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Miércoles, 11 abril 2018

ESE TIEMPO AL QUE OPRIMIMOS Y SIN EMBARGO APELAMOS (Por Fermín Gassol)

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Cuando dos personas hablan habitualmente del tiempo muy probablemente pocas cosas más tienen que decirse. Socorrido tema de conversación recurrente para muchos encuentros de urgencia, de compromiso inevitable, idóneos para situaciones donde el intelecto no pretende ni necesita complicarse. Sucedáneo de los silencios más profundos.

 

[Img #272740]Sin embargo no pretendo referirme a este tiempo de conversación climático hoy tan habitual con las lluvias caídas, ni al concepto del tiempo resultante de una ecuación física. Tampoco al tiempo como cuarta dimensión. No es éste sitio para hacerlo. El tiempo al que quiero referirme es al tiempo vital, al tiempo como medida de nuestros días; de nuestros lunes, de nuestros martes…sábados y domingos. 

 

Las cosas, llevan su tiempo decimos; frase cotidiana donde las haya. El tiempo como medidor exacto, como compás de espera activa para que las cosas puedan terminar siendo lo que han de ser. Los hombres, cada uno de nosotros, también necesitamos tiempo. Nuestra naturaleza no admite “atajos”. Cualquier ocurrencia, el invento es algo más serio, para “adelantar” lo que el tiempo no ha resuelto, acaba deformando el aspecto resultante del “ser preconcebido”. Nuestra civilización actual tan proclive a lo inmediato, busca denodadamente continuas fórmulas para recortar el tiempo en la consecución de las cosas. La finalidad de esta dinámica es procurar que el hombre pueda hacer otra cosa cuanto antes, y una vez finalizada ésta, proseguir sin tregua con la próxima. Es la economía del tiempo. 

 

Estas pasadas Navidades un amigo, ejecutivo en una empresa privada comentaba: he cumplido sesenta años y tengo la sensación de no haber comenzado. No he tenido tiempo. Paso todo el día trabajando, decidiendo, ordenando, resolviendo, ultimando, pero no he empezado nada. Este es el tipo de  hombre que la sociedad positivista y pragmática quiere; un mero finalizador de tareas, cada vez de más tareas, un gran sprinter en todas las carreras sin importar la distancia recorrida. Un especialista del “ahora mismo”, porque para hoy ya es tarde. Es ese tiempo que nos falta para ese tiempo que al final, nos sobra. Es un tiempo al que oprimimos, un tiempo que no importa, un tiempo al que ignoramos. 

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