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Lunes, 9 julio 2018
CAVILACIONES EN RUIDERA

La miera del Alto Guadiana, para tratar la sarna del ganado, se exportó hasta las Américas

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Ciudad Real | Salvador Jiménez Ramírez 1 Comentario

En la coexistencia con el colectivo de nuestro mundo, de vez en cuando los recuerdos trepan por la pendiente de nuestra mente y se acentúa un estado de existir y vivir, aflorando los recuerdos y las impresiones, como sumas inciertas alegres y tristes, como viviendo profundamente, el conocimiento emotivo de nuestra existencia.

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En mis años de adolescente, recuerdo muchas aquellas “traslaciones” de padecimiento, por los parajes de la cuenca Altoguadianera. Lleno de pensamientos contradictorios, solía acompañar a mis padres en aquellas singladuras audaces de las faenas del campo. En el vasto sistema de caminos, veredas y sendas, había un sendero que discurría a media ladera del monte que, partiendo del camino que bordea la laguna “La Colgada”, (en la antigüedad Ruta de Berones),  en los aledaños del sitio “Mata de Las Palomas”, casi rozaba los cimientos de una reducida construcción, la que según información  verbal de personas  de avanzada edad del lugar, era una antigua “Mierera”; contemporánea de la renombrada “Miererilla”, próxima al vecindario de Ruidera; de las que había en el territorio de la finca “La Mierera”, “El Cabalgaor” y otras muchas de la zona, donde un matrimonio, él apodado “Hermano Palitroques” y ella la “Hermana Risca”, con dos hijos, obtenían gran cantidad de aceite de enebro o Miera, para combatir las epidemias de sarna de los ganados y también de las personas. La  porteaban con animales de tiro y carga y la mercadeaban con arrieros que trapicheaban con el producto, en Extremadura, Andalucía, Portugal y hasta a “Las Américas la embarcaban; principalmente a Argentina, donde la Dirección General Ganadera  era muy severa con aquella perturbación cutánea, obligando a todo propietario que tuviera su ganado atacado de sarna, a comunicarlo al inspector más cercano. El Reglamento de Julio de 1904-1905, establecía la prohibición del movimiento, acarreo y transporte de ganado ovino y caprino atacado de sarna… La sarna era una afección contagiosa, parasitaria de la piel ocasionada, por el sarcoptes escabieri (varietas ovis) que, primero invadía el lomo del animal, cruz y costados y si no se trataba con prontitud y celeridad, invadía todo el cuerpo, depositando los huevos, la hembra del “Arador”, en los surcos cutáneos. Entonces se combatía con baños sarnífugos de fenol, arsénico, cal, azufre, tabaco y otras substancias, siendo la unción de Miera una de las más efectivas en aquellos tiempos… Nuestro buen amigo Rafael Mora Alcázar, juez de Ossa de Montiel, al solicitarle datos al respecto, y coincidiendo con el paso por Ruidera de ganados trashumantes, nos documentaba: que el día doce de Enero de 1915, fallecía en la población de Ossa de Montiel Juan Ramón Mora Muñoz, progenitor de su abuelo Juan Ramón Mora Camacho (1898-1975). Nos aportaba Rafael Mora, documentalmente de su puño y letra, que narraba su abuelo cómo a un tío suyo: José María Mora Muñoz, fue asesinado en las inmediaciones de la  población de Olivenza (Badajoz), desconociéndose la fecha. José María Mora elaboraba Miera o aceite-alquitrán de enebro (Juniperus oxycedrus), o enebro rojo de la Miera, como se le denominaba en  este territorio del Alto Guadiana y Campo de Montiel, destilando ramas y bayas de enebro. José María, en las proximidades de Ossa de Montiel, destilaba la Miera en hornos construidos de manera artesanal, parecidos a las caleras, enlucidos y chapados con galbos de cerámicas o fragmentos de tiestos y cascotes de teja para impermeabilizarlos al máximo y la pérdida del alquitrán del enebro, al someterlo a cocciones de altas temperaturas, fuera la mínima. Todo apunta a que José María no era muy amigo de intermediarios ni de tratar con los arrieros, por lo que era él, con sus reata de burros y mulos, una vez  envasada la Miera en pellejos- pieles, quien partía hacia tierras extremeñas y portuguesas, para obtener el máximo beneficio del espeso aceite, oleaginoso, negro y brillante en masa, tratando directamente con los ganaderos.
 

 

José María, de mote “El Can”, fue asesinado cuando retornaba de uno de aquellas longas andaduras, una vez vendida la mercancía, junto a un abrevadero cerca de Olivenza… La reata de animales, instintivamente, volvieron a la Venta donde José María se había hospedado noches antes y el ventero al ver solos a los mulos y burros intuyó que José María “había tenido alguna desgracia”. Hechas las consiguientes pesquisas, fue hallado con profundo corte en la zona occipital; probable efectuado por un “hachazo”.
   

 

Durante muchos años, la producción de Miera, tuvo en jaque las colonias o formaciones de enebros (Juniperus comunis y oxycedrus), bastante abundantes en los montes de las Provincias de Ciudad real y Albacete. El enebro es una Cupesácea que contiene esencias etéreas y aceites con pineno, cardineno, carufeno y puripeno entre otros. Las bayas tienen además resina, tanino, azúcares y otras substancias.
 

 

Con jergas antañonas, de aquellos colectivos de personas, con su karma que afectaba mutuamente al colectivo, se solía narrar: que la “Hermana Risca” tenía un barreño con agua de la fuente de las Hazadillas, bayas de enebro y otras plantas para hacer ensalmos. Bargueño que, la jerigonza aseveraba que imitaba el barril de María La Judía (primera alquimista femenina), de donde se piensa que surgió el término “Baño María”.

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1 Comentario
Angel Rafael Mora Alcázar
Fecha: Miércoles, 11 julio 2018 a las 11:03
La extracción de la miera, una actividad y medio de vida en Ossa de Montiel en el siglo XIX, Otro famoso industrial de la época fué Francisco Muñóz Jiménez , conocido como "El tuerto el Mierero". Ninguno de los muchos descendientes que tubo, se dedicó a dicha actividad.

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