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Viernes, 13 julio 2018

INVENTAR PALABRAS (Por Francisco Javier Page Martínez)

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Hay circunstancias que exigen de una palabra para hacerse presente; otras, no, nuestro léxico es tan extenso que bastaría darse una pequeña vuelta por la memoria colectiva para poder recuperarlas.


 

[Img #287897]Salgo poco, el entorno en el que vivo me proporciona casi todo lo que necesito: paz, verdura y un intenso olor a mierda que proviene de un espacio que sospecho no reúne las condiciones óptimas para los cientos de vacas que alberga. Ah, y moscas, un quintal de esas gráciles criaturas que tan rebién se me crían en el gallinero. Estoy, como el «Emilio» del tío Rousseau, más cerca de la naturaleza que de la gente.

 

Por eso, cuando paseo por la Carretería —la calle principal de la ciudad de Cuenca— constato con estupor el crecimiento lineal de los pobres que la habitan; o sea, de los pordioseros y de los otros. Por el «guasap» recibo un vídeo donde Adela Cortina, una mujer muy sabia, explica cómo aportó al léxico del español la palabra «aporofobia» que significa aversión exagerada hacia el pobre. Entre las decenas de mesas que ocupan la calle peatonal, hay una mendiga que lee compulsivamente; cada día que por allí paso la veo sentada en la puerta de Juanjo, que en gloria esté. Otro, extranjero, da los buenos días a los viandantes con una exquisita educación. Ninguno pide nada, ambos muestran su circunstancia a quien la quiera ver y te aseguro que pocos lo hacen.

 

De vuelta a casa, los audios de la concubina del rey emérito. Las teles la llaman «amiga entrañable» o «novia». Ni una cosa ni la otra; fue la querida a la que le puso piso y que despechada ha cantado ante el comisario Villarejo como un vulgar chorizo.

 

Sorprende que quienes deberían dar ejemplo nos escandalicen. Sorprende que quienes detentan el poder lo usen tan descaradamente en su beneficio. Sorprende que quienes se muestran como ejemplo a la ciudadanía escondan una conducta tan reprobable. No hablo de la querida, ni de las inúmeras amantes, tampoco de los bastardos, cada cual hace de su capa un sayo. Sí del presunto latrocinio a los bienes de todos. ¡Qué hartazón! ¿Cómo llamar a la actitud de despreciar a los trincones? Quizás República.

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