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Viernes, 4 mayo 2018

CRISTO ES EL CAMINO DE NUESTRA SALVACIÓN (Por Vicente Langreo)

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Los seres humanos necesitamos conocer el plan de Dios, obra de su amor divino, para poder lograr nosotros nuestra plenitud total, sabiéndonos conducir a la salvación en la existencia terrena. Y para ello tenemos tres claves según en el Documento de la Doctrina de la Fe, publicado (1- 03- 2018)  1- La salvación se inicia desde la fe. Es la gran aspiración de nuestra vocación cristiana. Es Misterio que discípulos de Jesús ya experimentaron y trasmitieron: “los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los muerto resucitan y los pobres son evangelizados”. Esta experiencia se profundizó y extendió con la Pascua. Y desde esta experiencia se profundizó y llegó a la convicción de que en Jesucristo tuvo lugar la salvación de Dios y obteniendo para el hombre, la justificación y perdón de los pecados. Él es el mediador entre Dios y los hombres. Estas afirmaciones teológicas se elaboradas como dogmas, han servido para afirmar el valor de nuestra identidad y viendo en Él, a quien por ser Dios y Hombre, fundamenta  teológicamente la salvación nuestra, que está relacionada con la Escritura  y la Tradición, presentes en la historia del Cristianismo y en la cultura cristiana..

 

            2 – Pero esta salvación tiene dos peligros. En cultura actual hay algunos aspectos referentes a la salvación, motivados por las transformaciones culturales, que inducen a tener presente la cultura contemporánea según el Vaticano II (GS 53-62)   valorando dos aspectos positivos, que se extralimitan y pervierten: la autonomía de la persona humana, unida a la capacidad técnica para obtener grandes logros personales y sociales, incluyendo la posibilidad de una introspección técnica que penetra en el yo persona per sin poder encontrar la salvación integral y trascendente. Y además siendo las personas capaces de lograr tantas cosas terrenales, no es para  que un individuo aislado pueda alcanzar la salvación verdadera, sino que incluye lo referente al cuerpo y a las relaciones sociales por las que se mueve la persona. Es la necesaria y verdadera relación con Dios,  la que conduce a la salvación trascendente. Y cuando la persona se convierte en la medida de todas las cosas, incluida la salvación, es “endiosarse”(Gn 3,5) Sin Dios no podemos salir del pozo del pecado. Necesitamos una fuerza divina. Sin Dios se pervierte nuestra propia grandeza, ser la criatura con la que Él ha querido una alianza de amistad, que conduce a la verdadera  salvación.

 

.           Con la ciencia y la técnica se han realizado muchas cosas que mejoran las condiciones de vida de millones de personas. Además el conocimiento propio de si, es un instrumento de madurez y serenidad para afrontar la vida y buscar las soluciones satisfactorias. Y a la vez  que con esa  ciencia se van reconociendo sus obras, como de un Dios salvador y omnipotente, hoy la  cultura se adentra  con confianza, y buscando una liberación integral, mediante una reconciliación profunda de nosotros mismos no reducidos a espíritu incorporado, sino a su indigencia  de eternidad.

 

            3 La salvación está relacionada con el Misterio de la Encarnación.   En él se hace justicia al ser humano, y se le ofrece una salvación integral, que lo conduce a la comunión con Dios. En la carne de Cristo se hace justicia  al ser humano, al hacerse uno de nosotros y pagar nuestra deuda con Dios y hacer efectiva nuestra filiación en la vida terrena; por ello nuestra vocación es vivir ese destino. Su sacrificio abarca toda la integridad de lo que somos, cada uno y todo el género humano. Nuestro ser carnal y espiritual es como una aspiración a la divinización, y a ser como Dios, al asumir Él lo nuestro, nos renueva y conduce a la verdad, y a la plenitud de comunión con Dios Uno y Trino. Por Cristo los fieles llegamos  a la  eternidad  gloriosa.  (Ecclesi28- IV- 2018)                                       

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