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Jueves, 17 mayo 2018
Literatura

Confesión de Eduardo Martínez Rico

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Toledo | Ana Godoy Cossío 0 Comentarios

Eduardo Martínez Rico es un joven pero prometedor y prolífico escritor que este mismo sábado estará presente en la Feria del Libro de Toledo para firmar ejemplares y acercarse a sus lectores. Colaborador habitual de eldiadigital.es hemos querido acercarnos para conocer un poco más de su obra 'Confesión' y los secretos que en ella se esconden.

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La tarde que quedé con Eduardo Martínez para hablar sobre su último libro Confesión (Editorial Dalya, 2018), el mítico Café Comercial de la plaza Bilbao de Madrid, desbordaba de clientes en todas las mesas y en la barra principal. El camarero nos llevó hasta una mesa del fondo, cercana a unas lámparas de pie, cuya luz le dio un toque más cercano a la entrevista.  Al final, las preguntas y respuestas fluyeron, porque Eduardo se quitó todas las vestiduras de escritor para desvelarnos aspectos relevantes de sí mismo y de su novela.

 

Él, como muchos otros escritores, es la forja de varios maestros que afianzaron su narrativa fluida, como las rías frescas que, por partes nos muestran sus piedras íntimas. Hace algunos años atrás, nuestros caminos se cruzaron en un Congreso de Literatura, gracias a la admiración por los mismos maestros que nos reúnen: Ignacio Díez Fernández, nuestro Director de la Tesis Doctoral, en distintos tiempos, y Francisco Umbral, autor al que ambos investigamos, por cauces diferentes, con la misma pasión y vocación por la literatura. 

 

 

1. ¿Por qué el título de tu novela?, ¿cuál es el nuevo sentido o dimensión que le quieres dar a la palabra confesión, además de lo ya evidente?, porque parece que últimamente el término se ha puesto de moda, ¿es una llamada de atención de los lectores?

 

-Cuando escribí la novela me di cuenta de que todo giraba en torno a la confesión del joven sacerdote, Santiago Leira, a su amigo, y que el libro tiene un fondo religioso que lo impregna todo. Pensé que era un título sintético y potente. Aparte de que la novela tiene un elemento metaliterario muy importante, un elemento que no voy a desvelar ni explicar aquí porque debe ser el propio lector el que lo descubra y disfrute.

 

 

2. ¿Cómo nace tu novela Confesión, cuál es la génesis de la historia?

 

-Esta novela es muy antigua en mi obra. La he rescatado ahora; la tenía casi olvidada. La escribí entre 2001 y 2002 mientras realizaba mi tesis doctoral. Recuerdo que por aquellas fechas yo había terminado mi primer libro, un libro de conversaciones con Francisco Umbral, y que por entonces acababa de conocer a Alberto Vázquez-Figueroa.

Yo ya había escrito una novela, una novela mucho más breve mis Cartas de un joven escritor a Don Quijote de la Mancha (Imágica, 2016), y escribía fundamentalmente cuentos y trabajos periodísticos. Vázquez-Figueroa me dijo que el cuento era un género de escritor consagrado y que escribiera novelas. Y así lo hice: ésta fue la primera.

 

 

3. Hay dos novelas que me han remitido a la tuya: La Confesión del estadounidense John Grisham, cuyo asesino también es condenado a muerte y La última confesión de Morris West, en la que el protagonista es un monje dominico y filósofo racionalista que es condenado a la hoguera por la Inquisición, en la antigua Roma. ¿Las conocías? ¿Desde el título quizás han influido en tu novela? 

 

-No, no las conocía. Supongo que el esquema de mi libro se ha repetido en muchas otras novelas. El esquema elemental, digamos. Pero lo que importa es cómo se desarrolla, cómo se encarna en unos personajes, en una historia, incluso en un espacio. Mi novela lleva el subtítulo de “Una novela gallega” porque, después de corregirla, me di cuenta de la importancia que tenía Galicia en ella. Este escenario es fundamental. Los lugares gallegos, que se corresponden con lugares muy vividos por mí, inundan toda la novela.

 

 

4. El contexto de la novela se desarrolla, precisamente, en un pueblo cuyo nombre nos recuerda el final de la tierra, ¿por qué las Rías Altas?, ¿tiene algo que ver con tu propia vida?

 

-Yo veraneo en las Rías Altas, concretamente en la Ría de Ares. Mi padre es de un pueblo precioso de esta ría llamado Puentedeume. Desde que nací, y salvo el primer año de mi vida, que se hundió un petrolero en la ría y fuimos a veranear a Sanjenjo, he pasado todos los veranos en Puentedeume y en Cabañas, muy cercano a Puentedeume. Toda la zona de la ría de Ferrol, ría de Ares y algo de La Coruña, es clave en mi novela. Para mí son lugares entrañables, esenciales en mi vida y en mi formación sentimental.

 

 

[Img #278521]5. Seguramente como toda ficción, parte de un componente real. ¿Cuáles son los elementos reales que resaltas y qué efectos te producen como autor y qué reacciones provocan en tus lectores?

 

-El sustrato de la novela, digamos, es real: el escenario parte de esa zona real de Galicia y de España; los personajes y su mundo surgen de lo que yo he vivido, de mí mismo, de mi experiencia de la gente que me ha rodeado siempre. Me interesa mucho la religión y los religiosos. Siempre me han gustado el mar, los barcos, los marinos. En algunos momentos de mi vida me habría gustado ser sacerdote, como el padre Leira, o marino, como Fernando González Rivas. Aunque estoy encantado de ser escritor, debo añadir, que es mi vocación más antigua. De todos modos todo es complementario y coincidente, como me ha demostrado este libro y la escritura en general.

