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Viernes, 25 mayo 2018

MAÑANITAS DE MAYO (Por Francisco Page)

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Por las mañanas voy en autobús hasta el hospital. Es temprano; sin embargo, una miríada de chicotes zangolotea por el vehículo sin orden ni concierto. Gritan, miran el móvil, juegan a tocarse… Los viejos vamos de pie, haciendo equilibrios, mientras algunos de los nenes(as) se despatarran tan a gusto en los pocos asientos.

 

 

[Img #279919]Las mañanas de mayo empiezan frescas, pero a poco que haya salido el sol te obligan a desperezarte por aquellos andurriales por los que me muevo. El espectáculo del paisaje tan esplendoroso que me rodea me libera de las tensiones antes de entrar en el edificio donde unas veces te curan y otras no.

 

Al salir, cruzo una pasarela debidamente protegida contra suicidas, adornada aún con candados oxidados sobre los que se han desteñido los nombres de los amantes; me acuerdo de la santa madre del Federico Moccia. No me detengo, sigo por el parque de los Moralejos, Sánchez Vera y Carretería. Los viandantes se debaten entre coches y furgonetas que cargan o descargan o simplemente se abocican contra los maceteros a riesgo de precipitarse a las alcantarillas que abren las compañías de internet.

 

Al llegar a casa, cansado por el duro trajín, me encafeto para aguantar despierto y poder así cumplir con mi obligación semanal de redactar esta columna, el único compromiso que aún me queda. Aunque no lo parezca, he oído las noticias que dicen que España es un estercolero lleno de mierdasecas, de basura carcelaria. Se dice que M. Rajoy aún no ha dimitido, que seguirá sin asumir la responsabilidad, su responsabilidad. El sueño, que provoca la desazón unida al aburrimiento, me rodea. Ha sido mala idea escuchar música barroca, un cuarteto del tío Télemann, cansino de narices. Le digo a la Siri que me ponga al Capullo de Jerez, y la tontaca me recrimina la supuesta grosería; esta muchacha no sabe de flamenco; me siento ofendido, la voz del iphone podía ser un poco más respetuosa, como los guachos y guachas del autobús, los de los candados, aquellos que con las furgonetas ocupan calles peatonales sin fuste ni muste o, mismamente, el Rajoy que todavía no se ha ido. 

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