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Lunes, 23 abril 2018

AFIRMACIONES PARA UN TIEMPO DE BÚSQUEDA I (Por Vicente Langreo)

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

El cardenal Fernando Sebastián en “Memorias con esperanza”(Ed..Encuentro 2016)  señala  unas  ideas  fundamentales  elaboradas  por  él,  tras  las  enseñanzas  del  Concilio Vaticano II y sus experiencias  docentes en la Universidad  Pontificia  de  Salamanca,. Cuarenta años después de la transición  política en  España con  democracia y  con Monarquía, siguen  plenamente  actuales  y  deben  ser hoy  tenidas  en cuenta tres  preocupaciones  percibidas como principales.1) Mantener y fortalecer  la  identidad  religiosa  y  cristiana de  la  Iglesia frente  al  secularismo y eclecticismo. 2) Diferenciar a la Iglesia de la sociedad  civil, de sus instituciones y objetivos- 3) Y fortalecer la   credibilidad  y  la  capacidad  misionera  de  la  Iglesia  frente  a  la  sociedad  española.
 


Introducción  - 1- Desde  el  Concilio y la  transición  española se  ha  visto en la  sociedad, la  necesidad  de  romper  unas  estructuras  sociorreligiosas  desarrolladas y ya pasadas, que exigen descubrir y aplicar  la  libertad  en  lo  social y en lo  político, y autenticidad  hacia el  futuro, a  la  hora  de  vivir  de  nuestra  fe.

 

2 – Para  llevar a  cabo  su  función, la  Iglesia  debe  redescubrir  su  relación  con  Jesús  como  el Dios  viviente y  redescubrir  el  valor  humanizador  de lo religioso  cuando se vive con autenticidad, para una existencia humana que  se  abre a  la  realidad  total del  mundo, sin  cegar ninguna  de  las expectaciones del ser humano; la  confianza en la fe viva y en la  fuerza  del  Evangelio, para  salvar, liberar  y  plenificar al  hombre, ofreciéndole sentido, verdad  y  esperanza; la alegría  desde la  que  se  responde a Dios filialmente y se  ama  a los  demás  hombres, la incondicionalidad y el  realismo con que  Cristo  los  amó; el   valor  para  responder  a  la  llamada  de  Cristo y anunciar su palabra a los hombres, en todas las situaciones sociopolíticas y  culturales: en  resumen, la  esperanza alegre que  no ignora ningún  hecho,  pero  los  vive  todos  ante  Dios: como  unas  actitudes que son  exigencias  primarias  hoy.

 

3 -  El  hombre  es  religioso  cuando  vive  su  realidad y realiza su existencia  ante  el  Misterio  de  Dios, en  respuesta, adoración  y  consentimiento, y desde  ellas  ofrece  a los demás como benevolencia, servicio  y  liberación, lo que  él  recibe de Dios como gracia y  libertad  derivada  de  la  Revelación  de Sí al  hombre y de  la  respuesta que él  le da. En Jesucristo  el  cristiano  reconoce  la  presencia  activa de  la  oferta  salvífica de  Dios. En ella consigue  el hombre su  propia  plenitud viviendo  como Jesús  una  fidelidad  incondicional  a  Dios. Así  la  fe  en Cristo despliega  y  lleva a  plenitud la estructura  personal  y  social  de  la  existencia  humana con  el dialogo filial  y el amor con  Dios  y  con  los  hermanos, como lo  hizo  Cristo. Así  lo  religioso entraña  dimensión  la  dimensión comunitaria  e  institucional, ya  que  la fe  ase  realiza con signos litúrgicos, hechos  históricos  y  formas  sociales.

