Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies

Jueves, 28 junio 2018

EL MAYO VIOLENTO FRANCÉS DE 1968 (Por Vicente Langreo)

Marcar como favorita Enviar por email
BLOGS | Vicente Langreo 0 Comentarios

El tiempo cura las heridas y nuestros hechos  pasan a la historia  o al olvido. En España  realmente no existió tal violencia, dado nuestro aislamiento asumido e impuesto por los vencedores tras la II Guerra mundial, Pero aquí si llegaron sus consecuencias. El muro de Berlín, la llamada guerra fría, entre la URSS y el Occidente, con guerras sangrientas como en Corea y Vietnán, que se hicieren impopulares y coincidentes con la reconstrucción y el desarrollo europeo, provocando en la juventud universitaria, un malestar, con ilusión y añoranza del comunismo En el mundo universitario francés, punto neurálgico de Europa, apareció una nueva corriente anti-humanista, exaltando el individualismo nihilista y una falsa liberación, alimentadas de sentimientos e ideologías marxistas y demoledoras, cuando se comenzaba a vivir en abundancia y bienestar.

 

Ya se había superado la disciplina y desconcierto de la guerra. También a España llegaban sus ecos, aunque menos, por su desarrollo iniciado y el aislamiento del régimen político que restringía las libertades; pero a la vez llegaban las ideas renovadoras del Vaticano II  iniciándose un afán de liberación, que debía desplegarse en libertades sin violencia, en la Iglesia y en la sociedad, cuando en España a se iniciaba el desarrollo, superadas la carencia y la sobriedad de la posguerra, seguidas de la industrialización; aumentó el número de estudiantes y del consumo, cambiando las estructuras de nuestra sociedad, y con un éxodo  masivo del mundo rural y  el inicio de la industrialización.

 


Escritores que vivieron aquel tiempo en Francia, Italia y España, recuerdan que fue como una rebelión frente a aquel mundo aburrido, económicamente en expansión que se organizó frente a un bienestar material e insuficiente, donde muchos sufrían las carencias y mientras unos intentaban remediarlas, otros acudían a la violencia.  Hubo comunas de descontentos, nacieron las Brigadas Rojas como terroristas, se inició la  ideología de liberación; pero la justicia no podía ser impuesta por la fuerza y ahogando la libertad. Surgieron movimientos ecologistas, feministas y grupos bien disciplinados, pero ahogados en un vacío; la justicia y el reparto, exigen también responsabilidad y amor. El nazismo, el comunismo, la economía capitalista y el consumismo, llevaban a un vació y a un relativismo que deja al hombre sin la referencia a Dios. El  filósofo Gabriel Albiac, que lo vivió, conoce el libro Mayo del 1968 de Aldo Brandali y señala, que aquello fue una revolución sin desenlace y una exaltación del sinsentido. El autor conoció y escuchó a Luigi Giussani, sobre ¿Qué relación existe entre revolución y religión? dice que sintió alivio al escuchar al mencionado fundador de Comunión y Liberación. El moderno relativismo, no es sostenible; y convertido, y dice que en la fe, encontró el motivo para dedicarse a lo público en la democracia  cristiana; pues su luz es  también iluminadora, para vivir las  realidades  necesarias, temporales y materiales.

 

Los sacerdotes de aquellos años, lamentamos los abandonos del ministerio y el vaciamiento progresivo de los Seminarios; parecía que Dios ya no contaba, suplantado por la secularización y la necesidad de transformar material y científicamente el mundo. Se impuso el clerygman, y se cuestionó la formación tradicional de los sacerdotes en la Iglesia, ya como sin función y en  instituciones que se hundían. Esto ocasionó brotes de contestación en Seminarios, hasta afirmar que debían prepara para vivir de un trabajo profesional y no del ministerio. Los sacerdotes obreros fueron una experiencia que pasó, como también la Teología de la liberación, dado que la violencia, es incompatible con en amor cristiano. El Concilio afirma que el hombre debe ordenar los temporales, con su legítima autonomía y según el querer de Dios. Muchos pensaban que el tiempo de la Iglesia había terminado ya. Pero el vivir las enseñanzas de Cristo, es encontrar la fuerza más eficaz, para trasformar a las personas y a la sociedad, si creen y esperan en  Él.

Acceda para dejar un comentario como usuario registrado
¡Deje su comentario!
Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
eldiadigital.es
eldiadigital.es • POLÍTICA DE PRIVACIDAD Y COOKIESAVISO LEGAL Mapa del sitio
© 2018 • 2010 Todos los derechos reservados. Información de agencias: Europa Press
Powered by FolioePress