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Domingo, 10 junio 2018

LO ÉTICO Y LO LEGAL (Por Fermín Gassol)

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BLOGS | Fermín Gassol Peco 0 Comentarios

Como no puede ser de otra manera nuestra sociedad tiene perfectamente estructurado para su funcionamiento un sistema de actuaciones en un complejo articulado de leyes. Desde un punto de vista legal todo está perfectamente aquilatado y llegada la hora en que este estado de equilibrio hay que deshacerlo se lleva a cabo en base a pactos más en concordancia con las necesidades.

 

El “diálogo social” ha de someterse de manera obvia a un lenguaje que todos entiendan de antemano porque aquí no valen ocurrencias a posteriori, todo tiene que estar perfectamente definido. Lo legal no hace sino establecer los derechos y los deberes, los espacios de cada ciudadano y colectivo. Digamos que cada situación de legalidad es como una célula situada junto a muchas otras que si bien se limitan llegando incluso a tocarse, en ningún momento entran en conexión una con otra. De esta manera cada célula tiene perfectamente definido su territorio y cometido. Así queda todo muy ordenado pero no comunicado y menos aún entrelazado.

 

 Pero estas “células” se encuentran sumergidas en un recipiente que contiene a todas y que también tiene su propia dimensión, este recipiente es la sociedad, así que ninguna célula puede salirse de este organismo que la integra. Además de esta limitación de espacio, la disposición nunca es estática, sino que cada célula tiene vida y problemas propios, es decir que lo legal abarca a personas con libertades y estos límites que en principio parecen inamovibles, en realidad pueden acabar rompiéndose ocasionando necesariamente una intromisión de unas sobre las otras para lo cual el sistema legal no tiene respuesta entre otras cosas porque no es su cometido.

 

Para ello lo único de que consta lo legal es del poder sancionador pero nunca puede pretender el de convicción. Es aquí donde el ser humano ha de tener un comportamiento completamente distinto al que tienen los perros de una rehala cuando uno de ellos escapa de su atadura y los demás lo atacan a muerte. El hombre tiene un sentido de relación, debe saber que su razón de ser no es la soledad sino la convivencia. Y es aquí también donde aparece la conciencia de sus actos, la ética de su comportamiento, aquello que por encima de sus derechos adquiridos y de las leyes que le amparan, hace que renuncie de manera voluntaria a ese cerco que le protege, en favor de los demás.

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