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Lunes, 2 julio 2018

Cinismo y Negocio con las Bolsas de Plástico (Rafa Montilla)

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OPINIÓN | ELDIAdigital 0 Comentarios

Desde el 1 de julio queda prohibida la entrega de bolsas de plástico de forma gratuita en los comercios. La medida viene justificada por la intención de la Unión Europea de prohibir completamente dicho material a partir del día 1 de enero de 2021. Mientras tanto, en España, esta medida se está utilizando para aumentar los ingresos económicos de las empresas y de las administraciones nacionales y autonómicas.

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Observando cualquier ciudad es fácil advertir que los residuos generados por el consumo de plástico son un problema que afecta a todos los rincones del planeta y que no hace más que ir en aumento. Según datos de Greenpeace, en la actualidad se generan doce millones de toneladas de basura cada año que termina en los mares y océanos. Además, vaticina que, para el año 2020, la producción de materiales plásticos llegará a los 500 millones de toneladas/año.

 

La directiva UE-2015/720 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 29 de abril de 2015, por la que se modifica la Directiva 94/62/CE en lo que se refiere a la reducción del consumo de bolsas de plástico ligeras, de la Unión Europea afecta en un principio a las bolsas de menos 0,05 milímetros, las más utilizadas para un solo uso en los establecimientos comerciales. Según informaciones del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, de media cada español consume 144 bolsas de plástico anuales, siendo el 90% de ellas de un solo uso.

 

Como medida para reducir el consumo de este tipo de bolsas, el Consejo de Ministros aprobó recientemente el RD 293/2018, de 18 de mayo, sobre reducción del consumo de bolsas de plástico y por el que se crea el Registro de Productores del Ministerio que prohíbe suministrar bolsas de plástico gratuitas a partir de hoy, 1 de julio de 2018. Con la medida se obliga a los establecimientos a cobrar por dichas bolsas, prohibiendo al mismo tiempo su entrega gratuita a los consumidores en todos los puntos de venta de bienes o productos, a excepción de las bolsas de plástico muy ligeras y de las bolsas de plástico con espesor igual o superior a 50 micras con un porcentaje igual o mayor al 70% de plástico reciclado. Como continuación de esta medida restrictiva, desde el próximo día 1 de enero 2020, se prohibirá definitivamente el uso de las bolsas de plástico ligeras que no sean reciclables, así como las fragmentables.

 

Partiendo del hecho innegable de que el consumo de plásticos sea extremadamente elevado en el planeta, las medidas españolas denotan un interés oculto que beneficia a las grandes empresas comerciales y a la propia administración. Por ejemplo, la UE, no establece ninguna medida concreta de reducción y prohibición de las bolsas. Esta se llevará a cabo a discreción de cada país comunitario. Así, la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia (CNMC) ha considerado preferible la creación de un nuevo impuesto especial para gravar únicamente las bolsas de mayor uso. El Real Decreto establece, al mismo tiempo, un régimen sancionador que impondrá multas en función de lo dispuesto en la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y la Ley de residuos y suelos.

 

Por lo tanto, queda meridianamente claro el oportunismo financiero y de negocio redondo. Los grandes centros comerciales llevan cobrando las citadas bolsas desde el año 2015, adelantándose a la propia legislación europea. Del mismo modo, las administraciones llevan recaudando el 22% de IVA, en este mismo periodo. Hecho este que explica la ausencia total de quejas desde las corporaciones empresariales de fabricación y venta de este tipo de bolsas de plástico. Los pedidos no corren peligro.

 

Visto lo anterior, es posible concluir que, en España, una vez más, se ha implantado un impuesto más o menos camuflado la justificación del medio ambiente con subida de precios. Otra incongruencia de la medida se encuentra en el cinismo con que ha sido presentada. El Gobierno no deja clara la motivación de porqué se prohíben dichas bolsas, más allá de ser las más utilizadas. Si aceptamos que el plástico es nocivo ¿por qué no se prohíben todas las bolsas sin distinción? Tampoco se tiene en cuenta que la decisión de utilizarlas es exclusiva de los centros comerciales y no de los consumidores, ¿por qué deben ser estos quienes paguen el nuevo impuesto?, bastaría con obligar a que las bolsas fueran todas reciclables para que la medida fuera eficaz.

 

Aunque se pudiera admitir que la medida sea un signo de progreso, no puedo olvidar las palabras del actor Peter Ustinov sobre que <<el progreso no para, Dios creó el mundo en seis días, ¿y qué tenemos hoy? La semana de cinco días>>. Este pensamiento representa uno de los inconvenientes de contemplar ciertas medidas bajo presión. En ocasiones el progreso significa retroceso a largo plazo. 

 

Y qué pensar de que esta medida se implanta a pocos meses de establecerse la obligación para que los productos vendidos a granel también sean empaquetados en contenedores de plástico no reciclable.  En cuanto a los precios, de media estas bolsas de plástico tienen un precio entre 0,001€ y 0,035€ por bolsa en fábrica. El gobierno recomienda que los establecimientos cobren entre 0,05€ y 0,15€ más impuestos. Como alternativas se encontraría el uso de bolsas de plástico reciclables, o las bolsas de papel, lo que no parece muy coherente en un país como el nuestro dónde la sequía puede golpear en cualquier momento y, sobre todo, donde la costumbre de repoblar los montes con árboles para fabricar papel brilla por su ausencia. 

 


Por último, y admito que puede ser por deformación profesional, pero observo que existe una ausencia absoluta de medidas de concienciación y de educación social que favorezcan un cambio de actitud de la población, dentro de las medidas aprobadas. El actor cómico y exmarine de los EEUU, Rob Riggle, acertó cuanto aseveraba que <<A mayor contaminación, mayor adquisición>>. Con frialdad socrática puede interpretarse que estamos ante una medida similar a las adoptadas contra el cambio climático. “no es tan grave la situación si unos países pueden comprar cuotas de contaminación a terceros países que no llegan al nivel máximo establecido para seguir contaminando”. Y en este caso, no existe urgencia mientras la población pague un sobreprecio hasta que surja otra medida económica similar. 

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