 

4 – Hay  que hacer  algunas afirmaciones  claras sobre  las  realidades  cristianas  fundamentales, detectar ambigüedades  históricas de  nuestro  pasado reciente. Mostrar  los imperativos específicos de  nuestra  sociedad  democrática, pluralista y secularizada, que  tiene  competencia exclusiva  en  campos,  en los  que  la  Iglesia quiere situarse sin  privilegios y sin negar  su  identidad  y  diferencia, ni evadirse a  una  tierra  de  nadie por  estar  implicada  en  el  tiempo  y en  la  historia, referirse al  mundo  concreto en  que está  insertada. Pero  volviendo a sus  orígenes y sin  renunciar a  lo religioso  y  lo  cristiano para  iluminar  las  situaciones.

 

5 – En  momentos  de  perplejidad  hay dos actitudes: el continuismo y querer   prolongar las formas y valores eclesiásticos pasados; y el desconocimiento de la  historia anterior, esperando que las situaciones  socioculturales  y  políticas  nos  traigan  nuevo renacimiento de la  fe y  nuevos  valores. Frente a  ellas estas  páginas postulan  una  conexión  explícita  con  los  orígenes  fundamentales  y con  la  tradición viva  de  la  Iglesia, junto con  la  libertad  para  una  expresión  contemporánea  significante y que remita  a  la  integración  de  la  experiencia  histórica y  creyente en el  cristiano. Y a  la  vez  pide conexión  lúcida  con  lo  movimientos  contemporáneos  de  conciencia y  acción, referidas  críticamente  a  las  realidades  objetiva y contenidos  de  la  fe, dados  por  testigos  cualificados sobre Jesucristo. Pensar que  la fe  pueda  renacer  más  viva y  verdadera en  un  silencio y distanciamiento de  la  comunidad  creyente no es  posible. Los  caminos por  los  que  Dios  lleva  a su Iglesia no se  pueden  cambiar ni  acortar. Esto es una parte  esencial que  tenemos que  recordar hoy en  la  Iglesia;  en  momentos  posteriores  surgirán  voces ante  otras  situaciones  históricas.

 

 

  Iglesia  y sociedad  pluralista
                                          I
1) La confesión  del Dios verdadero revelado Cristo es fundamentalmente la diferencia del cristiano  en la  sociedad. El nombre de Dios no puede ser  instrumento para  ningún  objetivo por   bueno que sea. El hombre se salva, y salva al mundo cuando por  la  fe  reconoce  a  Dios  como  verdad  absoluta y valor  último  de  su  vida.

 

2) La confesión del  verdadero Dios  es fuente  de  libertad  y de  vida. Adorandoa  Dios el  hombre  afirma su  voluntad  de  vivir  en  la verdad, en  el bien y  la  justicia, se  siente  liberado de  todo  temor, idolatría  o esclavitud y afirmando su derecho a ser  plenamente  centro y  verdadero  beneficiario  de  la  creación. La  fe est imula  a  luchar contra  los  ídolo  y  las  injusticias  que oprimen  al  hombre.

 

​3) No todas  las  situaciones  son  igualmente  justas  para  el  hombre, pero en  ellas, en la felicidad  y  en  el  dolor, en la abundancia y  la  pobreza, en  la  vida y en  l  muerte, el  hombre  tiene  la  posibilidad y la  necesidad  de invocar a Dios y confiar  en  él. Dios nos facultado  y hecho  así  superiores  a  todo  sufrimiento  y opresión. Negar al hombre  esta  posibilidad hasta  no  resuelva  los  problemas  de  la  tierra, o relegarla  a segundo plano, no sirve para resolverlos, sería suprimir la más  alta dignidad  humana, esclavizarnos  y caer en la  desesperación..

 

4) La  persuasión  de la fe  no es  una  forma  de  conformismo más o menos sutil  como una  implícita  legitimación  de  la  injusticia. La  fe  en  Dios  suscita  en  el  creyente deseos  y  compromisos  para eliminar los obstáculos  estructurales  que dañan la  dignidad  humana  y  deforman  la  imagen  de  Dios.
                                                     II
 

           5) La  existencia  personal  de  Jesús  de  Nazarezt tal como  fue históricamente   vivida e  interpretada por  los  apóstoles  y  manifestada por  el  Espíritu  Santo   través de  los  siglos, es  la  revelación  y  donación  suprema  de  Dios  a  los  hombres. No por su ejemplaridad simplemente  ética y su  dinamismo  revolucionario, es absolutamente y tiene  un  valor  definitivo par  los  que creen  en él y lo  invocan  como  Salvador.

