas, como mercancía política, lo exigen de distintas formas algunos colectivos feministas, aunque bien es verdad que no todos. El aborto parece haberse convertido en preciado reclamo para lograr votos. El aborto como cuestión política, social, ideológica…dejando de lado o ignorando la verdadera dimensión de fondo, el aborto como un dramático hecho vital.

 


Las cifras de abortos reconocidos oficialmente en nuestro país, sinceramente impresionan. Su dinámica y la corta edad en las mujeres que lo practican resultan ser más impresionantes todavía. Dado su número, ¿Quién puede creerse que mayoritariamente lo sean por problemas de salud, violaciones u otras causas que “justifiquen” de manera clínica o jurídica esta práctica? 

 


La respuesta está en la conciencia de cada una de las personas que deciden practicarlo. Pero ¿no tendrá nada que ver en el resultado final de tan elevada cifra la ausencia de una perspectiva transcendente en quienes los padecen para el lucrativo negocio de las clínicas y médicos que los practican?

 


La aceptación social del aborto creo, responde a dos extremos: el primero a una paulatina deformación y olvido interesado de considerar al feto como un ser vivo y verlo únicamente como una parte más del cuerpo de la mujer; y segundo, ser un obstáculo que entorpece el futuro de quien engendra. 

 


Hace unos años existía una prudencia mental a la hora de considerar algunos casos en los que abortar. El más comprensible el motivado por una violación. En cualquier caso yo pensaba que el aborto constituía un hecho muy traumático para cualquier mujer que decidía someterse a él por ser consciente de estar eliminando al ser vivo que había engendrado y sigo pensando lo mismo. 

 


 Sin embargo veo con mucha preocupación y profunda tristeza que para determinadas mujeres abortar resulta algo tan intrascendente como extirpar un quiste más o menos grande alojado dentro de sus vientres. Al menos eso es lo que parece cuando se manifiestan de una manera entre desenfadada y burda, a veces agresiva. Lo que no sé es, si cuando lo hacen se refieren a ellas mismas o a otras mujeres, que la cuestión es radicalmente distinta.

 


Derechos de las mujeres a abortar. El feto como un objeto extraño que aparece como una parte más del cuerpo, propiedad exclusiva de la mujer. Esta es la aberrante cuestión; considerar al embrión, no un ser vivo que tiene su origen en un hecho que en el más prosaico de los casos trasciende y supera a la mujer, pues ella a solas sin el recurso del hombre no puede engendrar, sino considerarlo como una simple cosa. 

 


Y la pregunta humana, primaria, básica, natural, ¿Dónde están, dónde quedan, quien defiende el derecho de los no nacidos a seguir viviendo y que no pueden expresar, ni conseguir? ¿Dónde contemplan estas abortistas los derechos de unos seres vivos que están engendrando? ¿Dónde queda la tendencia natural de la madre a defender a toda costa, como es el caso de los animales, la vida que lleva dentro? Porque un feto, no es un grano. Quien  piense así tiene ante todo un problema que no es de origen cultural, jurídico, religioso, político, social, o moral, sino un gravísimo problema de honradez y verticalidad mental. 

Acceda para dejar un comentario como usuario registrado
¡Deje su comentario!
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
eldiadigital.es
eldiadigital.es • POLÍTICA DE PRIVACIDAD Y COOKIESAVISO LEGAL Mapa del sitio
© 2018 • 2010 Todos los derechos reservados. Información de agencias: Europa Press
Powered by FolioePress