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Martes, 26 junio 2018

PREPARARSE PARA OBRAR EN NOMBRE DE CRISTO (Por Vicente Langreo)

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

 

 

Es el quehacer de los Seminarios Diocesanos a raíz del Concilio de Trento en el s. XVI. No son Monasterios aislados del mundo; pero viven  de modo específico el “ora et labora” benedictino- concretado en la “oración y el estudio” para descubrir la belleza de la fe y la alegría de creer, glorificar a Dios, transmitir  a los hombres el conocimiento de salvación, obrando en nombre “en persona de Cristo” Y para eso es importante conocer las ilusiones, vivir las angustias,  carencias y posibilidades de todos tiempos; y además cierta experiencia de las Ordenes Religiosas Contemplativas, por lo que son y por lo que aportan en la Iglesia. España es y ha sido rica en vidas contemplativas y misioneras, que deben ser conocidos y valoradas, por su ejemplaridad, precisamente en este mundo, donde abundan los criterios humanos: el egoísmo individualista, la eficacia económica, la indiferencia religiosa y el relativismo. Tomar otra dirección desde el evangelio, con la experiencia historia y ejemplaridad de los santos, que son fuentes de sabiduría. Los contemplativos/as, viven como escondidos en el corazón de Dios.

 

Detrás del silencio y la soledad, existe una vida  mejor. En esa morada sagrada, reside una voz frágil, entre hilos de vocación que custodia – en lo más sagrado del alma- el cuerpo místico de Cristo. En Miranda de Ebro hay unos monjes contemplativos seducidos por la voz de Dios, que han renunciado a otros proyectos de vida. Viven en soledad eremítica y en una  constante  comunión con Dios. La soledad es un medio que facilita al máximo la relación con Él. Además de estar delante de Dios, aportan su testimonio de vida y el hecho de que les habla. La soledad de su celda desnuda, es dolorosamente consolador, dice un monje. El sentido de su vocación se descubre desde otra óptica privilegiada, “empeñarse  en vivir para lo que hemos nacido”.

 

En los monasterios se vive  más libremente. Monjes y monjas contemplativos, entregados a la oración, saben que no solo en ella les habla Dios, sino que también en los trabajos hechos por amor, se glorifica a Dios; rezar del oficio divino, los quehaceres comunes y personales, son también una oportunidad de servir a la comunidad.”En  trabajos vividos con amor, habla Dios” Si cuando amo soy libre, lo mejor la vocación es amar, sufrir y callar, y además vivir sin sometimientos que ahogan la voz, la inteligencia o el sentido. El secreto es  vivir entregados a la misericordia de Dios y con la ilusión de ser útiles a los demás, trabajando con amor, escuchando y respondiendo. Existe una soledad habitada de Dios, que hace sentir fuerza y gozo; la soledad experimentada por Jesús en Getsemaní; la primera es fruto del amor y la otra  secuela del pecado.

 

Pero tantas comunidades silenciosas, se están salvando muchas personas. .Todos formamos el Cuerpo Místico de Cristo. Según el Evangelio, de las hermanas de Lázaro. Marta servía a Jesús y sus discípulos, laboriosamente y María escuchaba a Jesús; pero el Maestro indicó que María había escogido la parte mejor. Dios habla en silencio y a través de él, se conoce a Dios. La vida contemplativa es como la puerta que  lleva al amor y la sabiduría, esenciales en las vidas de los contemplativos/as, que experimentan la vaciedad de lo mundano y descubren por la gracia “el misterio  de ser personas elegidas por Dios. La acción pastoral, con la predicación y la docencia necesarias, requieren  la contemplación de Dios, desplegadas como misterio de la Cruz y del Cuerpo Místico de Cristo.“El amor es paciente y benigno, no tiene envidia, no presume, no es engreído ni egoísta, no se irrita, ni alegra con la injusticia y goza con la verdad,. todo lo excusa, todo lo espera y todo lo  soporta. El amor no pasa nunca ( I.Cor 13,4-9) Este es el misterio y el carisma que han vivido y viven los santos, cuando descubren la realidad del Reinado de Cristo en la Iglesia.

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