 

​ 6) La  única actitud cabal  ante  Cristo es  la  conversión  reconociéndolo  como acercamiento  supremo  de  Dios  a  la  humanidad cuando  quiere  vivir  la  alianza con Dios. Gracias  a la  fe  y a  la  conversión  podemos  entrar  y  mantenernos en la  Iglesia y recibir  el  Reino  de  Dios

 

​7) El  reconocimiento  del  mensaje  de Jesús, con  la fe  y la   conversión,  lleva  consigo  la  aceptación  del sentido  último y  de  los  valores  de  la  vida  humana. Por  la fe  el  hombre  decide  las  coordenadas  fundamentales  y  las  aspiraciones últimas  de  su   vida. Los  creyentes  reconocemos  la  libertad  del  pensamiento y la  vocación del  hombre  a  dominar  el  mundo. Al  situarse  en  unas  dimensiones  de gracia, la fe no  restringe lo que  los  hombres  podemos  comprender, decidir  o  realizar en el  mundo por  nuestros  propios  medios. Lo  único que  la fe  excluye es la  pretensión de interpretar  y controlar enteramente  la  vida  del  hombre con actitudes a  totalitarias, dominando y programando  la  existencia  humana  como  dueños absolutos  de  ella.

 


                                                    III
8) La  Iglesia es una  comunidad  histórica que  acepta  a  Jesús  como  Salvador, por  una conversión de  amor que celebra  comunitariamente  los  sacramentos. No es en su  origen cuestión  de  autoridad   sino  de  libertad. No puede  encontrar  su  identidad sin renuncias  a situaciones desmesuradas ni restringiendo  cualitativamente  a su propia  realidad. Solo los bautizados  que  quieran vivir en  la  conversión son enteramente miembros  de  la  Iglesia; y solo los  aspectos  religiosos  de  la   vida  personal  y  social del  hombre son  el  objeto  propio y  directo  de  su  misión  en  el  mundo.

 

9)  Por  medio  de  todos  y cada uno de los  miembros,  la  Iglesia  continúa en  el  mundo  la  misión de  Jesús. El anuncio del Reino  permite la  conversión y la  reconciliación  para  vivir en comunidad  la fraternidad  y la  comunicación  de  bienes  con  todos  los  hombres. En  la  sociedad  moderna  es  indispensable  recuperar  la  veracidad de  lasa  creencias y  comprometerse  con desinterés  y  esperanza en  favor  de una sociedad  más  justa. Desde  el mensaje  de la  salvación, Ningún  acontecimiento  de  la  historia  puede  dejarnos  indiferentes  ante  la  pasión  y  resurrección de Jesús. La Iglesia  no  puede  ser  neutral ante  la  explotación, las opresiones y las  tiranías.

 

10) La  Iglesia  lee el  Evangelio  y nos  estimula  a  los  creyente  proyectando  la  vida  de  Jesús y  proclamando  la  fraternidad que  nos llegan  por  la  presencia  de  Espíritu   En  la tradición  y  vigencia del  mensaje  de Jesús, aunque se  haga  bajo  el  influjo de de condicionamientos  históricos  y  debilidades no puede  haber corrupciones  completas  ni  formas  completamente  logradas, ningún  pasado  puede  ser  rechazado, íntegramente  mantenido, ni proyecto que  pretenda  romper  con  todo  lo  anterior. Es e  y necesaria  siempre  la  crítica. La  Iglesia  es  tradición  y memoria de  Jesús y una  forma  de  creer en él   cumpliendo  los  mandamientos.

