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Viernes, 23 marzo 2018

La prisión permanente revisable (Fermín Gassol Peco)

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Entre los múltiples productos que las entidades financieras ofrecen hoy a sus clientes se encuentranlos fondos de inversión garantizados, se trata de inversiones que suelen tener una duración de bastantes años. Se denominan así porque garantizan el valor de las participaciones suscritas al finalizar su plazo, dicho de otra manera, el dinero invertido. Unos fondos donde las disposiciones anticipadas llevan asociadas fuertes comisiones de penalización, debido a que el fondo se nutre a su vez de complejos activos muchos de ellos a largo.Pues bien, parahacerlos más atractivossuelen presentarlas llamadas “ventanas de liquidez”;unos días concretos que figuran incluidos en el folleto informativo, en los quese puede rescatar parte o todo el dinero, eso sí,al valor que presente la participaciónen ese momentopero sin aplicar ninguna penalización; decir que rara vez su valor en esas fechas está por encima del inicial pero el banco lo vende como una posibilidad de salida, si bien casi siempre de emergencia. Existen también otros productos parecidos como la deuda perpetua o las tristemente célebres participaciones preferentes en las que la fecha de reembolso del dinero invertido es decisión única de la entidad depositaria. 

 


A buen seguro les habrá sorprendido, también desorientado, que inicie este artículo haciendo referencia a un tema que para nada tiene que ver con el título. Pero me he permitido este extenso prólogo porquela tan traída y llevada prisión permanente revisable me resulta algo parecido. Y es que por deformación de la que fue mi profesión durante muchos años, mi subconsciente así me las ha asociado. Supongo que ustedes también lo hilarán.( Y ya de paso, si no saben en que consiste esta forma de inversión, queda explicada)

 


Para empezar, quiero dejar claro que no me gustan las condenas, ni las largas ni las cortas. Quizá sea consecuencia de la imagen de un hombre esposado al que vi por casualidad en mi niñez y de las experienciasmantenidas en el día de la Merced cuando un grupo de jóvenesíbamos cada año a la antigua cárcel provincial situada en la Ronda para participar en un festivalanual junto a los reclusos. El ruido de los cerrojos y el olor de los camastros aesparto y enea…aún lo tengo metido en los oídos y la pituitaria. 

 


Sobre lo que debe ser una cárcel existen dos opiniones, algunas muy doctas, que están encontradas. La primera defiende que debe ser un lugar de reinserción, de esperanza social. La segunda lejos de la anterior, un lugar donde pagar la culpa, así sin más. Pues bien, mi opinión cabalga más a lomos de la primera pero sin dejar de poner un pie en el otro estribo. 

 


En una sociedad garantista de los derechos ciudadanos, el delito debe ser frenado, de lo contrario nos encontraríamos en un escenario de injusticia y peligro personal y social, que es lo que defienden los segundos. Sin embargo, la sociedad tiene la obligación de procurar y articular mecanismos para la rehabilitación y reinserción de las personas que delinquen, extremo que responde a la primera postura que yo humildemente corroboro y apoyo. 

 


En muchas y viejas democracias la prisión perpetua,revisable o no está implantada desde hace tiempo. Como es lógico su aplicación se limeita a muy determinados y gravísimos delitos. En nuestro país se ha establecido la prisión permanente revisable y me permito recordar que sería a modo de esas ventanillas de los fondos de inversión a las que más arriba aludía. 

 


La prisión perpetua no me parece justa porque elimina toda posibilidad de esperanza,de dar al delincuente una segunda oportunidad tras un verdadero arrepentimiento y rehabilitación. A esto, insisto, muchos contestan señalando que la prisión no es una escuela, sino un purgatorio…y no pocos dirán además que las víctimas mortales tampoco han tenidoesa segunda oportunidad.Para aquellos casos sin embargo en los que se dé el arrepentimiento y la rehabilitación, está precisamente la condición de revisable.

 


Sin embargo, a la hora de estar o no de acuerdo con ella, se olvida, creo que de manera interesada tanto esa condición de revisable como el triste hecho de existir personas que no pueden estar en libertad pues, una vez salen vuelven a delinquir con los mismos y gravísimos delitos por los que entraron en prisión. Porque existen tipos de delincuentes de imposible rehabilitación a decir de médicos, psicólogos, psiquiatras tales como los violadores y asesinos en serie, o los sicariosy narcotraficantes que no van a la cárcel por un delito puntual sino por querer hacer de sus vidas una profesión permanente gravísimamente delictiva, estando incluso beneficiándose de permisos carcelarios.

 


Lo que resulta alarmante y poco riguroso con la equidad jurídica y calidad moral, es la visceralidad con que parte de la ciudadanía sentencia después de someter algún caso a un particular juicio sumarísimo mental; muy reciente y actual es la “sentencia”que ya han dictado sobre la asesina confesa del niño Gabriel.

 


Y peor aún por su trascendencia, la actitud de los partidos políticos. Su postura queda reducida a ir contra ella, no por razones técnicas o jurídicas, sino por decir simple y llanamente no a lo establecido por el partido rival. Sumamente esclarecedora es la postura de un dirigente que defendió la cadena perpetua sin posibilidad de revisión en un país hispanoamericano y aquí sin embargo se opone. O ese otro partido que ha votado por su derogación cuando más del setenta por ciento de sus votantes la quieren vigente.

 


Triste, muy triste lo que me decía un funcionario de prisiones durante una visita que realicé a una prisión. Hay reclusos que en la cárcel se comportan de maravilla, pero en cuanto salen en libertad…parecen otras personas. Es ahí en su reeducación donde hay que actuar fuera de toda duda.

 

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