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Martes, 3 abril 2018

POPULISMOS: POCO ARROZ Y MENOS POLLO (Por Fermín Gassol Peco)

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“El populismo ama tanto a los pobres que los multiplica”, Mariano Grondona

 

[Img #271329]El arroz siempre ha sido un alimento al alcance de todo el mundo. Pero el arroz a solas, hervido, sin un sabroso caldo que lo anime es algo demasiado soso que únicamente sirve para ayudar a regular las tripas sueltas pero y poco más. En otras épocas, un buen pollo de corral era el tesoro mejor guardado en muchas casas. Añadido al arroz como plato cumbre de muchos hogares en las fiestas, resultaba y sigue siendo todo un manjar.

 


Cuentan que en cierto pueblo de nuestra provincia hace muchos años vivía un simpático “tartaja”;  siempre que su madre, viuda ella, le ponía para comer arroz con pollo el tartamudo decía: ¡Que ri,ri,rico está en arroz! pero el tío no se comía más que el pollo. 

 


Pues bien, a los populismos podemos definirlos de manera coloquial como una inmensa caldereta de arroz con pollo. La base de este plato tan sabroso los granos de arroz, la  ciudadanía y aquello que le da la sustancia es el dinero público; el pollo. Así resulta que todos podemos disfrutar de ese sabor intenso y homogéneo tan especial que el pollo confiere al arroz. Pero mira tú por donde existen algunos comensales que mientras hablan y hablan distrayendo al personal meten la cuchara en el caldero y sólo trincan trozos de carne mientras lanzan exclamaciones alabando lo rico que está el arroz. Y como  los demás no están en ese detalle, todos siguen comienzo arroz tan contentos. 

 


Pero sucede que conforme pasa el tiempo y las cucharadas, algunos empiezan a pensar a dónde demonios ha ido a parar ese pollo que al principio estaba en la caldereta y del que no han probado ni un bocado. Es entonces cuando comienzan a mirar alrededor y pueden observar que los huesos están ahí más limpios que una patena pero en los platos de los aprovechados. Para entonces ya es tarde. Al final el arroz cada vez está más espeso haciéndolo incomible mientras las tajadas y las sopas ya están haciendo la digestión en la barriga de unos cuantos. 

 


Para aquellos que se comen el arroz es una desagradable y tardía sorpresa, pero para los que se han comido el pollo, algo indiferente. La diferencia que existe entre el abuso del tartaja con su madre y el de los comensales invitados salta a la vista. El primero come en su casa pero los segundos están jalando en la plaza pública.  

 


Cuando en una sociedad las circunstancias y las posibilidades son tan grandes, cuando la caldereta social tiene esas enormes dimensiones, cuando la cantidad de comensales hace que no se pueda ni saber los que somos, la tentación de algunos en cada “cucharada y paso atrás”, es la de trincar el pollo y dejar el arroz para que se lo coman los demás. 

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