 

11) Como don gratuito de  Dios  a  la humanidad y en la  historia, la Iglesia es de  algún modo contingente. No  puede  abarcar como específicos todos  los  objetivos por los  que trabajan  los  mejores de la  humanidad. Debe sumarse al  esfuerzo  por  la  paz, la  justicia y la  cultura; pero también ser consciente de que si se abandonan  sus   contenidos religiosos,  pierde  su  identidad  y su  razón  de ser como diferenciada dentro de la  sociedad  humana. En lo  personal  se  pierde  la  identidad de la iglesia por  la  oscuridad de los  rasgos  específicos de  la  vida propios de  la  comunidad  cristiana, si se  vive  como  pérdida de  pertenencia  social. Por eso  es  necesario  descubrir lo religioso en  la  vida del  hombre, La  Iglesia  no  encontrará  su  camino sustituyendo su  misión religiosa por otra  social, cultural o política aunque sea, sino redescubriendo la aceptación  de  Dios y de  su  gracia  para  realizar  la vida  humana, rechazando  sus  deformaciones pero no  su forma.
 

 

Su responsabilidad es recuperar el respeto y la estima de lo religioso, patrimonio  común  de  los  hombres. Esto  no  acontecerá sin una atenta  concentración  de  sus  pastores, en  promover  una  Iglesia  libre, de  convertidos, donde  el  Evangelio esté  vigente transforme a los que creen y esperan de Dios la vida eterna. Otros  planteamientos pretenden  que  la  Iglesia  entre  en  la política, aliada  con  el  poder establecido o con los revolucionarios, dejando lo  específicamente religioso en  segundo  plano. Pero si la  Iglesia no  recupera la  confianza  en  sí  misma, no puede subsistir en la sociedad que la necesita como comunidad religiosa de  salvación. Los  políticos  en  el  poder  o en la  oposición la aceptan  cuando  coincide  con  ellos, como fuerza  social. La Iglesia también puede perder su identidad  por encarnación  indiferenciada  o distanciada  del  mundo

 

                                       IV
12) La Iglesia actuando como una comunidad religiosa de creyentes y de convertidos, adquiere mayor capacidad  de testimonio ante  los  hombres,  hacia  dentro  y  hacia  fuera, restaurándose personal  y  comunitariamente, por  la  fe y el Espíritu  de  Jesús. Es absurdo imponer el Evangelio a la sociedad por vías  revolucionarias,  cuando  la  comunidad  de  creyentes surge  por conversión. Una Iglesia poco religiosa y  poco convertida no  puede  aportar  una  contribución específica, vigorosa y auténtica a la  transformación  de  la  sociedad; sería  privar  a  los  hombres  y  a  la  sociedad  de  una dimensión que solo  la  Iglesia puede  aportar  explícitamente  en la historia.

 


​ 13) La  unidad  y consistencia de  la  Iglesia se  funda en  ella  misma, en la  palabra de  Dios  anunciada y aceptada, en la  conversión permanentemente  renovada, en las celebraciones  sacramentales, en la unidad  de  sus  pastores y en la  vida  fraterna continuamente reconstruida  en  nombre  de  Jesús..Pero  los factores sociopolíticos que afectan  a  las  relaciones  de  convivencia  entre  los  hombres, preparan, favorecen  o deterioran  esa  unidad  eclesial. Si  en una  sociedad  concreta, los   cristianos  se  hallan distribuidos  en grupos  sociales  de  dominadores  y  dominados, es  erróneo  conseguir  la  unidad  sin extirpar  las  causas personales  y  estructurales que los  producen. La  unidad  eclesial  no se  reduce  a  una  reconciliación sin  explotadores ni  explotados, pero  tampoco  sin  luchar  por  superar  las  diferencias  que alejan  del  ideal.


