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Viernes, 20 abril 2018

CUIDAR HOY LA ESTRATEGIA VOCACIONAL (Por Vicente Langreo)

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Es una necesidad real ante la escasez de vocaciones en nuestro tiempo. Como en todo no hay vocaciones sin familias que acogen a las personas y las disponen a elegir su camino en el tiempo oportuno. A mayor libertad de elecciones más necesaria es la educación y ser impactados por la realidad  de Dios, ordinariamente lo es desde el inicio de la adolescencia. Aunque la religiosidad está devaluada frente a las ofertas mundanas, el ser impactados, por buscar sentido a todo, la significación el sacerdocio y la vida religiosa, es gracia e invitación de Dios que hay que cultivar  y cuidar. Es evidente la crisis vocacional al sacerdocio y a la consagración a Dios.

 

Exige desarraigarse de la familia, del estado normal de vida, dedicarse a Dios en un mundo indiferente y hostil, y encauzar la  existencia a lo único necesario: creer y amar a Dios, y ser referencia suya en la sociedad. La libertad, el bienestar y el éxito personal, son las instancias normales. Dedicarse a Dios es como una cierta expropiación. Es necesario hacer frentes a muchas resistencias extrínsecas: El sacerdote, el religioso y la vida religiosa están devaluados, evangelizar no es una empresa  lucrativa. Pero es un quehacer que proyecta sobre todas actividades y ciencias humanos un conociendo de salvación “locura según criterios mundanos y sabiduría de Dios desde la fe” Por eso debemos convencernos de que el Espíritu sigue suscitando carismas, que enriquecen y desarrollan a la Iglesia. Y en las comunidades  cristianas hay que seguir trabajado, según el Vaticano II, con la presencia, el testimonio y el trabajo de las personas  consagradas, cada vez más necesarias.

 

Hay unas resistencias  intrínsecas que diferencian la vocación  de los sacerdotes y de personas consagradas: Es iniciarse en un compromiso para siempre, dejar otros caminos y  oportunidades, y se necesita acompañamiento para afirmarse en la meta que se ofrece. Luego superar incertidumbres y afrontar la lucha interior, desde una cercanía de Dios en la oración, de modo que cuanto más costoso sea el cambio hacia Dios, más se fortalece ante los peligros futuros. Quizás quienes casi sin lucha dicen si pronto, luego quienes inicialmente dicen no, toman la azada  y acuden a la viña del Señor. Lo importante es  mantenerse en  el ecosistema orientado a la elección, hasta encontrar el ideal y afirmarse en la voluntad  de  Dios, como  esperando al “momento de la verdad”. Quizás esto explique en parte no pocos abandonos y secularizaciones de quienes se sentían seguros, sin haberse afirmado en la  motivación, en la constancia y la fidelidad.

 

La promoción vocacional necesita presentar modelos ilusionados con el carisma de dedicación a Dios, ejemplares dentro de la comunidad, que sirvan a Dios y al bien de la Iglesia. Este es un trabajo hacia dentro; pero requiere también proyección hacia fuera: hacernos comunicables en el entorno de nuestra sociedad en tiempos fáciles y difíciles material y espiritualmente. Implica sentirnos como alguien donde Dios toma el mando sin disminuir nuestra libertad sabiendo defenderla como verdad que orienta y fortalece. Esto requiere acompañamiento espiritual periódico; el examen de cada en la oración; unos apuntes espirituales como diario; y tiempo de consolidación y madurez. No es fácil encontrar en las comunidades  y seminarios personas disponibles y con el carisma adecuado. En definitiva consagrarse a Dios es como salir de la propia tierra y del modulo común de las personas, expropiarse, con los consejos  evangélicos y el ideal evangélico: presentase como los que han conocido y creído en el amor de Dios, y  han recibido el ministerio o carisma  de comunicarlo. Esto supone una actitud de soltar lastre  en cada tiempo como entrega  de  la  vida. El individualismo y el bregar contra corriente de la libertad absolutizada, es la muralla que hay que saltar cada día. Esto supone abnegación y disponibilidad creativa. Certeza ilusionada porque el Señor nos acompaña Y confianza porque antes, ahora y siempre el Espíritu  llama y da sus dones.

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