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Domingo, 29 julio 2018

“DAR LO MEJOR DE UNO MISMO” (Por Vicente Langreo)

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Así titula la Iglesia su largo documento, dedicado a los Laicos, la Familia y la Vida del mundo actual, referido especialmente a los deportes, recordando los beneficios y valores que conllevan; pero a la vez advierte de los peligros, como la degradación del cuerpo, la corrupción y compraventa, por intereses económicos, políticos e ideológicos.

 

 

[Img #289083]La ocasión ha sido la celebración de la Copa del Fútbol mundial en Rusia. El Papa Francisco ha enviado su saludo a los jugadores, organizadores y aficionados. El fútbol es como una religión con sus liturgias, rituales y seguidores, contribuyen a fomentar con la disciplina deportiva,  a un intercambio cultura; pero también como a todo lo humano, llega la corrupción. Es  cortesía de la Iglesia, el animar a  humanizar los deportes como un bien de todos, para convivir y promover la paz  La competición deportiva es protagonizada por selecciones preparadas, respetando unas reglas para ganar; no es una lucha a muerte. Es un campo de competiciones donde naciones pequeñas se enfrentan  a las poderosas y se crecen, representando a sus respectivos pueblos soñando con momentos de gloria a escala mundial. El fútbol que comenzó en Inglaterra el 1863 en este siglo se ha extendido, como el deporte más universal, gracias a las comunicaciones que siempre animan a los ganadores y anima la suerte de los perdedores que esperan triunfar. Pero la experiencia enseña  que hay engaños y dinero que corrompen todo

 


Hay una responsabilidad social  del deportista. El deporte es necesario, es bello y camino para encontrar a Dios. Implica una ascesis y un esfuerzo que requiere disciplina. San Pablo comparaba a los cristianos con los corredores en el estadio y animándoles a ganar. Hoy el fútbol es un acontecimiento global,  con las comunicaciones y el Internet. Los deportistas en general,  en especial los futbolistas, atraen a  jóvenes y a niños, que los ven como héroes, ídolos o semidioses, que ganan millones; pero también se meten en negocios, lucrativos, con ostentación y hasta defraudando a la Hacienda, cobrando millones y alardeando de su fortuna.

 

Nuestra sociedad  paga muy generosamente a sus ídolos, el esfuerzo y su ejemplaridad. Pero con las compras y traspasos de jugadores hay un escándalo que casi no se  critica. Así burlan a la justicia. En el 2016 el Barcelona pagó por un jugador 222 millones de euros, la misma cantidad que percibieron las 70 diócesis españolas de los que marca la X para Cáritas Española, solo 136 millones menos de lo que ésta dedicó a sus  programas de ayudas. Las estrellas  mediáticas del deporte, son máquinas de hacer dinero con la publicidad que acompaña a los clubes. El Papa San Juan Pablo II ya advirtió que también debía ser redimido. S. Pío X ya advirtió cuando un evento de gimnasia juvenil en 1904 causó asombro en el Vaticano. Y S. Juan Pablo II predicó el año 2000 a 80.000 jóvenes en el Estadio Olímpico de Roma, como “patio de los gentiles”  como e areópago de  Atenas, donde  predicó San Pablo.

 


Pero el deporte no solo está subordinado a las leyes del mercado, sino también al dopaje y la degradación de “ganar a toda costa”. Se fabrican atletas, con peligros  serios.  Amenaza  la corrupción en los contratos, con apuestas y juegos. En el fútbol de Primera y Segunda división se fuerza y garantiza el éxito, hay apuestas millonarias y juegos,  amañando los resultados, sobornando a perdedores o ganadores, con grandes sumas de dinero. En las organizaciones  de las Copas mundiales de fútbol, no faltan quienes son sobornados a favor, o en contra de otros equipos nacionales. El éxito de las muchas competiciones que se suceden, no debe hacernos olvidar los grandes escándalos que han  protagonizado los dirigentes de la FIFA. En el 2002 se motivó la denuncia internacional del trabajo, los abusos que costaron la vida a unas 2.000 personas, inmigrantes que llegaron para construcción de estadios y hoteles en Qatar  La Iglesia se siente en parte responsable y advierte ante amenazas, engaños, violencias  y riesgos de perder la vida Los deportes no deben  suplantar a Dios.

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