                         
                                            V
14) Nuestra  Iglesia  necesita distinguirse del  resto de la sociedad como una  comunidad  religiosa  de  adultos  bautizados, que  quieran   vivir  según  el  Evangelio, dentro de una  sociedad  plurales  y  democrática y apoyarse  estrictamente en elementos religiosos  de  su  identidad: aceptación  del  Evangelio, conversión a Dios, celebración  sacramental  de  la  salvación y  vida  fraterna  en  el  Espíritu  Santo. Y en  lugar de imponer a toda  la  sociedad  sus  criterios por  el  predominio  social o por revolución, los  cristianos  y  especialmente  los  pastores  tienen que construir  la  Iglesia  como una comunidad  de  convertidos y reconciliados que  anuncian  la   bondad  de  Dios y la posibilidad  de  un  salvación   para  todos. Solo  desde  su  propio  ser puede  anunciar la  buena a  quienes  luchan  por  una  verdadera  humanidad.

 

15)  En España  ha predominado  una  excesiva  identificación entre  la  Iglesia y  las realidades sociológicas. El catolicismo era un elemento configurador de la cultura, de la  identidad  social y la política. Y esto ha debilitado  aspectos personales  y libres de  la fe. Contra esto hay  que  afirmar  rotundamente  la  libre  pertenencia  a  la  Iglesia  y fomentar  la  evangelización  y  la  conversión. Solo  desde  la  fe    personal se  puede   vivir libre  y  sinceramente  la  verdad  cristiana, diferente. Hoy  no  tiene  sentido el a  la  imponer a  la  sociedad  una  vida  cristiana. La  Iglesia  tiene  que  aprender  a  no  ser impositiva. El nacionalcatolicismo conlleva empobrecimiento religioso de la  Iglesia  y autoritarismo  político. Entre  nosotros en  los  últimos años se han  puesto  de  relieve  las  contradicciones entre  algunos  criterios  del  capitalismo y exigencias  primordiales del  Evangelio.
Los criterios dominantes en las estructuras capitalistas de producción, no  concuerdan con una vida verdaderamente cristianan y convertida a Dios, ni con la  libertad  humana  para el  bien  común  de la sociedad. Si los  cristianos vivimos  en  una  sociedad capitalista, tendremos  que  exigirnos  una  conducta  coherente con la fe, reconocer  la dignidad de las personas, la  fraternidad  humana  como valor  supremo  de  la  vida y dar un verdadero culto a Dios. El lucro individual no puede ser  nunca  criterio único y dominante para  el  cristiano
   

                                            
                                            VI.
16) La política  debe  ser  reconocida  como un medio  privilegiado  en la sociedad  actual,  para  luchar contra  sus  males y acercar  la  realidad  a los  planes de Dios y  que  el  hombre  se merece. Desde  sus  convicciones religiosas  los   cristianos  tienen  que  participar en  ella  bajo  su responsabilidad  personal, en  grupos y por  medios  más  razonables, eficaces  y  coherentes con  la fe, exigido  por  el  pluralismo  político y  limitado por  la  misión  especifica  de  la  Iglesia, no reducida  a lo espiritual, pero  con autonomía y  racionalidad  de las  ciencias  y  los método  políticos. Ningún  partido  político  abarca por  completo  las  promesas  de  Dios  a los hombres  que  la Iglesia  anuncia  y  promueve. La  Iglesia  no  puede  dirigir  ni  unificar la  política  desde  preferencias que  parezcan más  cercanas al  espíritu  cristino, porque  son  muchas  las valoraciones políticas y sus  objetivos  más  restringidos  que los  de  Dios  en  favor  del  hombre.  

 

17) Los   cristianos  deben  asumir  sus   compromisos  civiles  en  conciencia  y  con  responsabilidad  personal, la  fe  proporciona  motivaciones y  criterios  morales comunes, que  deben ser  coherentes  con  las fidelidades  religiosas  y  racionales, con  el  con las  situaciones  lo  métodos  y  las  posibles y  legítimas  diferencias. La  Iglesia  no puede  imponerle  ninguna  determinación  en  asuntos  temporales, pero si  exigirles  vivir  sus  propias  opciones que  no hagan  incompatible  la verdadera fraternidad entre los  creyentes ni nieguen las  preferencias  y  objetivos  del  Evangelio  para  celebrar  en  actitud  de  penitente  conversión  la  comunión  fraterna la  Cena  y el Sacrificio  del  Señor. Ninguna ideología  ni opción de  clase es aceptable por  los  cristianos contra la  Eucaristía que  impida  darse  el  abrazo  de  la  paz.
 

