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Jueves, 10 mayo 2018

EL FIN DE UNA PESADILLA (Por Francisco Page)

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Sigues matando como un depredador anciano y hambriento, pero poco porque el miedo te atenaza. Cuando te detienen, cantas lo que haga falta y siempre denuncias ante los jueces que te han torturado…

 

 

[Img #276992]Imagina que tu vida no es más que un montón de mierda: has matado, herido, acobardado a toda una sociedad. Has conseguido que aplaudiesen tus asesinatos, que muchos te marcasen las víctimas como a corderos. Has conseguido vivir como un rey a costa de la extorsión y el secuestro. Imagina que entre atentado y atentado te ha dado por pensar en el porqué de tus actos, en la razón última que te ha convertido en la misma muerte. Te has formado en el seno de las ideologías más reaccionarias, el carlismo, cuyas banderas aún hoy adornan los balcones de aquellas tierras y de las circundantes.

 

Imagina que tu base ideológica se refunda con un tal Sabino Arana, un precursor de los movimientos fascistas que destrozarán Europa. Imagina que has leído, si es que sabes leer, una suerte de batiburrillo que mezcla curas, nacionalistas, carlistas, stalinistas y otras mierdas que crean una suerte de mito en donde se ensalza el RH negativo, los orígenes caucásicos de la lengua vasca (tócate los cojones) y otras mierdas. Imagina que no tienes alma, que la perdiste en ese proceso de legitimación.

 

Ya tienes un sustrato cultural e ideológico para justificar tu superioridad moral; para matar. Eres el amo, tienes derecho a imponer tu criterio. Junto a otros eres invencible; Francia te apoya por si acaso, Cuba te quiere. Pero eso no durará siempre. Cuando a finales de los ochenta te conviertas en objetivo, o sea, que te buscan los del GAL para matarte y los gabachos te vigilan porque el terror ha traspasado la frontera, tu valor merma, tus convicciones siguen, pero la ideología política nunca fue lo más importante; toca esconderse, vivir. Sigues matando como un depredador anciano y hambriento, pero poco porque el miedo te atenaza. Cuando te detienen cantas lo que haga falta y siempre denuncias ante los jueces que te han torturado; no tienes vocación de mártir, solo delante de las cámaras de televisión donde te muestras arrogante.

 

La inteligencia del Estado te va minando, no te puedes fiar ni de tu camarada de comando porque lo mismo es un guardia civil. Te quedan dos telediarios y lo sabes. Has tirado no solo la vida de los otros quienes para tu repugnante ideología son prescindibles, también la tuya. Ni oficio ni beneficio. Tu currículum, muerte y miseria. Tienes que salir de aquí como puedas y como cualquier abominación de la sociedad te justificas con un comunicado en el que dices que te disuelves por el bien común, hijo de puta; apuntándote el progreso democrático del País Vasco, te apropias de una Historia que no te pertenece.

 

Siempre estarás convencido de haber sido un héroe como aquellos nazis que vivían entre nosotros tras huir de Alemania. Has gastado la vida por tu patria, asesino, y estás satisfecho, o eso dices. Pero lo que no sabes es que acabarás en la cárcel pronto, cuando los servicios de información quieran pues saben dónde estás. Imbécil, sal corriendo.

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