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Miércoles, 27 junio 2018

QUE LAS HOMILÍAS LLEGUEN AL CORAZÓN (Por Vicente Langreo)

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BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

​El  hombre es un ser de proyectos, necesitado de verdades que den sentido a su vida y descubran una esperanza alegre para trabajar, que buscada en la complejidad de la existencia, debe encontrarla  en la  escucha de la palabra de Dios y del magisterio  de la Iglesia. La ocasión fundamental, históricamente experimentada, está en la celebración de los misterios cristianos que ofrece la Liturgia. Predicar y escuchar la Buena Noticia, es un deber que interesa al predicador y a los fieles. Para los oyentes escuchar, es como un paréntesis en sus preocupaciones; y predicar es ofrecer unas propuestas positivas, relacionadas con la Palabra de Dios, que ayuden a ordenar la vida cristiana, dentro de las actividades. Somos y vivimos en este mundo, en camino hacia el otro. Y anunciar a Cristo es ayudar a vivir amando y haciendo el bien, sin perder la brújula que apunta hacia Dios.

 

Predicar requiere comunicar y vivir con ejemplaridad, unos contenidos espirituales y humanos de forma asequible, que den coherencia y sentido a la vida. Esto implica hablar de corazón a corazón. Eso es la Palabra de Dios, aplicada a la realidad del momento, de forma sencilla y humilde, con el convencimiento y testimonio de vida. Esto requiere planificar lo que se va a decir y la forma  de hacerlo llegar a las personas. La formación es esencial para una correcta homilía con el contendió el  fin que se busca.

 

En la Universidad Pontificia de Salamanca, se puede cursar un posgrado de “Expertos en Comunicación” dirigido a sacerdotes, religiosos  y  seminaristas, para que  las homilías no sean monólogos o lecciones académicas, sino hacerlas de forma clara y concisa, tras el esfuerzo de estudiar y seleccionar el contenido. El regalo es sentir una claridad en el alma que pueda ser como bálsamo que  conforta y anima a ser mejores mutuamente,  por el mensaje que compartimos y con referencia a la realidad del mundo actual. El  director del Master de Pastoral de la Familia en la Universidad  de Comillas, señala que bautizos, bodas, funerales y fiestas patronales, son ocasiones oportunas de evangelización, expresando el sentido de las celebraciones y sus circunstancias. Para la Iglesia nada  humano es ajeno A. las  liturgias acuden muchos “alejados e indiferentes” y presentar la Liturgia dignamente, es ocasión de hacerles saber, que en la Iglesia somos bien acogidos todos. Las celebraciones deben ser dignas, presentadas como plenitud de la Eucaristía. Y la predicación que sea respetuosa, con propuestas positivas y usando un lenguaje normal y común, ofertando aquello que todos anhelamos  y buscamos.
Las homilías deben ser adaptadas y fieles y a los misterios de cada celebración. El Concilio y los papas recomiendan que la renovación no sea improvisada, libresca, repetitiva ni larga. En los Seminarios se ofrece  una preparación bíblica, teológica y pastoral. Los esquemas ofrecidos en libros y revistas pueden ser útiles, pero es necesaria la cercanía personal. Se trata  de un deber personal del sacerdote y como expresión de la caridad pastoral propia de su ministerio. “El predicador no puede asumir este ministerio si no está movido por la compasión del Dios que habla, y por la asamblea  que escucha. La compasión implica un triple compromiso: ser los servidores de la Palabra, con una preparación espiritual y dar a la predicación un tono pastoral. El Espíritu Santo puede hacer prodigios y trasformar al predicador repentinamente; pero lo normal es que éste preste oído a Dios, al pueblo y emplear recursos pedagógicos, tomar en consideración  su nivel cultural, usando gestos, tonos amables y comprensivos. Antes de comenzar a predicar, el corazón del predicador debe estar limpio, templado mediante la oración y el estudio humilde y serio de la Palabra de Dios, que le dará una  profunda sabiduría. Es la Sabiduría del Misterio de  Dios que habla a una comunidad que es invitada a la fe. El predicador anuncia el misterio salvífico de Dios, como ocurre entre Dios y él mismo. Es la  actualización de la  ejemplaridad  de los santos.

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