                                               VII
18) No  pocos  cristianos, que ven  incompatibles  las  estructuras  capitalistas  y la realización  de  una comunidad fraternal  universal, optan  por  el  socialismo, como  alternativa  global y opuesta  a la  sociedad  capitalista. Teórica y  globalmente  es posible detectar  convergencias  entre  objetivos  del  socialismo y las exigencias  éticas de  la  vida cristiana. Las  satisfacciones  personales y comunitarias en  lugar del lucro privado; la  abolición de formas de explotación y  opresión  con  estructuras  opuestas; la discriminación clasista; la acentuación del carácter comunitario del  hombre, solicitan la atención  del  cristiano,  que  quiere  ser  fiel  al  seguimiento  de Jesús. Con  todo sería  peligroso  desconocer el  pluralismo  de  opciones del  socialismo en las  que  hay  afirmaciones  incompatibles  con la  fe  cristiana. La autonomía  del  cristiano  para  la  construcción del  mundo tiene límites ante los  programas  políticos, que  necesitan una revisión critica frente a  los  contenidos de la fe. La  salvación  cristiana  trasciende, asume  y  estimula  las  aspiraciones  y  realizaciones  humanas, habrá  convergencias; pero  para  el  cristiano  la  racionalidad  no tiene la  última. La  Iglesia  es  más que la  reunión de  los  que  se identifican en un  mismo  proyecto  social

 


19) Hay  que  afirmar,  que  la  Iglesia debe ser  más  una  comunidad  real,  en la  que se  viva  personal  y  socialmente  el  Evangelio, más  allá  de  las  exigencias  de  las leyes civiles y de las costumbres del entorno, de modo que aparezca como ejemplo vivo de vida  humana  reconciliada, libre y  liberadora, siendo  a la  vez  crítica y  estímulo  para  la sociedad. Y aunque la  Iglesia  no  puede  identificarse  con ninguna  institución  humana ni con  ningún  objetivo  histórico, tiene  que  trabajar  y testificar en  favor  de  un  proceso de  humanidad  en  espera  del Reino  de  Dios, encontrándose  con  todas  las  fuerzas  nobles  que  mueven la  humanidad, pero  a  distancia  y  libre  para  criticar lo que  no  esté  abierto  ni  orientado  a  la  plenitud  final, como en  espera  del don de Dios  a  los  hombres  de   buena  voluntad. Los  cristianos  bajo  su personal  responsabilidad, tienen  que  trabajar, por todos  los  medios  posibles  y  legítimos, a favor  de la humanización   de  la  sociedad, pensando  que  cumplen  los mandamientos de Dios, santifican  su  nombre  y  preparan  la   venida  de  Reino de Dios.
Por todo  ello, hay  que  reconocer los  esfuerzos  por independizar  a  la  Iglesia de las  vinculaciones  sociológicas  y  políticas  que le  impiden  realizarse a  si  misma auténticamente como comunidad  creyente y  ejercer  su  función  crítica de los aspectos pecaminosos  y  deficientes  en  la  sociedad, y función  estimulante y anticipativa  en  favor  de  una humanidad  más  justa  y  fraternal. La  Iglesia  debe  mantenerse siempre  en  unza  dolorosa  dialéctica  con  la  sociedad  entera, pero  sin dejarse  envolver  por los polos dialécticos en que vive disociada la humanidad. Dejaría de hacer sus funciones específicas  al  conjunto  de  la  sociedad  y  de la  historia.

