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Lunes, 28 mayo 2018

FÚTBOL (Por Eduardo Martínez Rico)

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Vi el sábado la final de la Champions League, el Real Madrid-Liverpool.


    

[Img #280299]No soy futbolero, no entiendo mucho de fútbol. A mí el fútbol me interesaba cuando era niño, y más para verlo en la tele que para jugarlo: nunca fui bueno, nunca fue “mi” deporte, y me hubiera gustado, porque era y es el deporte nacional, y yo, si hubiera jugado bien al fútbol, hubiera brillado más en los recreos.
    

Tampoco me empeñé en ser bueno, todo sea dicho, y ya me gustaba más pisar la biblioteca que el terreno arenoso de juego.
    

Pero debo decir que disfruté con el partido del sábado, vibré, y, aunque siempre he sido del Atlético de Madrid (me temo que ahora ejerzo poco), me alegré mucho de que ganara el Madrid. Yo iba con el Madrid, pero “iba” de verdad, porque “acompañé” al Madrid durante todo el partido y celebré emocionado sus goles.
    

A menudo me pregunto por la influencia increíble que tiene el fútbol en nuestra sociedad, por cómo todo el mundo en España, y en muchos otras partes del mundo, vive pendiente del fútbol.
    

Yo soy un “bicho raro” porque ando siempre pendiente de mis libros y no quiero despistarme mucho de ellos. Pero estoy cambiando, sutilmente, de opinión. Necesito estar en el mundo real para, por ejemplo, escribir estos artículos, y si yo me emocioné y vibré en el partido del sábado esto me hace entender, comprender, a la gente que vive tan implicada en el fútbol. También en otros deportes, pero sobre todo el fútbol.
    

A mí me gusta hacer deporte, ahora correr y jugar al tenis, pero yo no lo vivo de la misma manera que los españoles, por regla general. Todos, muchos, saben los resultados de la jornada que acaba de realizarse. Están al día de los últimos fichajes, se saben las alineaciones… en realidad se saben hasta los más mínimos detalles de la marcha del fútbol en España. Y no sólo de España.

 

Lo sienten. Lo viven.
    

Y yo empiezo a comprenderlo. El deporte les da un argumento, una historia paralela a otros hechos menos agradables y divertidos de la vida.
    

Además, es una ciencia, un saber. Por qué no.
    

Yo tengo mis libros, mis letras, mi escritura, pero eso no es normal en nuestro mundo. El fútbol, que es deporte, pero también espectáculo y que crea un gran ambiente, es un medio cálido en el que zambullirse y moverse cuando en la vida están sucediendo toda clase de desgracias, presiones o apremios.
    

Yo ya vibro con la selección española, pero voy a aprender a hacerlo también, y más cotidianamente, con el fútbol de clubes, y con el tenis (nuestro Nadal), o el baloncesto y el balonmano, que me gustan desde antiguo.

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