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Martes, 29 mayo 2018

UNA NOVELA HISTÓRICA (Por Eduardo Martínez Rico)

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Vuelvo de firmar en la Feria del Libro de Madrid. Cada vez que firmo en una Feria del Libro me reafirmo –y perdón por el fácil juego de palabras- en la gran demanda que tiene la novela histórica en España.


    

[Img #280490]Yo he escrito dos hasta ahora, y la gente las compra mucho y las lee con gusto, pero tengo una empezada desde hace tiempo, y cada vez que voy a firmar a una Feria vuelvo con la idea de que debo terminarla urgentemente. Es tanta la demanda de estos libros.
    

Novelas por otra parte apasionantes. Apasionantes de leer y apasionantes de escribir. Requieren mucho trabajo, yo diría que, en general, más que una novela normal, por lo que me parece muy justo el favor del público hacia ellas.
    

Son libros que juntan el gran interés que suscita la Historia con el arte literario, artístico, narrativo, que le pone el escritor. Los lectores buscan libros de personajes o épocas que les gustan especialmente, aunque hay veces que es tan grande la pasión del género, que buscan libros de novela histórica en general.
    

Hoy un lector me ha dicho que ha leído mi novela sobre Fernando el Católico y le gustó mucho. Me ha felicitado y me ha dicho que siga por ese camino. Supongo, y así se lo dije, que si le ha gustado tanto ese libro le gustará Cid Campeador, una novela en la que trabajé mucho, sobre un tema que me apasiona desde niño.
    

Un escritor vocacional tiene la suerte de llevar una fuerza interior que le anima a escribir de forma continuada. No necesita otro estímulo, salvo, tal vez, los normales de la vida, esos estímulos que te dan un tema, por ejemplo, en un momento dado.
    

Pero si encima un lector le felicita por un libro, entonces la satisfacción es total.
    

En una novela histórica viajamos a una época. El autor pone unos personajes conocidos o no, históricos o no, en un escenario que el lector puede hacer suyo con bastante facilidad. El tablero, digamos, es el de la época y el de un territorio, pero luego el escritor, con el conocimiento que ha ganado en los libros y en los viajes –yo me documento mucho-, da forma a una historia original, una historia enmarcada en la Historia. Me acuerdo que mi amigo José Luis Olaizola insiste siempre en la importancia del “marco” en las novelas históricas.
    

Es un tipo de relato, un tipo de libro, que lleva mucho tiempo, al menos en mi caso, y un gran esfuerzo, pero también un gran placer. Merece la pena, más todavía cuando el autor ve cómo los lectores responden y compran y leen su novela con gran interés.
    

Mi experiencia en las dos últimas ferias en las que he firmado, Toledo y Madrid, me anima a esforzarme, una vez más, para terminar la novela histórica que estaba escribiendo. Para avivar la llama de la pasión literaria e histórica que me llevó a empezarla y a desarrollarla.

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