 


20)  Los  ministros  en  la  Iglesia  son  escogidos  y consagrados  para  dirigir  la  vida  religiosa  de  los  creyentes, estimular  la  fe, presidir  sus  celebraciones, expresar y mantener la  unidad de las  comunidades, sin  perjuicio de  corresponsabilidad de  los miembros  del  Pueblo  de Dios. Tal misión  que  no  puede  ser  instrumentalizada por  opciones  políticas. Su  ordenación  y  funciones  tienen significado  y  autoridad  en  la  comunidad  mismo y  respecto a  losa  creyentes; ante  la  sociedad y el  orden  civil son ciudadanos, sometidos  a  las  mismas  leyes sin otra  autoridad  y  relevancia que  la  de  sus méritos  personales. No tiene  sentido  que  los  sacerdotes  sean  dirigentes  de  barrio, ni animadores  de  grupos  políticos, ni que  los obispos  orienten las actuaciones políticas  de sus ciudadanos. Puede  ser  que el  peso  de  nuestras  tradiciones  haga esto  todavía  inevitable; hay  que  darse  cuenta  de que es  confusa, indiferenciada, arcaíca y hasta  precristiana, mientras  los  temas  específicos  que  sustentan y construyen   la Iglesia no son atendidos, porque no se confía en el valor humanizador de la religiosidad, ni  del  verdadero  culto  respecto  a  las  realidades económicas, sociales y políticas.
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​Los cristianos y  todos  los  miembros  de  la  sociedad, tienen derecho a  esperar de los pastores que aclaren los objetivos primordiales de la Iglesia, su forma de  situarse y actuar  en  la  sociedad, las  incompatibilidades  con las estructuras y con  la ética del capitalismo y el  marxismo. Han quedado  atrás  la  indeterminación, la timidez y las connivencias. La  Iglesia  debe afirmarse  y  hacerse  respetar  desde  ella  misma  y  desde posiciones  sólidas  y  claras
 

                                                VIII
 
21) Entramos  en  una  época  creciente  de  libertad  y  pluralismo  crecientes. La  Iglesia  debe  subrayar  sus  diferencias  del  resto  de  la  sociedad. No  ofreciendo a  los  cristianos un  refugio  espiritualista  frente  a los verdaderos  conflictos de la  vida, sino  delimitando  bien su  propio origen, sus  formas  de  vida, sus competencias y sus aportaciones específicas a la redención y liberación de la  humanidad y de  los  hombres concretos. Es preciso reconocer la sociedad  civil y su  plena  autonomía en  sus  propias cuestiones, acostumbrarse a decidir políticamente los problemas políticos de la  comunidad. Y es urgente sentar las  bases  jurídicas y  políticas  para  resolver los  que  puedan  plantearse con  las  instituciones  y  los ordenamientos  civiles  y jurídicos, sin  nuevos rechazos ante  una  Iglesia prepotente en  la  sociedad. Temas  como  el  divorcio y el matrimonio tienen  para  los creyentes  tratamiento de  acuerdo con la fe  cristiana y otro  diferente  en el  ordenamiento  civil.

 

22)  Deseamos  una  Iglesia  que  sea  verdadera  comunidad de  los  creyentes convertidos  al  Evangelio, de los  hombres  que  crean  en Dios  como origen y garantía dela plena  salvación  de  los  hombres  y que  testifiquen  ante  la  sociedad  el  valor  humanice  su  fe. Una  Iglesia  sin pretender  imponerse al  resto de  la  sociedad, ni fortalecerse socialmente con  privilegios, sino  vivir social  y  políticamente  en las  mismas  condiciones  que  los  demás  ciudadanos  y  grupos  sociales. Una  Iglesia  que  honre  el  nombre  de Dios  ante los  hombres y contribuya  a acercar  la  vida  humana al Reino  de Dios  esperado; sin separarse  de  la historia y sin  confundirse con  ella, sin huir del mundo  ni  conformarse  con  él, formando parte  de  la  sociedad y sin dejarse  asimilar  por nada  ni  por nadie. Una  Iglesia  convertida  y sostenida  por  la  esperanza de  un humanidad  justa  y  feliz  que  vive de  Dios.
 

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