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Miércoles, 18 abril 2018

EL HOMBRE SOCIALMENTE RESIGNADO (Por Fermín Gassol)

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

Siempre existieron palabras o frases que se repitieron de manera cotidiana a través de la historia reciente a modo de colofón en muchas conversaciones; frases como “la vida misma”, “que le quiten lo bailao”, “más se perdió en Cuba” y tantas otras. Pues bien, como no, actualmente somos proclives también a sacar palabras o frases que apostillan entrevistas y diálogos; frecuente es decir hoy por ejemplo al acabar una conversación, ¡¡venga!! …que uno no sabe si es un ¡ya está bien de entretenerme, corta ya! o algo sin sentido, así sin más. Pero existen otras frases que tienen cierta carga de profundidad, que denotan estados de ánimo, actitudes mentales ante los hechos que la vida nos trae, realidades de la vida misma. Hoy es muy frecuente acabar una conversación sobre un extremo que supone conflicto o problema que no es de nuestro agrado con un encogimiento de hombros a la vez que decimos lacónicamente: “Esto es lo que hay”…

 

Pues bien ¿Qué pretendemos significar cuando utilizamos esta expresión? ¿Resignación, aceptación con lo que nos viene o tenemos encima, tragar a regañadientes con lo que otros deciden? La frase denota desde luego cierta impotencia, cierta complacencia involuntaria para querer justificar el no poder cambiar lo que no nos gusta o con lo que no estamos de acuerdo.

 

Pero la pregunta surge entre espontánea y lógica ¿Por qué? ¿Por qué en un mundo de libertades existe el sometimiento de pensamiento y de acción? ¿Por qué existen las “dictaduras en el comportamiento cotidiano social, político, económico, familiar”? De manera habitual todos nos encontramos en situaciones con las que tenemos que convivir  como si fueran las más normales del mundo y que no siéndolo ni de lejos, responden al conocido y popular “ajo y agua”; nadie sabe porqué las han impuesto, aunque si conocemos quienes han sido y cómo lo han hecho.

 

Cada uno sabrá cuáles son sus claudicaciones más o menos voluntarias, “las particulares bajadas de pantalones existenciales que tiene que soportar a diario”. Atilas del comportamiento  familiar más tirano hacia las personas mayores por ejemplo, hacia las normas más básicas de comportamiento, hacia la integridad mental y física, claudicaciones ante la falta de honradez política y la corrupción económica, ante la lógica y sentido común, ante la salud y sobre todo ante la vida. La frase “esto es lo que hay” suena, sabe y huele a una alarmante falta de espíritu revolucionario, a un amargo consentimiento de que unos sigan pisando a los otros, a que unos pocos engallados se impongan a otros muchos acoquinados.

 

El mundo necesita una revolución de agua limpia, luz blanca y letras claras, una revolución en la naturaleza de la inteligencia y los sentidos, donde todo sea más nítido, donde cada día haya más hijos de la luz y menos de la noche, más oxígeno y menos humo y niebla en las mentes, más inocencia en las acciones, más bonanza en el horizonte, más verdad y menos mentira. El sometimiento sicológico y vital a las personas no necesita de metralletas, ni bombas racimo para imponerse, basta con implantar la negación de los argumentos racionales más básicos, pisándolos con las botas de la ignorancia y suficiencia.

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