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Lunes, 16 julio 2018

LOS LIBROS DEL VERANO (Por Eduardo Martínez Rico)

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Las lecturas veraniegas son inolvidables, al menos para mí: Médico de cuerpos y almas, de Taylor Caldwell, Filomeno a mi pesar, de Torrente Ballester, La España mágica, de Sánchez Dragó…


    

 

El libro siempre es amigo, compañero, y llena inmejorablemente las horas muertas del verano, por la mañana, por la tarde y por la noche.
    

 

Yo siempre leí en verano, y cuando me puse a escribir en serio, siempre escribí un libro en verano. Para mí el verano es una época extraordinariamente fructífera.
    

 

Ahora he vuelto a una novela, y la escribo, retornando a la copiosa documentación que reuní para ello.
También leo libros de artículos de muchos autores, de grandes autores: Campmany, Martín Prieto, González Ruano, Vargas Llosa, Raúl del Pozo, Emilio Lledó.

 

Saramago decía (ya lo escribí aquí) que el blog tenía la virtud de iluminar el camino de su autor. Estos libros también lo hacen. El blog ilumina el camino escribiendo el escritor el propio blog, pero también lo hace la vida que le rodea, las lecturas que uno realiza.

 


Hay escritores que leen mucho y escritores que leen poco. Yo todavía leo mucho, porque me encanta leer y porque siento que me enseña mucho a escribir. No es que no sepa ya, es que puedo hacerlo todavía mejor, y la lectura inspira en general y enseña en lo particular. 

 


Lo cierto es que ahora pienso que la lectura es una fuente de conocimiento,  y que hay otras, otras que no conviene desdeñar, como la observación directa de la vida, la experiencia, etc. Pero también pienso, sigo pensando, que la lectura enseña mucho, muchísimo.

 


Creo que al dejar de leer el escritor cierra una ventana muy importante de sí mismo y de su obra a la vida.
El libro, en verano, por volver al verano, es ese punto de encuentro al que siempre queremos volver mientras realizamos cualquier actividad. Cuando uno lee un libro apasionante siempre queremos volver a él.

 


La clave está en encontrar ese libro, el libro adecuado, como el que encuentra un gran amor, un gran amor de verano.

 


¿Quién puede olvidar uno de esos libros, a veces muy extensos, que leímos sin aliento un verano? A veces en la playa, a veces en la piscina, o en nuestra habitación, después de volver con los amigos, como una cita ineludible, ya digo, un gran encuentro.

 


Yo no puedo olvidarlos. Los guardo en la memoria, y siempre espero, verano tras verano, encontrarme con uno de estos libros, o, por qué no, escribirlo para otros.

 


Eso sería maravilloso. Un sueño. Un sueño de verano.

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