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Viernes, 22 junio 2018

UNA FUERZA TELÚRICA (Por Eduardo Martínez Rico)

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Empezó el verano. Nadie parece estar contento. En Madrid ya hace un calor tremendo, y supongo que en buena parte de España, por no decir toda, también. ¿Qué nos trae el verano?


    

[Img #284493]Nos trae una España que continúa con suavidad –esto habría que matizarlo- la anterior, pero subiendo de grados. 
    

Nadie parece estar contento con nada. Ausculto la situación económica por lo que me dice la gente, fundamentalmente por teléfono, ese aparato que casi nadie utiliza ya –para hablar- pero que es tan útil para escribir columnas. 
    

Creo que la situación económica está mejor, pero no para tirar cohetes, nunca mejor dicho. Ahora la gente no se queja de no tener trabajo; ahora se queja de que les pagan muy mal. Es decir, está volviendo a haber trabajo, pero mal pagado. Creo que hemos mejorado, pero no por ello nos debemos relajar.
    

Ahora estamos contentos con el Mundial, que siempre alegra la vida. Estamos contentos, moderadamente, con España, teniendo en cuenta que está muy lejos de convencer, pero no juega mal, empató un partido difícil con Portugal y ganó con un gol de buena fortuna con Irán. La suerte que le faltó con Portugal la tuvo con Irán.
    

Hay que pensar que la vida es así. No hay que contar con la suerte, porque es muy poco fiel: unas veces te favorece otras te perjudica, aunque a veces te perjudica siempre, quiero decir en el mismo proyecto, en el mismo partido, en el mismo amor.
    

La política anda mal, como siempre, o revuelta, como siempre. Yo la recuerdo siempre así, desde que tengo uso de razón. Cambian las caras, cambian los años, cambian, a veces, los problemas, pero todo para vivir en un ambiente convulso. Un terremoto con el que amanecemos todos los días en las portadas de los periódicos. Quizá no sea cuestión de la política, sino de la vida.
    

Hace calor. Al que escribe le gustaría tener ideas geniales con las que escribir obras maestras –tal vez este artículo lo sea y no lo perciba-, que todo fuera bien, que retornara la prosperidad al país y a nosotros mismos.
    

Pero siempre nos quejaríamos de algo. Nuestros días no están hechos para la perfección. Si no nos duele un pie nos duele un brazo, si no es la boca es un grano que nos acaba de salir. Un amigo mío médico, Javier de Juan Bagudá, dice que si no fuera así no sentiríamos que estamos vivos.
    

Desde luego, ahora, sentimos el calor. Ha empezado el verano, en un año muy lluvioso, con gran fuerza. Que esa fuerza, telúrica y elemental, se confunda con la nuestra para hacer algo que merezca la pena y trascienda. 
    

El verano y nuestras propias vidas.

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