 

 

6. En tu novela, el tema del amor y de la amistad se desarrolla con tanta transparencia y naturalidad que, en estos tiempos violentos que atravesamos parecen salirse del contexto. ¿Quizás buscas sacudir al lector y llamarlo a la reflexión o cuál es tu propósito?

 

-No tengo ningún objetivo inmediato. Yo quería escribir una novela y para ello eché mano a los materiales que me eran más naturales o personales. De este modo la novela se fue construyendo. El amor y la amistad tienen una importancia extraordinaria para mí; de ahí que también lo tengan para los personajes y para la trama de mi novela. Efectivamente, creo que Confesión es una novela sobre el amor y la amistad en unos personajes que viven un gran conflicto en sus vidas.

 

 

 

7. La religión está muy presente, ¿te documentaste mucho con textos bíblicos o ya conocías los preceptos religiosos que predica el padre Leira?, ¿participas  de su postura cuando habla de la amistad, la salvación, el perdón y otros aspectos?

 

-Sí que me preparé para escribir el libro, pero ya tenía mucho avanzado porque me interesa mucho la Biblia, por ejemplo, y ya antes la había leído bastante. Sí que participo mucho del talante y del pensamiento del padre Leira, aunque él sea un personaje de ficción, y supongo que mucho más ideal que yo, que soy un pobre hombre de carne y hueso, aunque con grandes intenciones y ganas de progresar, siempre, como ser humano y como escritor.

 

 

8. ¿Cuánto de la fe, cristiandad y sosiego de Santiago posees como autor o cuánto de reflexión, descreimiento e inquietud tienes de Fernando? ¿Te identificas con los protagonistas?

 

-Me identifico con los dos, mucho, pero no totalmente, por supuesto. Con la fe de Santiago me identifico mucho; yo tengo una gran fe, la tengo desde muy niño, desde que tengo memoria. Dios y Jesús son una compañía constante para mí, desde siempre, así como muchos santos. Pero mi fe se enriquece y matiza con los años, se hace menos ciega, digamos, aunque no menos fuerte y potente. Sería una fe, creo yo, más madura, más adulta.

También me identifico, sí, con la reflexión de Fernando. Yo soy muy reflexivo, me gusta mucho pensar y reflexionar, así como leer y estudiar. Fernando es así en el libro. Pero yo no soy un descreído, como mencionas, aunque es muy posible que tenga esa inquietud vital de Fernando. Sí, yo creo que la tengo.

 

 

9. Cómo logras que los diálogos fluyan de forma natural en tu novela y nos inviten a seguir el hilo y participar en ella, con más realismo. ¿Qué estrategias aplicas para no perder la conexión de la trama?

 

-Creo recordar que, desde niño, escribí con mucha fluidez, salvo cuando quería escribir un cuento y no se me ocurría ningún tema. Los temas para los cuentos o me salían solos o no me salían. Al final acababan saliendo… La escritura es mucho mejor no forzarla. Pero al margen de esto siempre me he recordado escribiendo con mucha fluidez, muy rápido y disfrutando mucho. 

-Los diálogos me salían como dices gracias a esa fluidez llamémosla innata y a lo que me pudo aportar mi experiencia como entrevistador, mi libro de entrevistas con Umbral, Umbral: vida, obra y pecados. Cuando estás acostumbrado a hacer entrevistas y a transcribirlas, pienso yo, los diálogos literarios te salen con mucha facilidad y muy fluidos.

 

 

10. Leyendo tu novela no hemos podido evitar encontrar huellas de Alejandro Dumas, de Honoré de Balzac, de Dostoievski, de La confesión de Claude de Emile Zolá, ¿qué otros autores influyeron en tu narrativa y de qué modo cada uno ha dejado su “baba de caracol”, en tus lecturas y, por supuesto en tu escritura?

 

-Son muchísimos, tantos que sería imposible citarlos, porque lo cierto es que siempre he leído muchísimo. Siempre he creído que para ser escritor había que leer muchísimo, y eso fue lo que hice. Sigo leyendo, disfrutando mucho con los libros.

De los autores que citas he leído sobre todo a Dumas y a Dostoievski. Me apasionaron El conde de Monte-Cristo, Los tres mosqueteros y, del ruso, Crimen y castigo, que algo tiene que ver, por el tema, con mi novela, aunque yo no busqué esa relación en mi libro. Si la hay no sería consciente.

En cuanto a otros autores, supongo que Umbral me habrá influido, habiéndolo leído y estudiado tanto, y por supuesto Alberto Vázquez-Figueroa, al que yo considero mi primer maestro (aunque seamos escritores tan distintos), o Mario Vargas Llosa, que me ha enseñado tanto desde sus novelas y desde sus ensayos.

Pero son muchísimos los escritores que me han enseñado algo o que me han influido. Sin embargo, pienso que a medida que voy cumpliendo años escribiendo cada vez veo más lo personal que hay en lo que escribo, al igual que cada vez otorgo más importancia al lector por encima de los libros que lee. Es decir, cada lector hace una lectura diferente y marca la diferencia. Del mismo modo el escritor da coherencia a todo lo que aprende y se documenta, a toda su formación, con lo que escribe, aportando un fruto único y personal que es él mismo y sus obras.

 

Muchas gracias, Eduardo, por tu tiempo y porque hemos aprendido mucho de tu humildad y grandeza a la vez. 

 

 

Ana Godoy Cossío

Doctora en Literatura Hispanoamericana

Universidad Complutense de Madrid

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