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Sábado, 21 abril 2018

VERDAD, EDUCACIÓN Y CREENCIA EN DIOS (Por Vicente Langreo)

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Son tres realidades esenciales para orientar a las personas y a la sociedad del mundo global en que vivimos. La sociedad nuestra hoy es exigente y competitiva, con peligro de dispersión y de perderse, ante un pragmatismo de eficacia económica, que arrastra y seduce a las familias y a las personas, con una vaciedad que desorienta tras el espejismo del bienestar y del progreso tecnológico y acelerado.. Sobre las clásicas cinco partes del mundo en la Geografía, hoy se perfilan grandes culturas: cristiana, islámica, del budismo e hinduismo en las grandes naciones asiáticas y africanas; y se habla menos del I, II, y III mundo, existentes. La tecnología con las comunicaciones, avanzan más que los valores espirituales y  morales que necesitamos todos para vivir.

 


Europa como nuestro espacio común, tras la herencia grecolatina y cristiana y la experiencias de divisiones y luchas, del s.XX, ha celebrado el Tratado de Roma del 1957; y ante los peligros de su descomposición, en La Sorbona ( París 26 - IX- 2017)  y Davos (24 -II- 2018) son ahora los políticos y economistas, quienes han  recordado, como metas a conseguir con fidelidad, el saber traducir creativamente los fundamentos de nuestra cultura, expresando en ella lo más significativo del ser humano. Si Europa  ha sido un continente con nobles contenidos e ideales, tiene que seguir orientando a las nuevas generaciones. Y por ello es oportuno  tomar los puntos fundamentales recogidos de la “Revista Española de Pedagogía” por su director el catedrático A. Ibáñez-Martín, señalando que la refundación de Europa, exige como camino el reconstruir la educación.

 


Esta es una exigencia primordial para convivir en paz y recobrar la esperanza, antes que la economía y la explotación de los bienes  de la tierra, que son limitados. Los objetivos de la educación para Europa, deben tomarse en serio y por delante de la competitividad.

 


​1- Amplitud de horizontes. Reconocer la globalización, sin dejarse engañar por los nacionalismos ni del poder estatal; saber afrontar las dificultades y huir de promesas y de bienes efímeros y recuperar con esfuerzos a los desechados y excluidos por ella.

 

2- Cultivo crítico e inclusivo de la propia identidad- Esto quiere decir que habrá que  abrirse, aprender a enseñar y saber escuchar, sin aceptar todo o desechar lo que nos llega  pero sin borrar cualquier  diferencia  cultural.  3- Amor al bien. Decía Joaquín Costa que las leyes son garantía del derecho, pero ésta no se encuentra en la ley; como  la ley no tenga asiento en la conciencia  de los que han de guardarla y cumplirla, La ley es una ordenación racional al bien común. El educador debe proponer a la juventud, sin imponer una reflexión profunda sobre el bien y  camino para la vida lograda.

 


​4- Capacidad de iniciativa e ilusión y cooperar trabajando por el bien común. Esto implica el trabajar por el bien, mirando a la sociedad con iniciativas de esfuerzo y riesgos, evitando la deshumanización  en bienes y servicios, afrontar los infortunios sin verlos como cansancio ciudadano y forma de conseguir votos. 5-Responsabilidad en la formación para el propio trabajo. Este debe ser vocacional en los jóvenes, procurar una formación continua,  buscando  nuevas  técnicas  y sin repetir las ideas escuchadas.

 

6 – Agudeza para reflexionar sobre los mejores modos para desarrollar los valores de la Unión Europea, como la libertad, los derechos  humanos, la Democracia, el Estado de Derecho  extensión de la Carta de Derechos fundamentales de la  Unión  Europea.

 

5 –Y la dimensión trascendente del ser humano como oferta de sentido es Dios, que nos existe, y  quienes lo escuchan  en su silencio llegan a la conversión, creen, esperan y aman, descubriendo en Él la plenitud y sentido de todo. Los educadores y profesores están llamados a  cooperar a la  formación  integral de los alumnos, sin olvidar a Dios.

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