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Sábado, 14 julio 2018

CASI ES DE NOCHE (Por Eduardo Martínez Rico)

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Casi es de noche. O no, aún le queda, tal vez una hora, o más. No sabría calcularlo. Ahora los días son muy largos, los días más largos del año, si no me equivoco.

 

 

 

 

Yo quiero escribir y busco un tema. El tema sería el verano, el día del verano, mis pensamientos, el encuentro con el lector que seguramente está viviendo una realidad no muy diferente a la mía.

 


 Las personas nos parecemos mucho, mucho más de lo que nos parece, pero rara vez nos paramos a pensarlo. Todos estamos pendientes de lo que somos, el problema de lo que somos, el problema de lo que nos falta, y de lo que nos falla en la vida.

 


 Nos quejamos tanto, me da la sensación, que no dejamos hablar a la vida. Yo procuro quejarme poco, o nada, porque no quiero meter más ruido al ambiente. Todo el mundo se queja. Aunque soy consciente de que la queja, contra la fama que tiene, sí sirve de algo –es como las manifestaciones, otro tipo de queja-, y que muchas veces si no nos quejamos, y reiteradamente, no conseguimos lo que queremos, y más que eso lo que nos corresponde legítimamente.

 


 Lo bonito de no tener “tema”, como se dice en periodismo, es que uno puede escribir sobre lo que quiere, auscultar su mente, tal vez su alma, y escuchar lo que éstas tienen que decirle.

 


 Al final los artículos más hermosos salen así, porque son poéticos, líricos: el escritor con su yo y entre ellos dos el mundo entero. El lector pertenece por supuesto al mundo entero y puede identificarse perfectamente con el autor.

 


 Llegó el verano. Siempre queremos que llegue el verano, y las vacaciones, pero luego nos quejamos, por ejemplo, de que hace mucho calor.

 


 Lo que me da miedo, y pena, es que el ser humano parece que está condenado a no estar nunca contento. Por ejemplo, pasa una mala racha, o una mala etapa, pero si nos fijamos bien a lo mejor es mala para una cosa, porque para otra es buena. Y así pasa con todas las etapas.

 


 Pero el ser humano tiende a la insatisfacción, a captar lo que le falta y a vivir siempre en precario, en perpetuo equilibrio.

 


 Cuando tiene mucho trabajo se puede quejar de que no tiene tiempo para la familia y para las aficiones. Cuando no tiene trabajo y tiene mucho tiempo está tan intranquilo que no puede disfrutar de eso mismo.

 


 “Hay que estar contento con lo que se tiene”, dicen mucho por ahí. Sí, lo oigo mucho. Pero es verdad: hay que estar contento con lo que tenemos la suerte de tener, y no fijarnos mucho en lo que nos falta.

 


 A todo el mundo le falta algo, incluso a los más afortunados.

 


 La vida es una carrera de fondo –aunque tenga muchos sprints también- y durante el camino se conocen muchos paisajes, mares, ciudades. Sí, yo también creo que la vida es dura, constantemente, pero también enseña, constantemente.

 


 Si la vida no fuera dura sería mucho menos interesante, o al menos daría mucha peor literatura, en mi opinión.
 Miro a mi ventana. El sol ha bajado un poco. Ya queda menos para la noche. Yo no sabía muy bien qué escribir pero esta prosa me ha escrito a mí, no a ella. Y es una sensación muy agradable.

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