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Viernes, 15 junio 2018

EL PARQUE (Javier García Alegría)

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OPINIÓN | ELDIAdigital 0 Comentarios

Recibo en mi móvil, mientras salgo de la ciudad en tren, el anuncio de que el Ayuntamiento de Cuenca quiere realizar una obra en el Parque San Julián. Al parecer los motivos son hacerlo “mas accesible, agrandar las aceras y hacer itinerarios para evitar que las personas que lo crucen se manchen de arena”. En definitiva en “modernizar” el parque más céntrico de nuestra ciudad. Supongo que la propuesta responde al muy loable interés de nuestros políticos por mejorarnos la vida.

 

 

Sin embargo en nuestra ciudad tenemos antecedentes de las consecuencias del espíritu modernizador de nuestros representantes, de las nefastas consecuencias de las buenas intenciones. Ejemplos de ello han sido determinadas decisiones acerca del centro la ciudad que se ha desestructurado hasta extremos inconcebibles -¿recuerdan el invento de las tarimas en Carretería?; la ubicación de la estación del AVE al lado del vertedero-¿a quién se le ocurriría esa opción entre tantos kilómetros?- ; o la costosa inversión del Bosque de acero, un dispendio de más de 7 millones de euros en un  edificio que no tiene utilidad conocida, a todas luces inaceptable desde el punto de vista social y democrático.  

 


El “Parque de San Julián”-“el parque”-para los conquenses es un espacio público de ocio que tiene un significado emocional muy profundo y arraigado entre nosotros. En él hemos jugado de niños con la arena-¡que horror, nos manchábamos con ella!, hemos bebido en esas fuentes de cisnes y contribuido a marcar con nuestra huella del pié la oquedad en la piedra, hemos hablado durante horas infinitas con nuestros amigos en los bancos, vimos por primera vez a la que sería nuestra novia o a aquella chica que nos gustaba tanto y que, al final, nos dio calabazas. También fue donde asistimos a nuestras primeras obras de teatro y donde hemos disfrutado muchas veces con la Banda de Música en las noches de verano. Cuando regreso a Cuenca, y paso por el centro, me gusta acercarme al parque para ver sus árboles en las distintas estaciones del año, beber “a morro” del chorro de las fuentes, pisar la tierra húmeda, oler el boj y ver jugar a los niños.  

 


Si los argumentos que pueden ofrecer nuestras autoridades sólo son los mencionados con antelación son muy endebles. El primero de ellos es hacerlo mas accesible. Si no me equivoco el parque tiene 7 puertas y según Google map es un rectángulo de 160 x 100 m -¿qué significa hacerlo más accesible?-. El otro es agrandar las aceras. Nunca he visto ninguna aglomeración ni dificultad de tránsito por sus aceras en una zona en donde, lamentablemente, cada vez circulan menos personas. En definitiva más ladrillo. Respecto a lo de evitar las manchas de arena se puede calcular con exactitud la “enorme” distancia-unas docenas de metros extra-que tendría que recorrer el transeúnte que quiera mantener sus zapatos lustrosos para evitar el peligro de la arena mojada. Retirar la verja implica la falta de cerramiento que tiene un efecto psicológico evidente y es una invitación para que los vándalos campen a sus anchas por la noche y al final se termine dañando un bien común.

 


Si hay algo que hace especial a nuestra ciudad es la permanencia, el cuidado del legado urbanístico y arquitectónico de nuestros antepasados. Somos lo que somos porque hemos sabido cuidar nuestro patrimonio a lo largo de los siglos. Muchas veces he pensado que la conservación del casco antiguo se ha debido a la pobreza de nuestra tierra en los años del desarrollismo en España, a la ausencia de la especulación que arraso a numerosas ciudades de la costa. Pero también hay que atribuirla a distintas personas que defendieron que el conservacionismo cultural era la mejor opción para la parte antigua de la ciudad.  Me imagino la respuesta ciudadana en ciudades como Madrid, Paris, Londres o Berlín si las autoridades hicieran una propuesta similar para cambiar El Retiro, Los Jardines del Luxemburgo, Hyde Park o el Tiergarten.

 


La desestructuración del parque dará un hachazo a la memoria compartida de los conquenses pues al ser desfigurado no lo reconoceremos como aquel lugar de nuestros recuerdos, como parte de nuestras vidas, nos resultará algo ajeno y perderá su significado. La memoria individual y colectiva también forman parte del patrimonio de una ciudad y por ello hay que tener unas razones muy sólidas para dañarla. 

 


Mi tribuna se dirige a todos los conquenses, pero de manera especial a diez de ellos: a los miembros del grupo mayoritario en la corporación municipal. Les ruego que reflexionen ante una decisión que puede tener consecuencias irreversibles, que mediten cuales son las ventajas reales y los inconvenientes de su propuesta, del impacto en la memoria colectiva y de las alternativas de uso de ese presupuesto en otras prioridades municipales, que sin duda las hay. 

 

Modernos: los hospitales…; los parques centenarios: que cambien lo mínimo posible. Por favor conserven y cuiden la herencia que recibieron, es lo mejor que pueden hacer por nosotros.

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